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¿Es culpa del voto preferencial?

Por Eddy Olivares Ortega
A propósito de la presunta vinculación de algunos políticos con actividades relacionadas con el narcotráfico, muchos de los que se oponen al voto preferencial aprovecharon, inmediatamente, de utilizarlo como un chivo expiatorio para justificar su revocación.

En ese sentido, el argumento empleado ahora se basa en que la modalidad del voto preferencial incentiva la infiltración del dinero del narcotráfico en la política, debido a que facilita que quienes tengan más dinero ganen las candidaturas en las competencias internas y, posteriormente, las elecciones.

¿Qué tan cierto es que el voto preferencial es el culpable de la utilización de dineros provenientes del crimen organizado en las precampañas y las campañas electorales?

Sin lugar a dudas, se trata de una falacia, toda vez que, aún eliminando el voto preferencial, quien disponga de más recursos los empleará para lograr ser seleccionado como candidato y colocado en uno de los lugares ganables de la lista del partido.

Por lo tanto, para los opositores del voto preferencial es más conveniente seguir utilizando sus conocidos inconvenienes, tales como: 1) el canibalismo que provoca entre los candidatos de un mismo partido, quienes compiten en las internas y luego en las elecciones; 2) el sentido de pertenencia del escaño y el transfuguismo; 3) el debilitamiento de las formaciones políticas; 4) hace ineficaz la aplicación de la cuota de genero, y, 5) la dificultad para concluir en un tiempo razonable el escrutinio, motivo por el cual supongo que la Junta Central Electoral ha propuesto su eliminación.

Los argumentos antes mencionados chocan la realidad de que el voto preferencial es notablemente democrático, tomando en consideración que le brinda al elector la libertad de escoger, de la lista cerrada y desbloqueada propuesta por el partido, al candidato de su preferencia.

Con el voto preferencial ha disminuido significativamente la influencia del circulo de hierro de las oligarquías partidarias y, por vía de consecuencia, los partidos, forzosamente, se han democratizado. Esta es la principal razón por la sus élites favorecen su eliminación y el retorno a la lista cerrada y bloqueada, la cual les permitiría colocar a los candidatos de su interés en los números ganables, incluidos, por supuesto, los de los partidos aliados.

Más que hacer un bien, la eliminación del voto preferencial podría constituirse en un elemento perturbador del proceso electoral, que, además, serviría de incentivo para el fraccionamiento de los partidos.

No obstante las virtudes del voto preferencial, se debe reconocer las dificultades que por su causa han tenido los organismos electorales durante el escrutinio, la cual se agravó con la incorporación al referido sistema de los 1,164 escaños de regidores y más de 600 de vocales de distritos municipales, es decir, alrededor de 1,800 cargos, a pesar de que las elecciones municipales están separadas de las congresuales y las presidenciales.

Como se ha podido apreciar, las virtudes del voto preferencial superan ampliamente sus debilidades, dentro de las cuales se encuentra la dificultad que crea durante el escrutinio, la cual se resuelve con su automatización.

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