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Esto hacía el sacerdote gay con las ofrendas de los fieles de su parroquia

Por Robert Vargas
El sacerdote gay Elvis Taveras Durán, no solo  violó el mandamiento divino que ordena “no matarás”, sino que en silencio se burló de la grey de su parroquia usando decenas de miles de pesos de sus  ofrendas para el pago de cuestiones que nada tenían que ver con su misión de salvar almas para Cristo.

Según consta en  documentos oficiales, los 190 mil pesos que Taveras Durán le entregó a su amante secreto, Fernelis Carrión Saviñón, un chico de 16 años residente en Santo Domingo Norte, formaban parte de las ofrendas de su parroquia.

Durante las misas, los fieles católicos que asistían a ellas se desprendían de una parte de su dinero para ayudar a la iglesia y, de paso, allanar el camino hacia el paraíso prometido.

Sin embargo, Taveras Guzmán, quien gustaba de estar rodeado de chiquillos, según los vecinos, usó casi 200 mil pesos para pagar un supuesto chantaje al jovencito con quien se amancebó durante tres años sin importarle que Dios es omnipresente y omnisapiente, quien todo lo ve y todo lo sabe.

El sacerdote no solo violó sus votos de castidad, sino que tomó por pareja sexual a un menor, varón como él, por demás.

Con todo,  se desprende de la acusación, que ese “hombre de Dios”, habría violado las leyes del “César” (del hombre), y también las de Dios.

Según le habría dicho el sacerdote gay a la Policía poco después de ser detenido, él uso el dinero de las ofrendas para pagar el supuesto chantaje de su consorte con la esperanza de lograr que este borrara de su teléfono móvil las evidencias de las relaciones íntimas entre ellos y que amenazaba con hacer públicas.

De acuerdo con su narración hecha a la Policía, él primero le dio a Carrión Saviñón 180 mil pesos que no eran suyos, sino de la iglesia.

Después habría tomado otros diez mil y se lo entregó a Fernelis quien, al parecer, ya le habría descubierto su “lado débil”, que no era otro que el miedo a quedar expuesto como un hombre nada santo,  que le gusta amancebarse con varones  menores de edad y sin escrúpulos para gastar las ofrendas en asuntos particulares.

El problema brotó cuando el chico quiso otros 180 mil pesos. Iba a lo grande.

Pero, en la última transacción, el sacerdote lo engañó. Fue en la casa curial de su parroquia en Santo Domingo Este.

Acordaron que a cambio de esos últimos 180 mil pesos, Fernelis borraría todas las evidencias de su vida mundana en común.

Fernelis habría borrado las imágenes, pero el cura no cumplió lo acordado y solo pagó cuatro mil pesos, lo que provocó la ira de su amante.

El relato agrega que, en esas circunstancias, como hombres terrenales comunes y corrientes, los dos se implicaron en un pleito cuerpo a cuerpo, pero el sacerdote se armó de un martillo con el que golpeó a su pareja en la cabeza y lo dejó inconsciente.

Entonces aprovechó para cortarle parte del cuello de un solo “tajo” y cortarlo repetidas veces en la espalda.

Luego lo amordazó, lo ató de manos y pies, se fue con su víctima y anterior consorte y lo tiró por allá, en un lugar entre Guerra y Bayaguana.

No hay crimen perfecto

El sacerdote gay creyó que todo le había quedado a la perfección y dio su misa, como de costumbre, volvió a guardar las ofrendas de la jornada, visitó a su mamá y a su hermano.

Se le había olvidado la omnisapiencia y omnipresencia de Dios.

Cuando el cadáver fue descubierto, los investigadores llegaron hasta dónde la madre del muchacho, quien identificó a aquel que era carne de su carne.

Los investigadores  le hicieron preguntas y ella le dijo que su hijo había salido con un taxista, que es su vecino, y este le explicó que llevó a Fernelis hasta el sacerdote.

Ahí comenzó a aclararse todo. 

El hombre “confesó” y llevó a los investigadores a distintos lugares donde había dejado evidencias.

Solo una no han encontrado: el cuchillo o sevillana.

De todas maneras, el hecho de sangre ha consternado al país pues no todos los días un sacerdote gay confiesa que ha asesinado a un menor que fuera su pareja sentimental durante tres años.

La iglesia católica ya lo suspendió en sus funciones y, de paso, ha salido en su auxilio al asignarle una defensa técnica que trata de demostrar que el hombre es inocente.

Este caso representa un duro golpe para la iglesia que, como nunca, está desacreditada porque muchos de sus sacerdotes y obispos en todo el mundo y a todos los niveles parece que tienen una irresistible predilección sexual por jovencitos que les  son confiados por familias que aman a Cristo como su único salvador y quieren tener a uno de los suyos como mensajero del Padre Celestial.

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