Por Cinthia Polanco
Santo Domingo Este.-El cambio que se prometió parece estar llegando en forma de facturas más caras.
Primero es el marbete. También están los alimentos, la electricidad, los peajes y otros servicios. Cada aumento tiene su explicación, pero todos terminan en el mismo lugar: el bolsillo de los ciudadanos.
La Dirección General de Impuestos Internos (DGII) aumentó el precio del marbete para el período 2026-2027. Los propietarios de vehículos tendrán que pagar RD$500 o RD$1,000 adicionales, dependiendo del año de fabricación de sus unidades.
La DGII justifica el ajuste alegando que las tarifas llevaban diez años sin modificarse y que la inflación acumulada desde 2016 alcanzó el 58.1 %.
La institución proyecta recaudar RD$4,700 millones durante esta temporada, unos RD$1,175 millones más que lo que esperaba recibir sin el aumento.
El Gobierno presenta sus números. Pero hay otra pregunta que también merece respuesta: ¿cómo se supone que una familia con ingresos limitados absorba otro aumento cuando ya tiene dificultades para cubrir sus gastos básicos?
El senador del Distrito Nacional, Omar Fernández, puso nombre a lo que considera una cadena de aumentos: una «reforma fiscal por cuotas».
El legislador cuestionó que el Gobierno continúe incrementando cobros mientras los ciudadanos no perciben mejoras equivalentes en los servicios que reciben.
«Aquí todo sube, menos la eficiencia del Gobierno», expresó Fernández al criticar la situación.
También mencionó aumentos en peajes, servicios y contribuciones relacionadas con los residuos sólidos. Su planteamiento es que, aunque no exista una reforma fiscal formal aprobada por el Congreso, la población está sintiendo el efecto de múltiples incrementos.
Ir al supermercado se ha convertido en otro problema
Mientras el Gobierno habla de inflación y recaudaciones, las familias hacen sus propios cálculos frente a los estantes de los supermercados y los mostradores de los colmados.
Arroz, habichuelas, aceite, huevos, plátanos y otros productos esenciales figuran entre los artículos cuyos precios generan quejas de consumidores y comerciantes.
Hay familias que ahora compran menos, sustituyen unos productos por otros o dejan para después artículos que antes podían llevar a sus hogares, explicó un colmadero.
En reportes periodísticos también se han recogido testimonios de comerciantes sobre aumentos en el arroz y el aceite. Una comerciante aseguró que el saco de arroz subió RD$200 y que una caja de aceite aumentó RD$300. Se trata de variaciones denunciadas por esa comerciante, no de precios uniformes en todos los establecimientos.
El problema es sencillo, el salario no aumenta cada vez que sube un producto. La compra, sin embargo, cuesta más.
Y la electricidad también pasa factura
A la comida y los nuevos cobros se suma la factura eléctrica.
Usuarios se quejan de montos que consideran elevados y cuestionan que tengan que pagar más por un servicio que en numerosos sectores también provoca reclamos por interrupciones y deficiencias.
Para una familia trabajadora, la electricidad no es un gasto opcional. Hay que pagarla, igual que hay que comprar comida y trasladarse al trabajo.
Cuando todos esos compromisos aumentan al mismo tiempo, el presupuesto familiar termina convertido en una carrera para decidir qué se paga primero y qué se deja pendiente.
En Santo Domingo Este, usuarios de EDEESTE también se quejan de facturas cada vez más altas, mientras continúan denunciando apagones y deficiencias en el servicio.
Un estudio del Observatorio Político Dominicano (OPD-FUNGLODE), publicado en octubre de 2026, señala que entre agosto de 2019 y agosto de 2026 el costo de la canasta básica del quintil de menores ingresos aumentó un 48.4 %, equivalente a RD$9,712 mensuales.
El estudio indica, además, que los hogares más pobres destinan el 38.25 % de sus ingresos a alimentos y bebidas no alcohólicas.
También advierte que el ingreso neto estimado de un trabajador de una gran empresa, después de los descuentos obligatorios, ronda los RD$28,215.71, por debajo de los RD$29,756.89 calculados para la canasta básica del quintil más pobre.
Las cifras muestran una realidad difícil: hay trabajadores que, aun teniendo empleo, no consiguen que sus ingresos cubran el costo de lo indispensable.
¿Y el cambio prometido? ¿Para cuándo?
Durante la campaña, el presidente Luis Abinader prometió mejorar la calidad de vida y enfrentar el alto costo de la canasta familiar. Pero hoy los alimentos siguen caros, la electricidad pesa en el bolsillo y el Gobierno continúa aumentando los cobros.
¿Hasta dónde puede estirarse un salario? Hay que comprar comida, pagar pasaje, luz, combustibles y ahora buscar más dinero para el marbete y otros servicios.
El dominicano de clase media no vive de discursos. Vive de su sueldo y cada vez tiene que hacer más malabares para llegar a fin de mes.
¿Y qué decir del chiripero, del trabajador informal o de quien no tiene empleo y debe levantarse cada mañana a buscarse el día? Para esa gente, cada aumento no es una cifra más: es otro problema que debe resolver con lo poco que consigue.
El cambio prometido debía sentirse en la mesa, en salarios que alcancen y en servicios públicos que funcionen. No en una cadena de aumentos que aprieta cada vez más a quienes menos tienen.
Si lo único que cambia es que el ciudadano tiene que pagar más por todo, la pregunta sigue en pie: ¿ese era el cambio prometido? ¿Cambio para quién?
