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El último discurso del Dr. Joaquín Balaguer ante la Asamblea Nacional

Por: Juan Matos
Joaquín Balaguer
, escritor, ensayista, poeta y político dominicano, reveló en su último discurso ante la Asamblea Nacional, el 27 de febrero de 1996, los rasgos que conformaron su pensamiento durante su gestión de gobierno de más de 20 años.

Me permito compartir esta pieza, esperando que sirva para generar reflexión, sobre el pasado, presente y futuro de nuestra nación:

Discurso:

Señor presidente y señores miembros de la asamblea nacional, excelencia reverendísima señor nuncio de su santidad, señores miembros del cuerpo diplomático, señores miembros del cuerpo consular, altos funcionarios de la nación, compatriotas todos.

En cumplimiento de lo que dispone el artículo 55, ordinal 22 de la constitución de la República, comparezco ante esta asamblea, para depositar en sus manos, las memorias en que los diferentes departamentos de la administración pública, rinde cuenta a estas cámaras, por la labor realizada por cada uno de ellos durante el año recién transcurrido, estos documentos oficiales, han sido redactados con minuciosidad, garantizo al congreso nacional que en ellos no se omite ningún dato, que sea realmente significativo, por esa razón no voy a hacer comentarios adicionales, puesto que serían innecesarios.

Quiero sí, que se me permita ocupar por breves momentos la atención de estas cámaras, por ser está probablemente, la última vez que comparezco ante ella. Ocupar su atención, para señalar los rasgos fundamentales, que han conformado mi pensamiento en todas las administraciones en que me ha tocado durante más de 20 años, encabezar el gobierno de la nación.

El primero de esos rasgos, es el de mi repulsa a los préstamos internacionales, he usado de ellos con mucha moderación, por una razón acaso subjetiva, todavía siendo casi un niño, vi caer, asesinado en las calles de Santiago, al civilista Santiago Guzmán Espaillat, quien se pronunció, abiertamente contra un nuevo préstamo internacional, mediante la prolongación de la convención de 1907, por eso los únicos préstamos internacionales que he hecho, son los destinados a algunas instituciones autónomas, como la corporación dominicana de electricidad y lo he hecho con la incidencia que la energía eléctrica tiene, sobre los planes de nuestro desarrollo y sobre toda la vida dominicana.

Otro rasgo que deseo que se me permita destacar en las administraciones que he presidido, es el del esfuerzo que he realizado, para que las grandes obras con que cuenta el país se ejecuten con fondos propios, no con fondos procedentes de bancos del exterior, sino con fondos procedentes de las arcas del estado, no tengo que enumerar esas obras, ahora mismo, en la propia capital de la república, se ejecuta la llamada Plaza de la Salud, son obras monumentales que garanticen la salud, sobre todo los de la clase pobre de nuestro país, esas obras se llevan también a cabo con recursos propios, sin apelación a ayudas extranjeras.

Simpatizó y es otro de los rasgos característicos en las administraciones que me ha tocado encabezar, sigo simpatizando con la privatización de los grandes servicios públicos de nuestro país y con la privatización de las empresas llamadas del estado, creo sin embargo que esa privatización, no sería en este momento oportuna, porque miles de familias dominicanas quedarían sin pan y porque entonces el desempleo adquiriría en el país niveles preocupantes. Debo también en este mismo sentido declarar de una manera enfática, que no apoyo, ni apoyaré jamás la privatización del consejo estatal del azúcar, no la apoyo, porque esas son las mejores tierras del país y porque esas tierras constituyen, la única garantía que tenemos, de que se conviertan en actos de justicia social, los programas de la reforma agraria.

Hay un problema, que está pendiente y que urge resolver, me refiero al de la crisis que abate a la justicia dominicana, ese problema no se ha resuelto, no por voluntad del gobierno, sino de los partidos políticos, que tienen representación en el senado de la República, creo que un hombre puede vivir y de hecho vive en muchas partes de nuestro continente, sin agua, sin transporte, sin luz, pero ningún hombre ni ningún pueblo puede vivir sin una justicia confiable, una justicia, que nos garantice a todos el respeto a nuestros derechos más elementales, por eso urjo al congreso nacional, en este caso al senado de la República, para que ese problema sea resuelto con la mayor rapidez que sea posible,

Necesitamos, renovar la justicia, no porque toda sea corrupta, existen, la mayoría de los jueces lo son, gentes honorables en la judicatura, pero es preciso que, de ahora en adelante, los sean todos, que todos los que integren la futura judicatura dominicana, sepan que la vara que se les entrega a cada uno de ellos para medir a los demás, debe permanecer en sus manos, limpia como el paño de un altar y recta como la asta de una bandera.

Otro problema, que no puedo silenciar es el que se relaciona con nuestra política hacia Haití, creo que las dos naciones, arrinconadas en una sola isla, de apenas 78,000 km2, deben vivir unidos, como dos hermanos siameses, pero separados políticamente, porque somos dos etnias distintas.

Los haitianos no se resignarían jamás a formar parte de una sola República, presidida por la República Dominicana, todos ellos son nacionalistas, rabiosamente nacionalistas, nosotros también lo somos. Toussaint Louverture, murió de frío y de tristeza en el Fuerte de de Joux, porque no quiso vivir como un esclavo bajo la bota francesa, Duarte murió también en el destierro, porque se opuso siempre a la fórmula haitiana, de la una indivisible, pero ambos pueblos, estamos conscientes de que necesitamos unirnos, para enfrentar no solo los problemas que nos depara el destino, sino también la injerencia extranjera.

Soy pues partidario, de una estrecha unión con Haití, en el comercio, en el desarrollo económico, en los planes relacionados con la salud y con la educación y sobre todo con los planes que se relacionan con la supervivencia de nuestros dos países desde el punto de vista ecológico, somos tan celosos de la conservación de las tierras de Haití, de la conservación de su foresta, como somos celosos de la conservación de la nuestra.

En días recientes, le anoté a un distinguido funcionario haitiano que me visitó en el palacio nacional, que yo me había preocupado por la conservación de los recursos de Haití, de los recursos naturales de la región haitiana, que como prueba de ello le podría citar el caso, de la loma llamada de Nalga Maco, donde nace el Artibonito, un río que nace en tierra dominicana, pero que corre sobre todo sobre territorio haitiano, esa es una medida, que indica el pensamiento que nos une a los dos países, para la supervivencia de nuestros suelos, para la conservación de nuestras riquezas naturales, próximamente nos encontraremos el presidente Préval y quién habla y buscaremos la manera de unir más a nuestros dos países y hacer que sus relaciones sean en los sucesivo, eminentemente pacíficas y eminentemente fraternales.

Estamos señores en este momento viviendo horas críticas, Pascal decía, que en esas horas el hombre debe tener siempre presente, que es amo de su silencio y esclavo de su palabra, voy por eso a omitir muchas declaraciones, que serían en este momento oportuna, pero quiero coincidente con el pensamiento de Pascal, reservar mis palabras finales para rendir un tributo en esta fecha histórica, a los creadores de nuestra nacionalidad, este tributo, dada la hora crítica en que vivimos, no debe simplemente consistir en loas a su gloria, sino en un juramento de todos los dominicanos, de que nos mantendremos leales a sus principios, a los principios con los cuales cada uno de ellos luchó y luchó hasta morir, con el pensamiento puesto en Dios, puesto en la patria y puesto en la Libertad.

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