
n los tiempos coloniales en nuestra República Dominicana, dígase, los años 1700, se incrementaron las instalaciones de ingenios en las cuales, la iglesia tenía bastante influencia en la economía y la sociedad.
Precisamente, en la representación de la corona a medio del siglo XVlll bajo la gobernación de Manuel Azlor y Urries, unos de los gobernadores más activo y experimentado de la isla española, también fundador de Baní hoy Peravia, la compañía de los Jesuitas crearon un ingenio llamado San Miguel por los lados de Nizao. Aquí, aparte de elaborar azúcar de la caña, de manera clandestina según los archivos en el libro de las «Élites de Hacendados de la colonia española 1750-1795, elaboraban también agua ardiente conocida como (Tafiá) romo destilado de la caña.
El agua ardiente, jugó un papel importante en la población y más en la clase obrera. El Tafiá, le servía de bálsamo para la fatiga de trabajos duros de la Zafra y la recolección de tabacos.
La iglesia jesuita, se incorporó en estos negocios de bebidas alcohólicas como lo hacían otros ingenios de manera clandestina ya que, era prohibido por la corona y los que encontraban en esta práctica, recibirían una pena económica. Los Jesuitas tuvieron que pagar una multa cuando fueron descubiertos.
El afán de conseguir dinero de parte de esta tendencia de la iglesia católica era, la construcción que llevaban a cabo en la ciudad de Santo Domingo de su sede llamada el Gorjón.
El Romo siempre ha sido una bendición según las historias sociales de la humanidad. Jesucristo fue uno de los que no dejó acabar la bebida añeja en la boda de Canaán, Noé era un hombre alcohólico y un hombre elegido por Dios y no se diga de Salomón, que nunca renegó de la romería y solo aconsejó que no se embriaguen. Propio de un hombre sabio. Y uno de los hombres más ejemplares fue Sócrates…. ¡Cuanto Romo bebía ése hombre!
De manera qué, la iglesia no rompía con la tradición más bien, con las leyes terrenales.
Termino con un dicho: «Hay más muerto por agua que por Romo». Sinó, pregúntele a Noé…
