sábado, 17 de octubre de 2026
Santo Domingo Este: 32°C

9 años después del referendo, se vislumbran cambios en Cataluña

Por Jordi Oriola Folch /Opinion

omo cada año, el 11 de septiembre se celebró la Diada de Catalunya en la efemérides de la heroica resistencia de Barcelona antes de ser conquistada por las tropas castellanas. Los habitantes de la ciudad y 7.000 soldados y milicianos catalanes aguantaron un larguísimo asedio de 14 meses, rodeados por 40.000 soldados franco-castellanos (86.000 en toda Catalunya), porque sabían que, si perdían, lo que vendría sería una mortandad, destrucción y sumisión sin precedentes, como así fue. Al finalizar la dictadura de Franco, el 11 de septiembre de 1976 y de 1977 los catalanes salieron a la calle en multitudinarias manifestaciones, porque creían que, con el fin de la dictadura, se terminaría el trato colonial de España hacia Cataluña. Pero como esto no ha sido así y después de múltiples frustraciones con el poder madrileño, en 2012 se inició un segundo ciclo de protestas, con las manifestaciones más multitudinarias de Europa, que se han repetido cada año. También este 2026 en el que salieron a la calle 150.000 personas en Barcelona, Girona y Tortosa. Un volumen de gente que, si bien es menor al de los años de mayor auge, sigue siendo superior al que ninguna otra causa política puede convocar en cualquier lugar del territorio catalán, español o europeo. Además, al igual que se está viendo en Escocia o Quebec, después de los fracasos iniciales para conseguir la independencia de sus naciones, actualmente están experimentando un repunte con la incorporación de un gran contingente de gente joven. Por tanto, el movimiento político continúa y se fortalece con la juventud, aunque es complicado mantener movimientos políticos a lo largo del tiempo, por el cansancio que provocan y porque, como en el caso catalán, son atacados por campañas de represión policial y judicial.

Y se vislumbran cambios porqué, el 16 de julio de 2026, el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) bendijo la ley de amnistía que los independentistas catalanes habían conseguido hacer aprobar al gobierno español, aunque Pedro Sánchez lo aceptara a regañadientes, con la consecuente indignación de la extrema derecha del PP i Vox y de todos los estamentos de poder de España. En cuanto se aprobó la ley de amnistía el 30 de mayo de 2024, la Justicia española exculpó rápidamente al 97% de los policías que golpearon a votantes del referéndum de 2017, mientras que se opusieron a amnistiar a los independentistas y intentaron retrasar su aplicación con preguntas retóricas al TJUE para ganar tiempo. Dos años después de la aprobación de la ley, todavía sólo han amnistiado al 62% de los encausados catalanes, sobre todo casos menores. Pero con la sentencia inapelable del TJUE se verán obligados a amnistiar a los 164 independentistas pendientes de juicio, incluidos el presidente Carles Puigdemont y los demás miembros del gobierno catalán exiliados en Bélgica. Por el momento, el juez Pablo Llarena ya se ha visto obligado a levantar las órdenes de detención contra los exiliados. Pese a que durante 9 años, el poder judicial español ha trabajado para «torturar judicialmente» el movimiento pro-independencia de Catalunya, finalmente el presidente Puigdemont conseguirá regresar a Catalunya sin haber sido ni juzgado ni encarcelado por España. Un éxito sin precedentes del catalanismo que demuestra, para la historia, que España actuó incorrectamente bajo parámetros antidemocráticos y antieuropeos. Y marca un camino: evitar la Justicia española no imparcial, por acogerse a la justicia europea, más imparcial.

Además, internacionalmente existe un auge de los movimientos independentistas en occidente. En Quebec, el independentista Partido Quebequés ha ganado las elecciones y ha prometido un nuevo referendo antes de cuatro años. Y Escocia también está lidiando por hacer un referéndum antes de cuatro años. Incluso observamos que las naciones que forman Gran Bretaña (Escocia, Gales e Irlanda del Norte) tienen, por primera vez en la historia, gobiernos independentistas y el 14 de septiembre se reunieron en Caerdydd (Gales), el primer ministro escocés y dirigente del SNP, John Swinney; el primer ministro galés y dirigente de Plaid Cymru, Rhun ap Iorwerth; y la vicepresidenta del Sinn Féin y primera ministra norirlandesa, Michelle O’Neill para firmar un pacto entre sus partidos reivindicando el derecho a la autodeterminación y enviando una señal de que el modelo político centrado en Londres se acerca al fin. En el texto se lee: «Nuestras naciones tienen el derecho de determinar su futuro por medios democráticos y de acuerdo con el deseo de la gente».

Por último, un aspecto negativo: En todo el mundo sufrimos el auge de la antipolítica y la extrema derecha y, a pesar del independentismo catalán parecía impermeable a esta tendencia, finalmente también ha aparecido un partido de extrema derecha independentista catalán: Aliança Catalana. Y es sorprendente porque históricamente la extrema derecha siempre ha estado en Madrid, a través del PP y Vox (contra los inmigrantes, las mujeres, las libertades y la diversidad nacional dentro del Estado español) y, en cambio, el catalanismo era claramente antifascista opuesto a lo que Madrid representaba. Cataluña ha sido siempre tierra de paso y, por ejemplo, a partir de 1920 llegaron muchos inmigrantes del Estado español y actualmente llegan de todo el mundo y en un grado muy superior a la mayoría de sociedades europeas (casi el 20% de la población catalana son nuevos inmigrantes). Pero el nacionalismo catalán nunca ha sido excluyente y su apertura ha permitido incorporar las constantes oleadas migratorias. Sobre todo por un hecho singular del nacionalismo catalán: Simplemente por el hecho de aprender la lengua catalana, ya se te considera catalán independientemente del origen.

Sin embargo, en el 2017, el proyecto de liberación catalán para acabar con la sumisión a Madrid no encontró ninguna voluntad de diálogo sino incomprensión, desautorización y un muro infranqueable seguido de represión pura y dura. La frustración de pensar que no existe camino hacia la liberación nacional ha generado rabia. Y la extrema derecha justamente permite que la rabia acumulada pueda señalar a un culpable, aunque sea de manera simplista. En vez de mirar hacia arriba para responsabilizar al poderoso Estado español que nos aplasta, como esto da mucho miedo después de tanta represión, es menos perturbador mirar hacia abajo a los inmigrantes y responsabilizarles de la inseguridad, la falta de trabajo, la degradación de los servicios públicos, la captación de ayudas sociales, la minorización de la lengua catalana… Esto no niega que han llegado muchos inmigrantes en poco tiempo, precisamente porque se crean puestos de trabajo con sueldos bajos que los locales no quieren tomar en el marco de una economía basada en el turismo y las industrias cárnicas. Y si bien es cierto que la inmigración aporta elementos positivos, también representa un reto complicado para conseguir integrar a colectivos bastante diferentes y a la vez para gestionar los posibles sentimientos de miedo o desconfianza que pueda sentir la sociedad receptora. Pero todos estos problemas provienen precisamente del modelo económico e inmigratorio del Estado español y no de las personas que vienen para mejorar su vida.

Aliança Catalana tiene cierta retórica independentista, pero se focaliza en el rechazo hacia los inmigrantes, sobre todo los musulmanes. Y hay que ser conscientes de que el proceso independentista empujó a mucha gente que estaba apartada del debate público a politizarse aceleradamente y a implicarse en un proyecto de país. Pero no todo el mundo ha alcanzado un nivel de madurez con la capacidad de tolerar la frustración y de entender que la liberación nacional no es un proceso fácil, lo que hace que un cierto porcentaje de esta gente, desorientada por la represión española, se hayan dejado llevar a descargar su rabia contra el chivo expiatorio de la inmigración. Será labor del independentismo volver a convencer con una propuesta de modelo de sociedad que explique cómo se gestionarán los desafíos actuales y que permita desarticular esta maniobra extemporánea y ajena a la tradición catalanista. Posiblemente harán falta una o dos legislaturas para demostrar que este camino no aporta nada constructivo y que siembra valores tóxicos que no ayudan a la sociedad catalana ni tampoco el proyecto de mejora sustancial del futuro que busca el independentismo catalán desde hace siglos y, con una fuerza inusitada, desde hace dos décadas aprovechando que el contexto europeo dificulta la resistencia.

Fotografías que se pueden publicar citando al autor y según las condiciones de cada imagen:
– Fotografía 1: Diada Barcelona, 11/09/2026, autora: Montse Giralt
– Fotografía 2: Diada Barcelona, 11/09/2026, autor: partido político Alhora, www.alhora.cat
– Fotografía 3: Diada Barcelona, 11/09/2026, autor: Asamblea Nacional Catalana, www.assemblea.cat