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“¡Gloria eterna, para Los Palmeros!”, gritaban los chiquillos + Vídeo

Por Robert Vargas
Cuando apenas amanecía, dos guerrilleros urbanos murieron en una emboscada. Los otros dos resistieron casi hasta la caída del sol y convirtieron aquella cueva en una trinchera del honor desde la que acabaron con las vidas de un buen puñado de soldados y policías. Ocurrió el 12 de enero de 1972, a un lado de la autopista Las Américas, en el kilómetro 14 ½.

Hoy, 46 años después, nadie, absolutamente nadie, (excepto sus parientes, claro esta)  recuerda los nombres de los caídos en  el bando del Gobierno; sin embargo a “los muchachos” les rinden honores y se les menciona con cariño.

Incluso, una escuela sembrada en el mismo lugar donde iniciaron los combates aquel 12 de enero de 1972, se identifica con el nombre con el que se dieron a conocer aquellos revolucionarios: “Los Palmeros”.

Más emocionante aún, la chiquillada de la escuela lleva su cabeza tocada con gorras de color negro y el logo de los Comandos de la Resistencia, una estrella en  la frente, sobre ella el mapa de la República Dominicana y, por delante, una letra R.

Este dato es importante, puesto que “los muchachos” Amaury Germán Aristy, Bienvenido Leal Prandy, Ulises Cerón  y Virgilio Perdomo eran combatientes por la libertad y la democracia contra la dictadura de Joaquín Balaguer (1966-1978).

A ellos, los muchachos de hoy, (2018), en el barrio Aguas Locas, los recuerdan con cariño, no así a las tropas que los enfrentaron en combate brutalmente desigual.

Aquellos niños y niñas, sonrientes, coreaban ayer, 12 de Enero:

-“¡Gloria eterna, para Los Palmeros”.

-“¡Se siente se siente, Amaury está presente!”.

Probablemente, algunos no tengan plena conciencia del significado de lo que decían, sin embargo, al entrar al patio de su escuela, allá en lo alto ven cada día una foto de Amaury Germán Aristy, el líder de los combatientes revolucionarios.

Con el paso del tiempo, “algo” debe decirle a ellos la presencia de esa foto, en ese lugar.

Más aún, a la directora de la escuela, y a los niños y niñas se les percibe satisfechos y orgullosos de que su escuela lleve el nombre de “Los Palmeros”.

Ayer se les vio emocionados al ver que tanta gente, llegadas desde todas partes, fueron a rendir tributo a esos héroes del pueblo, que no de la oligarquía y Estados Unidos, que ordenaron asesinarles.

Los Palmeros
Los Palmeros

Más alegres se mostraron cuando ingresaron al patio de la escuela seguidos de la multitud de visitantes que, tras ellos, caminaron por el lugar que fue escenario de los primeros combates el 12 de enero de 1972.

Sintieron la alegría de estar en un territorio histórico y ejemplo de rebeldía y coraje.

Les encantó ser los anfitriones y por ese motivo nunca se quitaron sus gorras con los símbolos de los “Comandos de la Resistencia”. Lucían altivos, alegres.

Los mayores, aquellos cincuentones y sesentones que recordaban dónde estaban ellos mientras los cuatro “muchachos” abonaban con su sangre la tierra en la lucha por la libertad, al ver a los chiquillos alegres, se decían que “no todo está perdido”.

En esta cueva se libraron combates con los que se escribieron páginas gloriosas en la Historia Dominicana
En esta cueva se libraron combates con los que se escribieron páginas gloriosas en la Historia Dominicana

Tras salir de la escuela que fuera escenario de combates históricos, los estudiantes y sus maestras condujeron a los visitantes hacia aquellas cuevas donde fueron escritas páginas de gloria.

Caminaron por una callejuela llena de agua y fango, totalmente descuidada por la alcaldía local.

Aún así, fueron alegres, como si se tratara de una “avanzada para el combate”, hasta llegar a las cuevas.

Allí, Claudio Caamaño Vélez, un jóven que lleva en sus venas la sangre de los valientes, de los héroes como su padre Claudio Caamaño, y de su tío, Francisco Alberto Caamaño Deñó, improvisó un discurso llenó de patriotismo.

El habló del simbolismo del homenaje que hacían a Los Palmeros y, como si estuviera sobre una barricada, alentaba a todos a seguir adelante para, finalmente, concluir lanzando flores a la cueva donde la sangre de los revolucionarios aún se siente, a pesar de que ya pasaron 46 años.

Así esta la calle que conduce a la histórica cueva
Así esta la calle que conduce a la histórica cueva

 

 

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