Por Lic. César Fragoso. Asesor inmobiliario.
uando una persona me dice que quiere comprar una propiedad, pero ha decidido esperar, hay una pregunta que considero indispensable: ¿qué espera conseguir con ese tiempo? Puede querer aumentar el inicial, reducir sus deudas, conseguir mejores intereses o simplemente sentirse más segura. Todas son razones válidas, siempre que esperar forme parte de un plan.
El problema aparece cuando pasan los meses o los años sin que exista un objetivo definido. Comprar una propiedad cuesta dinero, pero aplazar indefinidamente la decisión también puede tener consecuencias económicas. El verdadero análisis consiste en determinar cuál de las dos alternativas resulta más conveniente para cada comprador.
Pensemos en una familia que ha identificado una vivienda que puede pagar, pero decide esperar doce meses para aumentar sus ahorros. Al terminar ese año posiblemente tendrá más dinero. Sin embargo, deberá comprobar si durante el mismo período también cambiaron el precio de la vivienda, el monto necesario para el inicial y las condiciones del préstamo.
Aquí encontramos una diferencia importante entre ahorrar dinero y aumentar capacidad de compra. Podemos tener más pesos disponibles dentro de un año y descubrir que necesitamos una cantidad todavía mayor para adquirir la misma clase de propiedad. Por eso nuestro progreso financiero no debe medirse exclusivamente observando cuánto hemos logrado ahorrar.
Naturalmente, esperar no siempre perjudica al comprador. Puede aparecer una mejor oportunidad, un vendedor dispuesto a negociar o condiciones financieras más favorables. Incluso podemos descubrir que la propiedad que inicialmente queríamos no era la más conveniente.
Comprar apresuradamente puede resultar tan equivocado como esperar sin ninguna estrategia.
Las tasas de interés son un buen ejemplo. Cuando están elevadas, esperar una mejor condición financiera puede tener sentido. Pero si mientras esperamos cambia considerablemente el precio de la propiedad, tendremos que realizar nuevamente los cálculos. Una tasa inferior no necesariamente representa un ahorro si posteriormente necesitamos financiar una cantidad mucho mayor.
Supongamos una vivienda cuyo precio actual sea RD$6 millones. El comprador decide esperar dos años para mejorar sus condiciones. Cuando finalmente regresa al mercado deberá comparar no solamente la nueva tasa de interés, sino también el precio actualizado, el inicial requerido, el monto que tendrá que financiar y la cuota resultante.
Hay otro número que pocas veces colocamos en esa comparación: lo que pagaremos por vivir mientras esperamos. Quien actualmente alquila continuará necesitando una vivienda. La renta no es dinero desperdiciado porque estamos pagando por un servicio que utilizamos, pero sí constituye un desembolso que debe incluirse cuando evaluamos económicamente nuestras alternativas.
En determinadas circunstancias, alquilar y esperar puede ser exactamente lo recomendable. Una persona que piensa cambiar de ciudad, tiene ingresos inestables o todavía no sabe dónde desea establecerse probablemente necesita flexibilidad. La propiedad debe adquirirse cuando responda a nuestras necesidades y posibilidades, no simplemente para decir que somos propietarios.
También existe el factor disponibilidad. Una propiedad no es solamente un precio. Puede ser determinada ubicación, orientación, piso, distribución, tamaño, vista o cercanía al trabajo y la familia. Si encontramos exactamente lo que necesitamos y decidimos esperar, debemos aceptar que esa misma unidad posiblemente no estará disponible cuando regresemos.
Algo similar ocurre en los proyectos que se encuentran en desarrollo. Las condiciones comerciales de las primeras unidades no necesariamente serán las mismas cuando la construcción esté avanzada. Pero comprar en una etapa temprana también exige investigar cuidadosamente al desarrollador, la documentación, la estructura financiera y las condiciones establecidas en el contrato.
Por eso recomiendo que quien decida esperar establezca una meta concreta. Si vamos a posponer la compra durante un año, definamos qué queremos lograr: aumentar determinado porcentaje del inicial, pagar una deuda, mejorar nuestro historial crediticio, estabilizar los ingresos o crear una reserva para emergencias. Entonces el tiempo estará trabajando a nuestro favor.
También debemos reconocer cuándo todavía no estamos preparados. Si para pagar la cuota necesitamos comprometer una proporción excesiva de nuestros ingresos o quedarnos sin reservas, probablemente debemos esperar. Tener una propiedad no debe convertirse en una lucha mensual para poder conservarla.
La pregunta, por tanto, no es simplemente si mañana las viviendas serán más caras. La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿mi situación económica está mejorando más rápidamente que el costo de la propiedad que quiero comprar? Esa comparación puede ayudarnos mucho más que tratar de adivinar cuál será el próximo movimiento del mercado.
No existe una fecha universal para comprar una propiedad. Cada persona tiene circunstancias diferentes. Pero cuando tenemos capacidad económica, encontramos un inmueble adecuado y sus condiciones son razonables, esperar debe tener una razón. ¿Qué espera conseguir antes de comprar? ¿Ese tiempo aumentará realmente su capacidad de compra? ¿O podría terminar necesitando más dinero para alcanzar el mismo objetivo? Me gustaría conocer su opinión y leer sus comentarios.
Cesarfragoso75@hotmail.com
