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Discurso de agosto

Por Eddy Olivares Ortega 
El único día que el presidente de la República está obligado a dirigirse a la nación es el 27 de febrero de cada año, la histórica fecha en que se conmemora la Independencia Nacional.

La razón por la que el constituyente escogió el 27 de febrero para que el presidente de la República rinda cuenta de su administración del año anterior, tiene como base el hecho de que el Congreso Nacional inicia ese día, cada año, su primera legislatura ordinaria.

Además de su largo discurso, cada 27 de febrero, el Jefe de Gobierno tiene la obligación de depositar ante el Congreso Nacional las memorias de los ministerios, para lo cual, por disposición del artículo 121 de la Constitución de la República, el Senado y la Cámara de Diputados deben reunirse de manera conjunta.

En ese sentido, el Senado y la Cámara de Diputados celebran sus sesiones ordinarias de forma separada, excepto cuando se reúnen en Asamblea Nacional o reunión conjunta, como es el caso de la rendición de cuentas del Primer Mandatario.

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Cada 27 de febrero, además de la rendición de cuentas y las memorias de los ministerios correspondiente al año anterior, las cámaras legislativas reciben el mensaje del presidente de la República, que es el espacio del discurso que aprovecha para hacer proyecciones y promesas para el nuevo año.

Como se puede apreciar, el discurso que pronunció el presidente Luis Abinader, desde el monumento a la Restauración de la República, no fue una rendición de cuentas, como han sostenido algunos dirigentes opositores, sino un mensaje de orientación y esperanza a la nación, que es lo que él ha venido haciendo constantemente, como parte de su manejo comunicacional frente a la crisis sanitaria que provocó la pandemia del nuevo coronavirus, así como de la económica que heredó de la administración peledeista y se profundizó con la contagiosa enfermedad y la impactante guerra que libran Rusia y Ucrania.

Tomando en cuenta la gran atención que generó el discurso del presidente Luis Abinader, al cumplirse su segundo año de gobierno, es muy probable que de aquí en adelante los futuros gobernantes lo imiten, aprovechando el día de la Restauración para edificar a la ciudadanía, desde Santiago, sobre la gestión desempeñada durante el año anterior y los planes y expectativas proyectados para los siguientes doce meses.

Igual que el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, el más exitoso gobernante de los tiempos de la Gran Depresión del 1929, el presidente Luis Abinader ha sido un mandatario cercano a la ciudadanía y significativamente argumentativo en esta época de grave crisis internacional de la economía, generada por la pandemia del Covid-19 y la guerra de Ucrania.

Otra coincidencia del presidente perremeista, Luis Abinader, con el presidente Roosevelt, fue haberse concentrado durante la crisis en la gente y postergado las grandes obras materiales, lo que se reflejó en su mensaje anual al Congreso, el 3 de enero de 1934, al decir: “Ahora que estamos claramente en vía de recuperación… La civilización no puede volver atrás; la civilización no debe quedarse parada. Hemos puesto en marcha métodos nuevos. Es nuestra tarea perfeccionarlos, mejorarlos, alterarlos cuando sea necesario, pero en todos los casos ir hacia delante”.
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