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“Adios manito”, José Beato llora sobre el cadáver de su hermano

-“Moreno, ¡Ay! párate…. ¡Ay! Ven abrázame”, imploró  con unos gemidos que taladraban el alma a quienes estaban a su alrededor junto a la tumba que en segundos recibiría el ataud con el cadáver de su hermano más pequeño.

Por Robert Vargas
Boca Chica.– José Beato, quien ha recorrido todo el país llevando solidaridad a sus compañeros y amigos trabajadores de la prensa, ayer se desplomó. Era él quien necesitaba la solidaridad de todos cuando lloraba a raudales sobre el cadáver de su hermano.

No pudo contener ni un segundo más las lágrimas y las dejó brotar mientras su cuerpo se estremecía dominado por la impotencia.

Beato simplemente se dejó caer sobre el ataúd que contenía el cadáver de su hermano Teodoro Guzmán Beato, de 45 años.

Intentó abrazarlo y, por última vez, le miró el rostro a través del cristal.

A su alrededor la multitud observaba y escuchaba con rabia contenida.

Él, acariciando el cristal por el que veía el rostro de su hermano Teodoro, sollozaba.

-“Él debería haberme enterrado a mí, no yo a él”, dijo José refiriéndose a su hermano menor.

José Beato llora ante el cadáver de su hermano
José Beato llora sobre el cadáver de su hermano

Cuando esta escena se desarrollaba y el pueblo se había unido al luto  y el dolor de la  familia Guzmán Beato, allá, en el barrio “La Seiba”, de Andrés, Boca Chica, los parientes de los sospechosos de ser los asesinos de Teodoro montaban sus ajuares en un vehículo y corrían a esconderse de la posible furia de la población.

Se fueron a toda prisa hacia el barrio Capotillo, en la capital, donde pretenden esconderse ellos junto a los sospechosos.

No es para menos, puesto que temen que el pueblo arrase  por el horrendo crimen que cometieron los suyos.

En Andrés son  miles los que tienen en sus teléfonos móviles las fotos de los hombres jóvenes que le metieron dos balas por los costados a Teodoro, un ingeniero de profesión, que el día de la Navidad de este 2016, cuidaba amorosamente a su madre, quien padece de alzhéimer.

Ella no sabe que dos balas disparadas por los delincuentes de “La Ceiba” contra el último de sus frutos, le penetraron a este por los dos costados, le destrozaron varios órganos y, finalmente, provocaron que uno de los pulmones se  le inundara de sangre.

El pueblo de Andrés sí lo sabe.

Y lo sufre en silencio.

Los Guzmán Beato

La familia Guzmán Beato no es cualquiera en este lugar.

La abuela de José, Teodoro y varios  más, fue durante décadas la partera del barrio.

Con sus manos ella trajo al mundo a muchos de los hijos de Andrés y Boca Chica, cuando no existían los modernos hospitales actuales.

Por tanto, son miles los que se sienten hermanos de José y Moreno.

Ahora, hay sed colectiva de venganza contra aquellos tres hombres jóvenes que apenas este mes de diciembre salieron de la cárcel donde cumplían condenas por otros crímenes.

-“Desde que ellos salieron de (la cárcel) La Victoria, Andrés volvió a ser un infierno”, comentó uno de los vecinos que asistía al funeral.

La Policía lo sabe y ya arrestó a uno de los sospechosos que, apenas participó en el crimen, corrió a esconderse en La Romana.

Sus compinches ahora están en escapada.

José Beato, quien es el Secretario General del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, (SNTP), conoce a su comunidad mejor que a las palmas de sus manos y sabe de las posibles reacciones.

Por eso, cuando habló junto al cadáver en el cementerio, pidió a todo pulmón que nadie se tome la justicia en sus manos; que nadie cometa venganza y dejen que sea la policía que capture a los asesinos, para que estos sean procesados judicialmente y, finalmente condenados a prisión.

Beato  y su hermano Teodoro fueron dos de los líderes del lugar que hace más de un lustro se involucraron en una campaña para llevar la paz a la comunidad que los vio nacer y crecer y que ahora los ve morir bajo el plomo homicida y criminal de una juventud dominada por los nuevos “valores” que han aprendido con las enseñanzas desde el poder, que les muestra cómo cometer crímenes y seguir libres.

Origen de los pleitos barriales

La violencia entre los barrios “La Ceiba” y la calle G, de Andrés, comenzó como episodios entre jóvenes que se peleaban “por novias”.

Un muchacho de un barrio no podía enamorar a una muchacha del barrio vecino.

Así, disputándose el amor de esas mulatas, los chicos comenzaron a pelearse entre ellos, primero a puñetazos; luego con palos y piedras, hasta que el asunto subió de nivel y llegaron los cuchillos, los puñales, los machetes …. las drogas y, con estas, las armas de fuego.

Comenzaron, entonces, a matarse entre ellos y cada semana al menos uno o dos jóvenes terminaban dentro de ataúdes rumbo al cementerio.

Fue así que, horrorizado por lo que sucedía, José Beato, su hermano Teodoro y varios líderes locales más, con la autoridad moral que tenían se involucraron en un plan pacificador junto a la Policía y otras autoridades.

Los Guzmán Beato y sus amigos visitaron todas las casas de los líderes de las bandas y lograron detener el río de sangre durante seis años consecutivos.

Ahora, con el tráfico de drogas en ascenso, la criminalidad ha retornado.

Los vecinos aseguran que miembros de la Policía Nacional tendrían responsabilidad en este nuevo auge de la violencia y la criminalidad en Andrés, puesto que se han dedicado a proteger a las pandillas de delincuentes a cambio del pago de “peajes” para darles protección o mirar para otro lado cuando hacen de las suyas.

¿Por qué asesinaron a Teodoro si él no era miembro de una banda?

Teodoro era una persona ampliamente querida y conocida. Ingeniero de profesión, que había sido gerente de varias empresas; jugador entusiasta de béisbol, de softbol, y domino.

No solo eso, sino que era un experto tocando la güira.

Por eso, uno de sus amigos llegó al funeral con una güira en las manos y, mientras lloraba como un niño, la hacía sonar de forma rítmica y acompasada.

Suavemente.

Como si de un himno instrumental se tratara.

Un amigo llora la muerte de Moreno
Un amigo llora la muerte de Moreno

Era su homenaje al amigo que le recriminaba porque “tú no sabes tocar la güira”.

En ese momento, el amigo, un moreno fortachón, quería que Moreno, como todos le dicen a Teodoro, se levantara del ataud para que le quitara la güira de las manos y le diera una nueva lección sobre la forma correcta de hacerlo.

La noche de la Navidad, Moreno no acompañó a sus amigos como regularmente lo hacía cada domingo para compartir entre risas y tragos.

Al contrario,  se quedó en la casa de su madre para cuidarla y mimarla con la esperanza de que ella lo reconociera.

Luego, se sentó frente a la casa.

En la parte trasera de la vivienda, estaba su hijastro Victor, quien había tenido hace poco un pleito con algunos de los miembros de la banda del barrio “La Ceiba”.

Mientras tanto, en otro lugar de Andrés, en la calle Mella, cientos de personas bebían, bailaban y algunos consumían drogas.

Varios de estos, decidieron ir a por Victor.

Se trataba de pandilleros muy jóvenes acabado de salir de la prisión donde cumplieron penas por varios delitos.

Se sentían y se sienten los amos del barrio tras adquirir más destrezas criminales en la cárcel.

Se dispusieron a ir a la casa de los Guzmán Beato a cometer un crimen, sin importar quien fuera la víctima, aunque su objetivo era Victor.

En el camino, invitaron a un amigo a que les acompañara, pero al este enterarse de que era hacia la casa de José Beato hacia donde iban, se negó rotundamente.

Aún así, los chicos salieron resueltos de “La Mella”, con la muerte sonriéndole  en el rostro y, al llegar  al frente de aquella que fuera la vivienda de la matrona que trajo al mundo a medio Andrés, vieron sentado y tranquilo a Teodoro, a quien le arrancaron la vida a balazos y se marcharon  alegres por su “hazaña”.

Moreno murió sin saber porqué lo mataron y su madre, con alzhéimer, no sabe que el último de sus frutos acabó con un pulmón  inundado por la sangre.

Las lágrimas de José Beato

El José Beato que ayer vi en el cementerio de Boca Chica es totalmente distinto al que conozco.

Era un hombre abatido por la impotencia.

Llorando a raudales, clamando por justicia y llamando a la paz, aún en medio de su inmenso dolor.

-“He abonado con sangre mi deseo de que se acabe esta maldita vaina; de que se destruyan familias (porque) cuando se mata a un ciudadano, se está matando a una familia; se está matando la sociedad “, exclamó Beato.

-“¿Por qué él? Si él tenía que enterrarme a mi, porque yo soy mayor que él. Y se murió en mi casa, no fue en la calle, no fue un atraco, no fue un robo; fue cuidando a su mamá”, dijo Beato entre lágrimas.

Entonces, fue cuando reclamó que “nadie, absolutamente nadie se tome la justicia en sus manos” y que sean las autoridades las que actúen.

Siguió con su panegírico y, finalmente, se desplomó sobre el ataud, llorando como si fuera un niño.

-“Moreno, ¡Ay! párate…. ¡Ay! Ven abrázame”, imploró ante el cadáver con unos gemidos que taladraban el alma.

-“Adios manito”, le dijo a su hermano Moreno cuando acariciaba el cristal del ataud.

Beato fue el último en abandonar el cementerio.

No quería que su hermano menor quedara solo en la tumba.

Luto en Andrés

Desde que se supo la noticia del asesinato de Moreno, en Andrés, Bocha Chica, se apagaron todos los equipos de música y la gente caminaba en silencio.

Hasta en la pandilla que acogieron a los criminales recién salidos de prisión que acabaron con la vida de Moreno, han brotado divergencias ante la magnitud de  lo que hicieron.

Ahora, los asesinos huyen como ratas, pero están armados y son peligrosos.

Todo el mundo los conoce en el barrio y se muestran unos a otros las fotos de los asesinos, que se han descargado de sus muros de FaceBook.

Las autoridades tienen en sus manos el reto de evitar que allí se imponga la Ley del Talión. Y deben hacerlo rápidamente, antes de que la ira colectiva se desborde.

Lo malo de todo esto es que en la comunidad existe la convicción de que más de un policía es socio de las bandas criminales locales.

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