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El maestro no sabía que su alumno estaba listo para asesinarlo en la puerta de la escuela

Por  Robert Vargas
Aquella tarde el profesor del Liceo Domingo Fautisno Sarmiento decidió enviar a la Dirección de ese centro educativo a un chico altamente violento incapaz de entrar en razones.

Como consecuencia, el chico fue enviado a su casa para que regresara con su padre, madre o tutor, con quienes el maestro y el director de la escuela hablarían sobre el comportamiento del estudiante.

Este, sin embargo, no hizo caso a la instrucción que le habían dado.

El fue a su casa y regresó a la escuela con una mochila a cuesta.

Esperó que llegara el momento de salida de estudiantes y maestros.

Cuando el profesor  que le dio la reprimenda avanzaba lentamente en su vehículo hacia la avenida Venezuela, el chico se le colocó delante en forma desafiante, dio varios puñetazos sobre el bonete del automóvil mientras gritaba improperios contra el maestro, que se mantuvo inmóvil frente al volante.

Como el maestro no salió, entonces el chico se le aproximo a la ventanilla, lo insultó y lo desafió a que saliera.

El maestro lo observó.

No dijo nada.

Sabía que era “un pleito perdido”.

Si él salía del vehículo, podría ser agredido físicamente.

Si se defendía y actuaba contra el chico, sería acusado de agredir a un alumno.

Tenía que soportar allí sentado lo que él quisiera hacer.

Los demás muchachos veían lo que sucedía y ninguno hizo nada.

Se trató de una escena dramática.

Cuando el muchacho demostró su “hombría” y su “valentía” se marchó tras humillar al educador delante de todos.

Cuando él estudiante se retiró, una alumna se aproximó al educador y le dijo muy queda:

-“Profe, lo mejor que usted hizo fue no salir del carro. Él tenía una pistola en la mochila”.

Ese caso no trascendió a la prensa ni a las redes.

El maestro sigue allí impartiendo clases en ese centro educativo.

El chico no fue expulsado de la escuela y la Dirección debió admitirlo en el centro.

El muchacho era “el rey”, hasta que un día no regresó más a la escuela.

Otro día, pero en el Liceo Nocturno Ramón Emilio Jiménez, un profesor de Informática estableció las normas y requisitos que todos deberían cumplir para poder aprobar la materia.

Sin embargo, algunos entendían que esas reglas no eran para ellos.

Cuando reprobaron, su reacción fue de venganza: le poncharon los cuatro neumáticos de su todoterreno y le rayaron las puertas con un clavo o algo parecido.

No hubo sanciones para los agresores.

El maestro supo quienes fueron los que cometieron la agresión.

Su impotencia lo llevó a padecer un pre infarto.

Desde entonces, ese maestro ha tenido problemas cardíacos.

Eso no salió en las redes ni fue tratado en la prensa.

Por otro lado, recuerdo que un día, el entonces director del Liceo Nocturno Puerto Rico, en el barrio homónimo, me dijo desesperado que ya no soportaba más y que se iría de la escuela.

La razón era simple: las bandas de narcotraficantes tenían el control de la escuela y contra esos “muchachos” nada se podía hacer.

El Director no abandonó la escuela, pero su salud se deterioró de manera asombrosa y poco después murió.

Otra noche, en el Liceo Nocturno Ramón Emilio Jiménez, un maestro recriminó a un estudiante por su mala conducta.

El chico se fue a su casa, regresó a y se colocó frente a la puerta de salida del liceo junto a varios amigos que llevó con él.

El profesor fue advertido por varios alumnos de que lo estaban esperando fuera para darle una paliza, por lo que el maestro decidió quedarse dentro del plantel, atemorizado.

Cuando el director fue enterado de lo que sucedía, salió con un revólver en las manos y disparó directamente hacia donde estaba el grupo, que escapó.

El Director no estaba dispuesto a permitir que le asesinaran un maestro.

Si una bala hubiera alcanzado a uno de los “muchachos” ¿Qué habría dicho la opinión pública?

Les menciono solo algunos casos conocidos por mi en primera persona durante mis años de docencia.

¿Cuándo empezó a empeorar todo en la escuela?

Exactamente en el mismo instante en que los maestros y maestras fueron despojados de autoridad.

En el mismo momento en que muchos padres comenzaron a ver a los maestros y maestras no como los segundos padres y madres de sus hijos, sino como unos malvados que les tomó con “hacerle daño” a su niño o niña.

En el mismo momento en que las drogas penetraron a las aulas.

En el mismo instante en que papá y mamá comenzaron a llevarse a sus hijos al colmadón a beber cervezas.

En pocas palabras, en el mismo instante que los padres dejaron de ver a los maestros y maestras como sus aliados y solo  se fijan en ellos como si fueran sus enemigos.

En mi caso particular, no admito que ninguno de mis nietos me venga a decir que “al profesor tal le cogió conmigo”.

Yo prefiero escuchar la otra campana y colocarme en los zapatos del maestro o la maestra en cuestión.

Todo maestro quiere tener alumnos preocupados por su clase, que hagan sus tareas para ayudarlos a superarse.

Por lo general, los estudiantes que tienen ese tipo de comportamientos agresivos tienen padres que no revisan cada día las tareas que les asignan, que no se preocupan por saber dónde están sus muchachos en cada momento y que permiten que pasen horas y horas fuera de la casa sin saber dónde estan.

Otros, peor aún, permite que lleguen tarde en la noche.

Yo prefiero aún aquellos tiempos cuanto Rahintel decía “Son las diez de la noche. Padre, ¿Sabes dónde están tus hijos?

Si  hoy hay violencia en las escuelas, quizás no estaría demás que miremos hacia el interior de nuestros hogares para buscar respuesta y no pretender que el maestro y la maestra carguen ellos con esos pequeños diablillos que formamos en nuestros hogares cuando los complacemos con todo tipo de caprichos solo para evitar sus berrinches.

Durante años he visto cómo la escuela se derrumba y ahora veo que la gente reacciona “espantada” por que un alumno le dio un puñetazo a una compañera en una escuela.

Se asombran porque lo vieron en las redes.

Los maestros y maestras sufren escenas como esas con frecuencia, sin poder hacer muchas cosas, como aquel día que un alumno sacó un revólver contra su compañero de clase en una escuela de la avenida Venezuela.

La situación es tan grave que ni siquiera la Policía Escolar ha podido controlar lo que sucede.

El problema es mucho más profundo, y quizás las raíces están en el hogar, donde papá y mamá le compran un teléfono inteligente a su bebé, pero reaccionan a rabiar cuando les dicen que deben buscar algo de dinero para que estos hagan alguna tarea de la escuela.

Más de una vez he escuhado expresiones como esta:

-“¡Cuanto joden y piden esos profesores!”.

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