Por Santiago Mata
El municipio de Santo Domingo Este parece haber sido el resultado de una maldición, pero obviamente eso no es así, a pesar de las vicisitudes por las que ha atravesado en su corta existencia.
Antes de ser un municipio, siempre se hablaba de la Zona Oriental, pero a partir de 2001 crecieron las esperanzas de tener mejores servicios y más atención a sus problemas con la creación del municipio.
No ha sido fácil, esa es la verdad, pero se ha avanzado algo.
Para comenzar, su primer alcalde en 2002, Domingo Batista, terminó siendo un total fracaso.
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En 2006 lo sustituye Juan de los Santos, que impulsó importantes avances en 10 años, pero fue asesinado antes de terminar su segundo período y no pudo concluir sus planes.
Cosas del destino, tal vez.
Después de esa lamentable tragedia, en 2016 el municipio fue víctima de Alfredo Martínez, quien improvisó una gestión sin rumbo y para rematar, en 2020, la alcaldía ha tenido que soportar la incapacidad de Manuel Jiménez, en medio de más excusas y pretextos que realizaciones.
Parecería que en verdad se tratara de una maldición o que realmente, el municipio tiene mucha mala suerte para que le pase todo eso en apenas 20 años de existencia.
Sin embargo, la verdad es que no se trata de mala suerte o de una maldición, sino de la falta de una visión municipal que se sustente en acciones planificadas, participativas y consensuadas.
Pero lo pasado es cosa del pasado y lo más importante ahora es el presente y el futuro del municipio.
Santo Domingo Este es el municipio más extenso y más poblado del país, lo cual implica que quien lo dirija debe tener la capacidad para enfrentarse a temas muy complejos que afectan a más de un millón de habitantes, diseminados en un vasto territorio de más o menos 123.00 km²
Administrar un territorio tan amplio y tan poblado como Santo Domingo Este, no es lo mismo que dirigir un municipio pequeño, como el de Jaquimeyes, por sólo citar un ejemplo, que apenas tendrá 8 o 9 mil habitantes.
Sin dudas, resulta un gran reto administrar un territorio como éste, sobre todo sin planes, sin una guía, con pocos recursos y sin la capacidad gerencial requerida.
Bajo esas condiciones, los resultados no pueden ser ni mínimamente significativos.
Se necesita una visión estratégica de desarrollo de largo alcance en lugar del capricho del alcalde de turno.
Y precisamente eso es lo que está pasando hoy aquí y no necesariamente por mala suerte.
La razón es otra.
La evidente falta de una visión de desarrollo a corto y mediano plazo en la administración que encabeza el alcalde Manuel Jiménez en Santo Domingo Este condena al municipio al estancamiento de su desarrollo.
No porque haya una crisis, sino por su capricho.
Manuel Jiménez toma decisiones a su antojo echando de lado las verdaderas necesidades y prioridades de los habitantes del municipio, que son muchas, diferentes y complejas.
Una muestra de los caprichos de Manuel y de la falta de capacidad y visión la encontramos en el manejo que le ha dado el alcalde al presupuesto municipal.
El Artículo 21 de la ley que rige a los ayuntamientos obliga al alcalde a invertir «al menos el cuarenta por ciento (40%) de sus ingresos, para obras de infraestructura», es decir, lo obliga a invertir en obras que el municipio necesite.
Con esta disposición el legislador buscaba, al aprobar la Ley 176-07, que cada administración tuviera la obligación de construir y dejar obras de infraestructuras, sin excusas ni pretextos.
Ese 40% no debe tocarse para asegurar el desarrollo mediante la construcción de infraestructuras y equipamientos urbanos, pavimentación de las vías públicas urbanas, construcción y mantenimiento de caminos rurales, construcción y conservación de aceras, contenes, construcción y gestión de mataderos, mercados etc.
El espíritu de ese mandato es que cada administración deje algo al municipio, lo cual no será posible en esta administración, si tomamos en cuenta que el Bar de Chencha, ni las estatuas son una prioridad para este municipio.
Manuel, usando todo tipo de argucias, se ha burlado de la ley y ha usado como pretexto la pandemia del COVID y no ha sido capaz de iniciar una sola obra de importancia, algo que impacte en la calidad de vida de los habitantes del municipio de Santo Domingo.
No ha sido capaz de construir, aunque fuera un kilómetro de aceras y contenes.
El dinero para la inversión de capital, los ha invertido en la compra de los famosos camioncitos recolectores de la basura y otros aparatos.
Desde la alcaldía se ha dicho de manera descarada que no se harán nuevas obras y que sólo se les dará mantenimiento, es decir pintura, a las obras municipales que ya existen.
¿Cuál es el problema con los camioncitos?
Según expertos, la vida útil de un camión recolector de basura, no supera los seis años y que a partir del cuarto año de servicio el costo de mantenimiento lo hace improductivo.
De ahí que, en 4 años, el alcalde Manuel Jiménez no haya construido una sola obra de importancia porque el dinero del presupuesto destinado para esos fines, ha sido dispuesto para comprar unos camiones que en 6 años no servirán.
Eso quiere decir que en 6 años habrá que dejar de hacer las obras que necesita el municipio, de nuevo, para volver a comprar más camiones.
El tema de la factibilidad financiera de contratar un operador privado para el servicio de recolectar y transportar al sitio de disposición final los residuos sólidos ha sido bien estudiado y se ha demostrado que permite un desempeño presupuestario más efectivo.
Antes, sin tener camiones, el servicio de la recogida de la basura era más eficiente y se hacían las obras, ahora tenemos camiones, el servicio es deficiente y no se hacen las obras.
O sea que no se trata de mala suerte o de una maldición, en este caso se trata del capricho de un alcalde que no es capaz de escuchar a los sectores vivos del municipio para ejercer una gestión planificada, participativa y consensuada, como manda la ley.
Por eso, a parte del capricho, la evidente falta de una visión de desarrollo a corto y mediano plazo y la falta de capacidad gerencial en la administración que encabeza el alcalde Manuel Jiménez en Santo Domingo Este, condena al municipio al estancamiento de su desarrollo.
Ésta es sólo una muestra.
