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Vídeo – “¡Matenme a mí y dejen a mi papi vivo!”

Por Robert Vargas
Cuando el  hijo del regidor Monserrat Calderón tuvo que decidir entre cuál de los dos debería seguir vivo, él no lo dudó ni un segundo y lanzó un grito desgarrador que reflejaba su impotencia y el amor indescriptible por su padre: “¡ matenme a mí, por favor, y dejen a mi papi vivo!”.

El chico, Willy Calderón Fortuna, de 23 años, ya daba por hecho que su padre sería asesinado por los tres pistoleros que el pasado 14 de diciembre fueron hasta la finca del concejal para atracarlo.

Entre Willy y Monserrat existen fuertes lazos de amor.

No solo eso, sino que también son amigos, que se acompañan a uno u otro lugar.

Y así fue aquel día en que los dos estuvieron apenas a un paso de la muerte, junto con su tío, la esposa de este, y un amigo de la familia.

Se trata de uno de esos dramas ya cotidianos en la República Dominicana, pero el cual ha trascendido por la prominencia del principal protagonista, Monserrat Calderón, quien aún tiene el espanto dibujado en su rostro y ya no quiere confiar en nadie, puesto que sospecha que quien llevó a los delincuentes hacia su finca pudo ser alguien cercano a él que, en algún momento, recibió su ayuda (de Monserrat), de manera desinteresada.

El regidor ha concedido a Ciudad Oriental una entrevista exclusiva en la que narra detalles desconocidos aún de esa terrible jornada en la que parecía que tres delincuentes, con edades entre 25 y 30 años armados de pistolas, acabarían con su vida, la de su hijo, la de su hermano y la de un amigo de la familia.

En su relato explica en detalle lo sucedido desde que llegó a su finca de “El Naranjo”, en el Distrito Municipal de San Luis, hasta que los raptores, que pertenecerían a una poderosa banda criminal, lo liberaron frente al parque de Los Altos de Cancino, próximo al estadio de béisbol del barrio San Antonio, detrás de Megacentro,

En ese entorno hay cámaras de vigilancia por todas partes y los delincuentes resultaron grabados en su escapada.

Lo sucedido en la finca

Cada miércoles, Monserrat visita su finca de El Naranjo para seguir el cuidado de su traba de gallos, que día y noche están bajo la observación de su empleado, que a su vez es su hermano.

Cuando llegó al lugar y abrió el portón, el perro que vive allí hizo algo que nunca había hecho: corrió hacia él y le “saludó” brincando y saltando.

En ese instante, desconocía que su hermano y la esposa de este ya habían sido amarrados en un rincón por los tres delincuentes, que esperaron tranquilamente su llegada.

Esto lo lleva a sospechar de que el o los cómplices de los delincuentes conocían de su rutina.

Tan pronto Monserrat, su hijo Willy y el amigo que le acompañaba ingresaron, y ya fuera del vehículo, fueron sorprendidos por los tres individuos que amenazaban con asesinarlos con las tres pistolas que llevaban, una niquelada y dos negras.

-“¿Quién es Monserrat?”, preguntó uno de los delincuentes.

-“Yo soy Monserrat”, respondió el concejal.

En ese instante, a Willy solo le pasó por la cabeza la idea de que su papá sería ejecutado allí mismo, quizás de la misma forma en que fue asesinado el regidor Catalino Sánchez por un pistolero, el pasado septiembre, en Los Prados de San Luis.

“¡Matenme a mí, por favor, y dejen a mi papi vivo!”, fue el grito desgarrador de Willy en ese instante.

Estaba dispuesto a cambiar su vida por la de su padre.

Pero Monserrat lo recriminó para que se calmara y evitar que los delincuentes se alteraran.

En ese momento, todos menos Monserrat, fueron amarrados.

Al regidor le sacaron 52 mil pesos de uno de los bolsillos, a Willy lo despojaron de otros cinco mil pesos y al amigo, los únicos 100 pesos que tenía.

Los criminales fueron en busca de más y rápidamente buscaron dentro del vehículo del concejal, en el lugar en que este regularmente guardaba dinero: debajo de la alfombra izquierda del asiento delantero.

¿Quién podía saber que él guardaba dinero prácticamente debajo del freno y del acelerador?

Solo alguien cercano, muy próximo.

Como allí no encontraron más dinero, entonces los maleantes pusieron en ejecución la segunda parte del plan: ir hasta la residencia del regidor, en Vista Hermosa, de la que ya tenían algún tipo de información, entre estas, que la puerta de acceso al estacionamiento está dotada de un dispositivo electrónico para abrirlo.

Saliendo de El Naranjo rumbo a Vista Hermosa

Antes de salir de la finca, los delincuentes le dijeron a Monserrat que uno de ellos se quedaría en la finca listo para asesinar al grupo tan pronto recibieran una llamada de alerta de sus cómplices, por lo que el regidor decidió colaborar en todo momento para evitar una matanza.

Monserrat fue sentado en asiento del pasajero de su propio vehículo; uno de los delincuentes se puso al volante y el segundo se sentó detrás suyo, siempre apuntandole con una pistola.

Al pasar por el poblado de San Luis, se cuidaron  de no cruzar frente al cuartel policial local, sino por la calle principal, hasta salir por el entorno del Instituto Técnico Superior Comunitario, y doblar a la derecha en la carretera Mella, hacia el oeste, donde el tráfico es bastante pesado.

Monserrat fue instruido por los raptores de que, si eran detenidos por una patrulla, él debería decirle a los policías que ellos dos formaban parte de su seguridad personal.

Cruzaron frente a dos patrullas que detenían a motoristas y otros vehículos al azar, pero a ellos no los detuvieron.

El grupo se libera en la finca

Mientras ellos avanzaban por la carretera Mella, allá en la finca de El Naranjo, su hijo  y los demás lograron soltarse fácilmente, después de que se percataron de que el tercer delincuente se había marchado y ya no corrían peligro.

Una vez liberado, producen la llamada telefónica que podría estar relacionada con que Monserrat salvara su vida.

La esposa de este fue alertada de lo que sucedía y, en pocos minutos, la prensa estaba informando del rapto.

Todavía, los raptores no sabían que ya el país estaba alertado, pero la policía no se había puesto en movimiento. Fueron los últimos en reaccionar.

Llegan a la residencia en Vista Hermosa

Monserrat, que tampoco sabía lo que sucedía fuera de su entorno, condujo a  los raptores hasta su vivienda, donde buscaron prendas, dinero y una pistola.

¡Caray!

Los delincuentes sabían que él tenía una pistola.

Rumbo al Banco para buscar dinero

Al no entontrar nada de más valor, para ellos, decidieron llevarlo al banco para que extrajera del cajero todo el dinero que tenía depositado.

-“¿Cuánto tiempo tardarás en retirarlo?”, le preguntaron.

-“Depende de cómo esté la fila”, respondió, y continuaron.

Se disparan los nervios de los delincuentes

En algún momento, durante el trayecto, el regidor César Fortuna, que ya ha sido alertado por la esposa de Monserrat de lo que sucedía, llama a su colega, que sigue en poder de los raptores. Estos le permitieron tomar la llamada, con la condición  de que estuviera en altavoz.

“Monserrat, ¿Qué es lo que sucede? Me dicen que te secuestraron”, era Fortuna inquiriendo al amigo.

-“¡No pasa nada, no pasa nasa, te llamo luego!“, respondió Monserrat.

A partir de ese momento el teléfono fue apagado y los delincuentes se pusieron nerviosos.

Los acontecimientos se le salían de control.

Sintieron que ya estaban al descubierto, mientras su tercer cómplice los llamaba y le comunicaba lo que decían los medios de comunicación.

La escapada

En su afán por escapar, pero con miedo de verse atrapados, los delincuentes salen de la carretera Mella, doblando a la derecha por la calle trasera de Megacentro  y se internan en el barrio san Antonio, hasta llegar a los Altos de Cancino.

Resultaba evidente que estaban perdidos. Totalmente desorientados y que desconocían el terreno.

Al llegar al parque de Altos de Cancino, próximo al a residencia del regidor Daneris Santana, los dos delincuentes le amarran las manos, y lo dejan abandonado en ese lugar.

Un vecino, que ve algo sospechoso, busca una escopeta y encañona a los dos delincuentes quienes, a su vez, lo encañonaron a él.

El vecino no disparó porque el primer cartucho que tenía la escopeta era de goma, por tanto, si disparaba, la reacción podría ser mortal para él.

Los dos delincuentes detuvieron a un motorista, lo golpearon en la cabeza con la pistola y emprendieron la escapada a toda velocidad.

La Policía apareció después que Monserrat fue a su casa a buscar una llave adicional para encender su vehículo, puesto que la original los atracadores se la llevaron.

Sensación de inseguridad

Ahora, el regidor está atrapado por la inseguridad. Tienen sospechosos identificados. Incluso, fotos y videos de los delincuentes.

El problema para Monserrat es que ese incidente le ha hecho perder la fe y la confianza en muchas personas de las que él ayuda.

Está convencido de que quien condujo a esos delincuentes hasta él es alguien que él ha ayudado y que le ha visto con dinero.

La policía anda tras su pista.

Según todas las informaciones en poder de las autoridades, los atracadores, de quienes se tienen fotos y vídeos, forman parte de una peligrosa banda criminal con ramificaciones en todo el país.

Las lágrimas finales de Monserrat

Al concluir la entrevista le preguntamos qué sentía él, una persona dedicada a salvar vidas, como médico que és, al vivir esa situación.

Intentó narrar lo que le sucedió el primer día que fue a su servicio como médico cuando, al atender una paciente, sentía que esta se moría por falta de sangre y él donó la suya para salvarla.

Ahora duda de que tanta bondad de su parte valga la pena.

 

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