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En Busca de la Unión Política: ¿Fuerza o Traición?

Por Nataly Tejada G.
“En la fuerza está la unión y las diferencias no causarán traición” se manifiestan con esta nueva frase, amalgamando tres partidos con el propósito de enfrentar al actual presidente Luis Abinader. Esta alianza se gesta con la convicción de que, a través de ella, podrán superar lo que consideran un enemigo común.

Sin embargo, vale la pena reflexionar sobre los Expresidentes Leonel Fernández y Danilo Medina, cuyas diferencias no solo dividieron un partido en el pasado, sino que también se convirtieron en un espectáculo público para los dominicanos. A raíz de diversas conversaciones y presiones de sus colegas, han tenido que recurrir a intermediarios para alcanzar una reconciliación plástica, sin valores y basada en el egoísmo partidario.

En otro orden de ideas, es necesario abordar con pesar el estado del PRD, un partido de gran relevancia histórica para el pueblo dominicano. Fundado originalmente con la finalidad de servir a la gente en lugar de promover un clientelismo partidista, el PRD ha perdido su influencia gracias a su líder actual, quien por el momento prefiero no nombrar. Paradójicamente, este líder ha sido elegido como el vocero de la importante noticia de esta coalición política.

No podemos obviar la curiosa suerte del PLD. Resulta innegable que el partido estrella, cuya trayectoria ha fomentado la cultura del clientelismo en el país, ha tenido una capacidad casi mágica para insertarse en el lugar y momento precisos en medio de fraudes y casos de corrupción.

Con el inicio de una nueva década y siglo, lamentablemente, las palabras de Juan Bosch han quedado relegadas al olvido. Aquella consigna de «servir al partido para servir al pueblo» parece haberse desvanecido de sus mentes y corazones. En 1982, Bosch afirmó: «Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano; no habrá un peledeísta que le oculte al país un hecho incorrecto o sucio o inmoral». Lamentablemente, los casos de corrupción como Odebrecht y Falcón contradicen estas palabras, demostrando la distancia entre la retórica y la realidad.

En el presente, observamos cómo los mayores corruptos del país se alinean en un intento desesperado por regresar al poder que anteriormente los vio envueltos en prácticas corruptas. Parecen no haber internalizado la idea de que la democracia y el futuro del pueblo requieren cambios que beneficien a la población en general, en lugar de favorecer únicamente a un partido. La necesidad de renovación y la incorporación de nuevos líderes es crucial para el desarrollo del país.

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