Por Juan Cruz Triffolio
Sociólogo – Comunicador Dominicano
triffolio@gmail.cpm
a farmacopea universal, regional y concretamente, dominicana, además de resultar curiosa, tiende a ser amplia y diversa.
Al margen de dar respuesta o no a innumerables dolencias y patologías, muchas veces resultando “más cara la sal que el chivo”, como suelen expresar muchos, lo cierto es que suele convertirse en un paliativo o consuelo para familias de diversos niveles de ingresos económicos y sociales.
Sobre su efectividad existen múltiples creencias, costumbres y tradiciones por lo que, entre otras observaciones, su popularidad está sumamente arraigada por todos los rincones.
Es irrebatible que su uso es tan heterogéneo como la vida misma y su aplicación en el organismo humano en muchas ocasiones raya con lo insólito y lo inverosímil.
Envuelve supuestos o reales remedios populares de diversas procedencias incluyendo plantas y raíces aisladas, mezclas, recetas, tisanas, ungüentos, líquidos y ejercicios, algunos de los cuales son resaltados en el refranero y el canto vocalizado por amplios sectores poblacionales de la región y el mundo.
Independientemente de los resultados positivos o los efectos secundarios que su práctica podría acarrear insistimos en continuar incursionando es su conocimiento y, por tanto, no es extraño el sorprendernos al encontrarnos con algunas aseveraciones que a continuación procedemos a compartir con los amables lectores.
En un libro sobre remedios populares de la autoría de Luis Gil, bajo el título de Therapeia, la medicina popular en el mundo clásico, a manera de singularidades curativas y considerado como “un inagotable tesoro de curiosidades y de saber científico”, se lee que las cenizas resultantes de quemar los genitales de un asno se recomiendan para solucionar el problema de la calvicie.
De igual manera, se asegura que atarse el pene de un zorro a la cabeza es ideal para la cefalalgia.
También destaca la publicación en referencia que ungirse con aceite donde se hubiera frito una rana es recomendable para la curación de las fiebres cuartanas.
Para superar la hidrofobia de un individuo mordido por un perro rabioso basta con colocar debajo de su vaso un trozo de un vestido manchado de sangre menstrual.
La validez de la anterior “curación” se sustenta en la creencia de que si un perro devoraba algo contaminado por el flujo femenino se vuelve rabioso y su mordedura termina siendo funesta.
Puntualiza el investigador Luis Gil, en el contenido insólito de su interesante libro, que los testículos de hipopótamo mezclados con agua sirven de antídoto para las picaduras de serpiente.
No luciendo suficiente todo lo anterior como muestras convincentes de remedios populares, resalta el nombrado escritor que el semen humano es considerado como pócima ideal para curar las picaduras de un escorpión.
En definitiva, procurando ser honestos, lo expuesto en los párrafos anteriores podría ser verdad o simplemente, mentira, pues como reza la máxima popular, en este mundo de Dios, todo dependerá de “el color del cristal con que se mira”
No olviden que hablamos de costumbres, tradiciones, valores y creencias culturales que germinan en el cotidiano vivir y que son enraizados en el pensamiento colectivo de nuestros países para bien o para mal, siendo cimientos de la llamada identidad de los pueblos.
Son una especie de remedios orgánicos que gozan de una predilección especial y que muchos entienden, al igual que nosotros que, en pocas palabras, “son lentejas, si usted quiere las toma o sino las deja”.
Así de simple… No hay de otra..!!
