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Haití: Caos, pobreza, secuestros, referéndum y elecciones

Por Juan López
La grave crisis que padece la vecina república de Haití, desde hace décadas, está tocando fondo como consecuencia del caos generalizado, el incremento de la inseguridad ciudadana, el deterioro de la institucionalidad y gobernabilidad. ¡Un panorama dantesco!

En ese tétrico y lamentable escenario se visibilizan múltiples situaciones, entre las que asumen principalía y mayor incidencia en el modo vivendi de Haití los siguientes acontecimientos:

El presidente Moise está gobernando por decretos, desde el 2019, porque clausuró el parlamento y, desde esa fecha, han fracasado los intentos por realizar elecciones legislativas y municipales.

En ese breve período han renunciado tres primer ministros. Hace una semana, dimitió a dicho cargo Joseph Jouthe que, sin aval constitucional del congreso, fue “sustituido” por el canciller.

Los partidos de oposición y organizaciones de la sociedad civil reclaman la inmediata renuncia del presidente Moise, a quien catalogan de presidente usurpador porque alegan que su período expiró el pasado 7 de febrero.

Esos reclamos se realizan con huelgas, manifestaciones en las calles, destruyendo propiedades públicas y privadas, con cientos de presos, heridos, muertos y hasta enfrentamientos violentos entre dos facciones de la policía haitiana.

La oposición política plantea como solución la sustitución inmediata del presidente Moise por un gobierno de transición para que, en dos años, realice elecciones presidenciales, congresuales y municipales.

Mientras tanto, bandas criminales mediante extorsiones y frecuentes secuestros imponen el reino del terror, generando pavor en la población y alejan las posibilidades de llegadas de inversionistas y turistas.

En ese angustiado ambiente, el presidente Moise se aventuró a iniciar un proceso para modificar la Constitución, para lo cual, unilateralmente, designó una comisión redactora y programó para el próximo 27 de junio la “celebración de un referéndum” y elecciones para el 19 de septiembre.

Ambas decisiones (referéndum y elecciones en este año) son rechazadas por los partidos de oposición, organizaciones de la sociedad civil y hasta el presidente del partido gobernante (PHTK), a cual pertenece el presidente Moise, se opone a dichos eventos políticos.

Inclusive, la oficina de la ONU en Haití advirtió, la pasada semana, “que el proceso de consultas en torno al borrador de la nueva Constitución que impulsa el presidente Moise no es lo suficientemente inclusivo, participativo o transparente”.

Mientras involuciona ese indeseable panorama político, Haití sigue siendo el país más pobre del hemisferio occidental. Tiene los mayores índices de desempleo y analfabetismo, carece de hospitales, decrece su PIB, escasean los productos de primera necesidad y el agua potable es precaria, lo cual convierte a los haitianos en inmigrantes en condiciones infrahumanas, en su legítimo derecho a la sobrevivencia.

Las variadas acciones que ha implementado la comunidad internacional, las diferentes misiones de la ONU, OEA y colaboraciones del BID, FMI y Banco Mundial que se han destinado para superar la crisis económica, la penuria social y el caos político de Haití han fracasado rotundamente.

En ese caótico, convulso y amasijo de enmarañadas politiquería en que opera en Haití, hay un solo perdedor: ¡El sufrido pueblo haitiano, merecedor de mejor suerte!

Las élites económicas e intelectuales, liderazgos de los partidos y de organizaciones de la sociedad civil haitiana no tienen conciencia del peligro de una posible guerra civil a la que están empujando al pueblo, si no anteponen sus intereses personales y grupales para encontrar el camino de la avenencia que permita salir de esa terrible crisis.

Deben evitar que el pueblo haitiano decida hacer justicia con sus propias manos utilizando sus “históricos y conocidos métodos de tierra arrasada” para resolver su pesarosa situación.

No obstante las frustraciones de la comunidad internacional ante la situación haitiana, el gobierno y líderes políticos dominicanos están compelidos a intensificar gestiones para materializar una verdadera, eficaz y urgente colaboración de EE.UU., Canadá, Francia, ONU, OEA, BID, BM y FMI para ir en auxilio del pueblo Haitiano, ¡antes que sea tarde!

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