En el Ensanche Ozama, la luz se va por días y EDEESTE sigue cobrando como si nada
Por Cinthia Polanco
Señor presidente Luis Abinader Corona. Santo Domingo Este, uno de los municipios que más votos aporta al país, no merece el servicio eléctrico que está recibiendo. Los apagones se han convertido en una preocupación constante para sus residentes, mientras EDEESTE sigue cobrando puntualmente sus facturas.
El Ensanche Ozama era uno de esos sectores donde sus residentes disfrutaban de electricidad las 24 horas del día. Pero desde que comenzaron los famosos mantenimientos eléctricos, las cosas cambiaron. Lo que supuestamente se hacía para mejorar el servicio terminó convirtiéndose en otro problema para la gente.
Y cuando se va la electricidad, también se complica el suministro de agua.
Lo que ocurre en la calle Jesús de Galíndez, esquina Curazao, específicamente en el poste identificado con el número 76PJ-0970, correspondiente al circuito LM3803, es un ejemplo de lo que están padeciendo residentes de distintos sectores de Santo Domingo Este. Desde hace más de tres meses, los vecinos enfrentan averías recurrentes que EDEESTE no ha podido resolver de manera definitiva. Los transformadores parecen no soportar la demanda eléctrica y, cada vez que se restablece el servicio, la falla vuelve a repetirse.
La historia se repite: reparan el servicio un miércoles y el viernes, alrededor de las nueve de la noche, vuelve a producirse la avería. Los vecinos llaman, reportan y comienza otra vez la espera.
Pueden pasar dos o tres días antes de que aparezca una brigada.
Mientras tanto, los alimentos se dañan, los salones de belleza, las peluquerías y otros pequeños negocios tienen que paralizar sus actividades, mientras los colmados pierden mercancías. En los hogares, las familias pasan noches enteras sin poder descansar por el calor y la falta de electricidad.
Quienes tienen una planta pueden encenderla, pero un galón de gasolina ronda los RD$358. No todo el mundo puede darse ese lujo cada vez que falla la electricidad.
Para cobrar, sin embargo, EDEESTE no tiene esos problemas. Las facturas llegan puntualmente y con sus aumentos incluidos. Si el usuario se atrasa, la empresa encuentra rápidamente la manera de suspenderle el servicio.
Para cortar la electricidad sí hay rapidez; para restablecerla, los usuarios tienen que armarse de paciencia.
Hay familias que pasan tres, cuatro y hasta cinco días sin luz. Otras llevan meses padeciendo interrupciones y averías que nadie resuelve de manera definitiva.
A eso se suma el funcionamiento del servicio de atención por WhatsApp. Los usuarios reportan las averías y consultan su estado, pero se encuentran con una situación que parece sacada de otro mundo: el sistema informa que el servicio fue normalizado, aunque por el lugar no haya pasado ninguna brigada.
Entonces, el usuario tiene que volver a reportar la misma avería y comenzar otra vez desde cero.
En el sistema, el problema está resuelto. En las casas de los afectados, continúa el apagón.
La situación ha llegado al extremo de que, en numerosas ocasiones, los propios vecinos han tenido que trepar a los postes y hacer las conexiones por su cuenta, ante la falta de respuesta de EDEESTE.
¿Desde cuándo los ciudadanos tienen que arriesgar sus vidas para hacer un trabajo que corresponde a una empresa distribuidora de electricidad?
También hay algo que merece una explicación. Cuando reportamos las averías de Santo Domingo Este, recibimos llamadas desde Acto Mayor. ¿Por qué una reclamación del Ensanche Ozama se gestiona desde otra localidad? ¿Quién garantiza que esos reportes reciban seguimiento y que las brigadas acudan realmente?
Y hay otra información preocupante. Según nos informaron, EDEESTE no tendría transformadores disponibles para sustituir los que se dañan. Si esto es cierto, ¿con qué equipos piensa la empresa responder a las averías? ¿Cómo pretende garantizar el servicio si no dispone de los recursos necesarios para reparar su propia infraestructura?
Mientras tanto, los usuarios siguen pagando.
Señor presidente Abinader, usted ha expresado su voluntad de hacer las cosas bien. Sin embargo, situaciones como esta afectan directamente a los ciudadanos y terminan poniendo en cuestión la respuesta de las instituciones y empresas que prestan servicios públicos.
No es justo que las familias paguen todos los meses por un servicio que no reciben en condiciones adecuadas. Tampoco es aceptable que una comunidad lleve más de tres meses soportando averías recurrentes sin que aparezca una solución definitiva.
Por eso le pedimos que intervenga y disponga una investigación sobre lo que está ocurriendo en EDEESTE, particularmente con las averías que afectan al Ensanche Ozama.
Que se revisen los transformadores de la calle Jesús de Galíndez, esquina Curazao; que se compruebe si existen equipos disponibles para sustituir los dañados y que las brigadas respondan cuando los ciudadanos reporten una avería.
Señor presidente, los residentes del Ensanche Ozama no están pidiendo electricidad gratis. Están reclamando que se les garantice un servicio por el que pagan religiosamente.
Queremos electricidad, queremos agua y queremos poder dormir tranquilos en nuestras casas.
La paciencia de los residentes del Ensanche Ozama también tiene un límite.
