
Por Robert Vargas
Desde hace varias semanas, los precios de las papas, las cebollas y las zanahorias, entre otros pruductos agrícolas similares, no paran de subir en los mercados y supermercados de Santo Domingo Este. Lo mismo sucede en otros lugares de la República Dominicana.
Este fin de semana intentamos indagar el origen de esas subidas incesantes, que no parece que tengan fin, al menos por el momento.
En busca de respuestas a esa situación, fuimos junto a un grupo de periodistas al corazón mismo del lugar donde unos 400 productores agropecuarios se dedican desde hace cinco décadas a producir la mayor parte de la papa, la cebolla, ajíes, repollos, brócolis, lechugas, apio, ajo, y las zanahorias que consumen los vecinos de Santo Domingo Este y gran parte del país.
Viajamos hasta las montañas de Valle Nuevo, en Constanza, hacia donde subimos en vehículos todo terreno.
A mi lado, en la cajuela del vehículo, estaba sentado Victor Manuel Abréu, un hombre de 58 años que, por las arrugas de la cara parece que tiene casi 70. Un envejecimiento prematuro por dedicar gran parte de su vida a producir, junto a otros como él, lo que comemos en las ciudades tras comprarlos en los mercados, supermercados, colmados, incluso, al vendedor que pregona sus mercancías en triciclos y camionetas en los barrios.
Como él hay otros 400 productores,
¿Qué tiene que ver este hombre con esos altos precios?
La cuestión es que él, junto a los demás prouctores, desde hace décadas treparon a la cordillera central, donde soportan las inclemencias del tiempo, y desde antes de que aparezcan los primeros rayos del sol, se didican a preñar la tierra para hacerla parir los frutos.
Desde hace cuatro meses, el Ministro de Medioambiente, Francisco Dominguez Brito, ordenó la paralización de la producción agropecuaria en Valle Nuevo y les dio de plazo para que recogieran la última cosecha, Después, todos los productores, incluido Abréu serán desalojados, incluso con la fuerza militar.
Como consecuencia, ya a los mercados están llegando menos productos desde esa zona y los precios comenzaron a dispararse.
Victor Manuel Abréu, que dedicó su vida a la tierra, con el peso de los años aplastando su humanidad, está desorientado. No sabe hacer otra cosa que poner la tierra a parir para que los demás puedan comer sin imaginar siquiera lo que sucede allá, montañas arriba.
El problema no es solo que Abréu no sabe de qué va a vivir de ahora en adelante, sino que quienes nos alimentamos de lo que él y otros producen en Valle Nuevo, tendremos que pagar más caro cada papa, cada cebolla y cada zanahoria y demás frutos.
Dominguez Brito dice que todos los productores agropecuarios deben abandonar rápidamente el lugar y está listo para enviar al ejército sobre ellos porque, a su juicio, lesionan a la cordillera central.
Se trata del mismo hombre que prefiere mirar para otro lado ante la depredación que cometen la BarrickGold y Faldondo en esas montañas del cibao.
También mira para otro lado ante la deforestación que provocan grandes ricos dominicanos, algunos de ellos altos dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana.
A todas luces, es más fácil cebarse contra los más pobres que solo saben producir alimentos para que el país tenga con qué alimentarse.
Si hay desabastecimiento, entonces el gobierno lo resolverá fácil: dará permisos de importación a los nuevos ricos peledeístas.
Mientras tanto, habrá aniquilado la producción agropecuaria local, se encarecerán los productos agropecuarios y aumentará la dependencia alimentaria del extranjero. Por tanto será necesario buscar más dólares y … ¡Ay!
Al tiempo que todo esto ocurre, el Gobierno ha logrado la colaboración de cierta prensa que le oculta la otra cara de la moneda del drama y «pinta pajaritos en el aire» al país al que le hace creer que Dominguez Brito tiene buenas intenciones.
Se trata de la misma estrategia usada cuando decían que los culpables de los apagones eran los trabajadores de la Corporación Dominicana de Electricidad agrupados en SITRACODE.
Una vez destruido el sindicato, privatizaron la CDE y resulta que, dos décadas más tarde, los apagones siguen y la electricidad es más cara.
Eso mismo hicieron con las empresas de CORDE.
Los medios de comunicación que se prestaron a esa estrategia prefieren no comentar sobre eso, puesto que ellos ya cobraron, pero las consecuencias, las paga la población.
En Valle Nuevo no solo está en juego la vida de los 400 productores agropecuarios y su familia, sino, además, la autosuficiencia alimentaria del país.
Por tanto, cuando en las ciudades vayamos al mercado, al supermercado, al ventorrillo o al colmado a comprar, quizás debamos pensar en lo que le sucede a estos campesinos montañas arriba y hasta desconfiar un poco de lo que dice al país cierta prensa que parece estar más al servicio de sus bolsillos que de los interesas del país, aunque parezca otra cosa.
Dominguez Brito dice que su política de desalojo está dirigida a contrarrestar a ricos depredadores.
Allá arriba, en esas montañas que parecen chocar con las nubes, solo vimos a campesinos dedicados a producir alimentos, algunos con tres, cuatro o cinco tareas.
Alguien está mintiéndole al país y no parece que sean los campesinos.
