Juan López
Juan López

Desde el Municipio: Valoremos la gobernabilidad democrática

Por Juan López
“No se sabe lo que se tiene hasta que lo pierde”. Es un viejo adagio popular que viene a propósito de la paz social, la estabilidad macroeconómica, el respeto a las libertades y a los derechos humanos que nos proporciona la gobernabilidad democrática en la R. Dominicana (RD), lo cual se refleja en:

Las personas, empresarios, partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil pueden desarrollar sus actividades económicas, políticas, sociales y culturales en formas públicas y privadas, sin menoscabo de sus derechos y en usos plenos de sus libres albedríos, lo cual evidencia la existencia de un verdadero clima de convivencia pacífica y democrática en la RD.

También se disfruta de un crecimiento sostenido e ininterrumpido del PIB por encima del 5 %, desde el 2004, con la inflación controlada por debajo de los dos dígitos durante ese tiempo y respeto al marco jurídico, lo cual se erige como positivos atractivos para el incremento de la inversión de capital extranjero y auge histórico del turismo.

Esos indicadores, resultados directos de la gobernabilidad democrática, debemos preservarlos, blindarlos y gestionar un mayor empoderamiento por parte de la población porque son las bases para la modernización y el progreso de nuestro país.

Es cierto, todavía tenemos importantes temas que urgen acciones precisas y eficaces de las instituciones gubernamentales para superarlos: La inseguridad ciudadana, el elevado porcentaje de siniestralidad vial, la violencia de género y el feminicidio, la gran cantidad de jóvenes sin estudios y sin empleos, principalmente, aquellos residentes en los sectores más vulnerables y el creciente narcotráfico con la secuela de violencia y muertes que genera.

Lo contrario a esa evidente panorámica de la RD sería la llegada del caos, de la ingobernabilidad, privaciones de las libertades, violaciones de los derechos humanos y crisis económica que implican retroceso e incremento de la miseria.

Para mayor comprensión de lo anterior, con objetividad, observemos las lamentables situaciones económicas, políticas y sociales por las que atraviesan Haití y Venezuela.

En esos dos países latinoamericanos impera la inestabilidad económica y el desasosiego político. El bienestar de la población se vislumbra en penumbra e incertidumbre. Esa situación ha forzado la creciente y continua emigración de haitianos y venezolanos en búsqueda de otros horizontes.

Venezolanos y haitianos hoy lamentan haber perdido la convivencia pacífica y democrática que las ambiciones desmedidas y estériles confrontaciones entre los miembros de la sociedad política, principalmente por culpa de sus grupos gobernantes.

Para no tener que “sentarnos ante el muro de las lamentaciones”, veámonos en esos dos espejos que, sin lugar a dudas, nos conducirá a validar en su justa dimensión “lo que ahora tenemos” para, conscientemente, asumirlos como nuestro principal activo de nación para defenderlos, a los fines de seguir avanzando en base a un régimen basado en la gobernabilidad democrática que a su vez pueda garantizar el respeto a los derechos humanos y blindar la paz social, la estabilidad macroeconómica y las libertades públicas que actualmente disfruta el pueblo dominicano.

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