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Vídeo – Oficiales pretendieron impedir al reportero Franklin Guerrero ingresar al Parque Independencia

El fotógrafo Franklin Guerrero solo quería hacer su trabajo.

Por Robert Vargas
El gobierno desplegó a la policía antes de que miles de obreros y otros trabajadores llegaran al entorno del parque Independencia. Presumían que la situación podría salirse de control.

Por ese motivo colocaron un buen cargamento de granadas de gases lacrimógenas repartido en distintos lugares.

Varios camiones estaban repletos de policías a la vista de todos y, más allá, fueron colocados otros, listos para entrar en acción tan pronto como fuera necesario.

Parece que el Gobierno teme que ocurra algo.

Quizás, como las autoridades escuchan todo lo que se dice por los teléfonos y hasta por WhatsApp, es posible de que se enteraran de algo interesante.

Ahora el espionaje es abierto contra todos, según lo ha admitido el Ministro de Interior y Policía, Carlos Amarante Baret.

Solo eso puede explicar el nerviosismo de los oficiales ayer en el parque Independencia.

O quizás no.

A lo mejor se pusieron nerviosos cuando vieron esta multitud de hombres de apariencia ruda descender por la calle 16 de agosto y bordear el parque Independencia.

Esos llegaron entonando dos himnos que parecían “gritos de guerra”: La Internacional y el Himno de la Revolución de Abril de 1965.

Nervios a granel.

La oficialidad daba órdenes por aquí y por allá.

Trataron de colocar en la primera línea a un grupo de mujeres policías.

Esto no sirvió para nada.

“La muralla son las masas”, dice el viejo estribillo político.

Y la multitud de trabajadores se abalanzó hacia la Puerta del Conde que estaba cerrada con candado para que evitar que toda esa gente ingresara.

A estos trabajadores que cantan La Internacional y el Himno de la Revolución no los quieren allí.

No se trata de los funcionarios y funcionarias perfumadas que van a llevarle flores a Duarte, Sánchez y Mella para asegurarse de que estos estén bien muertos, sino otros hombres y mujeres que miran sonrientes el trabuco de Mella.

De ninguna manera esos trabajadores tenían la intención de ingresar al interior del parque Independencia, puesto que sabían que no cabían todos y son respetuosos de la solemnidad del lugar, no como otros que son desfalcadores del Estado y  simulan ser patriotas.

Por si acaso, Pocholo, un viejo dirigente sindical y político, tomó el micrófono y anunció por los alto parlantes que ingresaría una comisión de unas 15 personas para depositar la ofrenda floral de los trabajadores a los Padres de la Patria.

Aún así, en el fondo se escuchaban La Internacional y el Himno de la Revolución.

Esto parecía que hacía temer “lo peor” a la oficialidad y al piquete de policías, pero elevaba la moral de los manifestantes.

“A luchar a luchar”, decía el Himno de la Revolución.

En otra estrofa se mencionaba “el clarín que llama a la guerra”.

Y entonces, comenzaron a dejar ingresar a los periodistas.

Yo ingresé primero y sin dificultad.

Los demás tuvieron que arreglarselas para entrar a empujones.

Cuando el dinámico reportero gráfico Franklin Guerrero intentó ingresar, un oficial simplemente le dijo que él no podía ingresar, mientras una mujer policía le empujaba la punta de una macana por el costado “como quien no quiere la cosa”. Vaya que saben torturar estas mujeres policía “indefensas”.

Entonces, Guerrero estalló en ira contra el oficial, si lo hacía contra la mujer policía lo imputarían de “agresión de género”.

El fotógrafo solo quería hacer su trabajo.

Tomar las fotos del momento en que los líderes de la manifestación por el Primero de Mayo depositaran su ofrenda floral, nada más.

Sin embargo, estos guardias estaban nerviosos y alguno agresivo.

Fue entonces cuando alguien recordó que “en el 1965 los cascos blancos tuvieron que cruzar el río Ozama nadando” hacia la zona oriental.

Yo estaba junto a reporteros de otros medios que, extrañamente, prefirieron mirar para otro lado y no fijarse en ese “pequeño incidente”, aunque sí se apresuraron a informar que “Juan Hubieres se desmayó”, algo que le puede ocurrir a cualquiera. Salud es salud, y agresión a un periodista es una agresión a la libertad de prensa.

Pero, así son las cosas…

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