Por Jose Nuñez
ausa impotencia, indignación y una profunda decepción escuchar al señor Iván Ruiz decir que el ciudadano presidente no quiere un “compañerito” en RTVD.
Y más indignante resulta escucharle jactarse de que él no acepta ningún “compañerito” en esa televisión pública.
Con rabia, pero también con profunda decepción, quiero recordarle al presidente Luis Abinader que hoy él es el presidente de todos los “compañeritos” que conformamos el PRM.
De esos mismos “compañeritos” que salimos a buscar los votos en las calles, en los callejones, en los barrios y hasta en los barracones a la orilla del río, para llevarlo a la Presidencia de la República.
Fuimos nosotros quienes tocamos puertas, caminamos bajo el sol, enfrentamos el rechazo, convencimos a los indecisos y pusimos nuestros rostros y nuestras palabras delante de los electores para pedirles que votaran por el PRM y por Luis Abinader.
A nosotros, los “compañeritos”, nadie nos preguntó entonces si teníamos currículum para salir a buscar los votos.
Nadie nos exigió títulos universitarios, postgrados, maestrías ni doctorados para zafaconear votos.
Solo nos exigieron una cosa: capacidad de persuasión.
Y tuvimos que ofertar promesas que muchas veces, después de ganadas las elecciones, terminaron olvidándose.
Pero nosotros cumplimos.
Y cuando llega el momento de recoger los frutos de nuestro trabajo, cuando esos mismos “compañeritos de la base” acudimos en busca de un empleo digno que nos permita sostener a nuestras familias, entonces aparecen los requisitos, los títulos, los postgrados, las maestrías y los doctorados.
Entonces nos dicen que no hay oportunidades.
Entonces aparece aquella frase que ya parece una sentencia: “No hay sombreros para tantas cabezas”.
¿Y saben por qué no hay sombreros?
Porque demasiados de esos sombreros ya tienen dueño.
Están ocupados por familiares, novias, amantes, amigos y allegados de funcionarios de turno; personas que, en muchos casos, ni siquiera conocen las estructuras territoriales del PRM, porque jamás hicieron vida política en el partido, jamás caminaron con la base y jamás estuvieron allí cuando había que buscar los votos.
¡Eso es lo que duele!
Duele que para ganar elecciones sí seamos necesarios, pero para gobernar parezcamos estorbar.
Duele que seamos buenos para convencer al pueblo, pero no suficientemente buenos para merecer una oportunidad.
Duele que seamos llamados “compañeritos” cuando se necesitan nuestros votos y que, una vez alcanzado el poder, algunos nos miren como si fuéramos ciudadanos de segunda categoría.
Por eso quiero recordarle al ciudadano presidente Luis Abinader y a todos los que hoy aspiran a continuar dirigiendo los destinos del país:
No se olviden de los “compañeritos”.
Porque para volver a ganar habrá que volver a contar con ellos.
Con los que estuvieron en las calles.
Con los que pusieron el rostro.
Con los que defendieron al partido.
Con los que convencieron a los electores.
Con los que hicieron posible que los votos aparecieran en las urnas.
Porque los “compañeritos” no somos basura electoral que se utiliza durante una campaña y luego se desecha.
Somos la base. Somos el territorio. Somos quienes ponemos los votos.
Y cuando llegue nuevamente la hora de pedirle al pueblo que vote, no olviden que muchos de esos “compañeritos” estaremos otra vez en las calles.
Pero esta vez también estaremos esperando que se nos reconozca como lo que somos: militantes que merecemos respeto, dignidad y oportunidades.
Quien suscribe estas palabras no habla desde una oficina ni desde un escritorio.
Habla desde la base.
Soy un “compañerito” y estoy orgulloso de serlo.
