Opiniones

Abel: Auténtico Gladiador y Ejemplo de Compromiso Partidario

Por Juan Cruz Triffolio
El aguerrido y persistente aspirante a la presidencia de la nación dominicana, Abel Martínez, ha sido la comidilla del recién pasado certamen electoral.

El joven candidato oficial del Partido de la Liberación Dominicana, como un gladiador espartano, dando en ocasiones notaciones de soledad, logró alcanzar el pírrico 10 por ciento de los sufragantes en la contienda cívica del pasado 19 de mayo.

Hoy, no están ausentes quienes intentan justificar tal realidad con la falta de asumir un tema de campaña trascendental y aglutinante.

Otros, achacan los reducidos resultados al hecho de Abel Martínez cimentar su discurso electoral en ácidas y reiteradas denuncias contra el modelo de gobernanza de Luis Abinader.

Algunos, no menos acuciosos, se desbordan en asegurar, pura y sencillamente, que el momento político presidencial no era propicio para el exalcalde del Primer Santiago de América coronarse con la gloria.

En fin, todos los palitos han caído, con razón y sin ella, sobre la figura y el nombre del cibaeño Abel Martínez.

La percepción aludida podría tener algo de verdad, pero no, necesariamente, resulta del todo certera y por tanto, convincente, entendiéndose que otros factores de mayor connotación política intervinieron como limitantes en la aludida contienda eleccionaria.

Siendo esa la realidad, sin hiperbolización alguna y aquilatando sin pasiones el rol electoral y partidario jugado por Abel Martínez, no olvidando, naturalmente, su reducida votación, podríamos, en justicia, calificarlo como un incansable y auténtico batallador y triunfador, aún no haber alcanzado el propósito fundamental en la batalla comicial.

Y que conste, este aparente y modesto reconocimiento en nada se corresponde con la tradicional recompensa basamentada en la piedad y el conformismo que, generalmente, es recurrente utilizar ante aquellos que no alcanzan exhibir la corona del éxito añorado.

El otrora y exitoso gerente municipal santiaguense batalló, prácticamente, emulando al Llanero Solitario, sin que, con raras excepciones, se observó la integración y el valioso espaldarazo efectivo de aquellos fogosos miembros del otrora dinámico y combativo Comité Político del partido de la estrella amarilla, fundado por el ilustre maestro de la política y la cuentística, Juan Bosch y Gaviño.

En esta contienda electoral, por sólo mencionar un detalle, no se hizo sentir la intervención constante y perspicaz del veterano y experimentado Danilo Medina, presidente la referida organización política, en la misma dimensión y acentuación en que lo hizo cuando el pintoresco candidato presidencial, conocido como El Penco, era promovido para ocupar la llamada silla de alfileres.

Algo similar parece haber ocurrido con la integración de algunas tradicionales y connotadas figuras peledeístas, comenzando con el expresivo secretario general del PLD, quienes, además de haber proyectado la imagen de seres de brazos cruzados, ahora tienen la indelicadeza de cuestionar la reducida participación de la población con derecho a ejercer el voto, no cumpliendo, varios de ellos, con su deber ciudadano.

Abel Martínez compitió, prácticamente, solo, proyectando un ejemplar compromiso con su organización partidaria y la patria, sin aparente sostén de los encumbrados integrantes de la privilegiada y todopoderosa cúpula dirigencial del partido morado, hoy, tristemente, en desperdigamiento y con un futuro lastimoso.

Quizás sería interesante, y con tal sugerencia no procuramos hacer leña del árbol caído, como acto de justicia ante la irresponsabilidad partidaria puesta de manifiesto, que los miembros del Comité Político peledeista, en la reunión programada para el próximo lunes, tengan el coraje, la delicadeza y la dignidad de presentar sus cartas de renuncia irrevocable, permitiendo a nuevos militantes, con mayor visión, dinamismo y energía, en un nuevo y urgente congreso organizativo, asumir un rol diferente, capaz de garantizar un proceso de reingeniería organizacional donde germine y se proyecte una concepción y accionar partidario acorde con los nuevos tiempos.

La figura del profesor Juan Bosch y Gaviño, la memoria histórica de sus auténticos discípulos, conjuntamente con el paradigma de entrega, dedicación y compromiso asumido por el candidato Abel Martínez, así lo exige sin necesidad de pérdida de tiempo y energía.

Olvídense de la retórica y los intentos de recurrir a trivialidades como mecanismo para evadir culpabilidades, agrediendo al otro que dejaron en el olvido.

Es hora de la sincera y profunda introspección y de ser, sobre todo, diferentes…

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