viernes, 19 de junio de 2026
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El partido atrapalotodo

Por Eddy Olivares Ortega
A propósito de la transformación de los partidos políticos, Piero Ignazi sostiene, en Partido y Democracia, que las organizaciones partidarias se han adaptado a sociedades más complejas, menos ideologizadas y con electorados más volátiles, dando lugar a estructuras orientadas a maximizar el apoyo electoral antes que a preservar una identidad doctrinal rígida.

Esta idea tiene su origen en la teoría del partido atrapalotodo o partido escoba, desarrollada por el reconocido jurista y politólogo alemán, Otto Kirchheimer, quien sostenía que los partidos dejan de representar exclusivamente a una clase o sector social para ampliar su base electoral. De esta manera, moderan sus postulados ideológicos y pasan a privilegiar liderazgos capaces de atraer votantes de distintos grupos sociales, pasando entonces la competencia política del terreno de las ideas al de la eficacia electoral.

De su lado, Angelo Panebianco complementa esta visión al afirmar que los partidos evolucionan desde organizaciones sustentadas en una fuerte militancia hacia estructuras profesionalizadas, donde los dirigentes, los estrategas de comunicación y las campañas permanentes adquieren mayor importancia que los activistas tradicionales. En la misma dirección, José Ramón Montero, Richard Gunther y Juan J. Linz, en Partidos políticos: viejos conceptos y nuevos retos, explican que los partidos modernos han flexibilizado sus vínculos con la sociedad y se apoyan cada vez más en simpatizantes ocasionales que en militantes permanentes.

La historia política dominicana ilustra claramente esta evolución. El histórico Partido Revolucionario Dominicano (PRD), bajo el liderazgo del doctor José Francisco Peña Gómez, representó durante muchos años un auténtico partido de masas, cuya fortaleza residía en una amplia estructura territorial, una intensa movilización popular y una identidad vinculada a los sectores sociales más amplios, donde la militancia constituía el principal activo organizativo.

Por el contrario, el profesor Juan Bosch, después de haber fundado el PRD, lo abandonó y formó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), a su imagen y semejanza, como un partido de cuadros, integrado por dirigentes altamente formados política e ideológicamente. La disciplina, la educación política y la selección rigurosa de sus miembros eran elementos esenciales de un modelo organizativo distinto al del partido de masas, hasta que se produjo el relevo del viejo líder y se transformaron también en un partidode masas. Así fue como, de las manos de su rival, Joaquín Balaguer, cambiaron los cuadros morados por votos colorados y conquistaron el poder.

Sin embargo, la competencia electoral y las exigencias del poder transformaron ambos modelos. Tanto el PRD como el PLD ampliaron sus alianzas, flexibilizaron sus posiciones y privilegiaron la captación de nuevos segmentos electorales. Este mismo proceso caracteriza hoy al Partido Revolucionario Moderno (PRM), que ha consolidado una estrategia orientada a integrar diversos sectores sociales, económicos y políticos.

Desde la perspectiva de Kirchheimer e Ignazi, puede afirmarse que los tres principales partidos dominicanos —PRM, PLD y Fuerza del Pueblo— presentan rasgos propios de los partidos atrapalotodo.

Esta evolución refleja el tránsito, hace tiempo, del partido de los militantes al partido de los simpatizantes. La fidelidad partidaria permanente cede espacio a un electorado más independiente y cambiante, mientras las redes sociales, los medios de comunicación y el liderazgo personal adquieren un protagonismo creciente. Los méritos del militante ya no tienen valor, el aporte momentáneo de un simpatizante coyuntural lo sustituyó.