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La importante lección que da el motín en La Victoria

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Actualizado el: 30 mayo, 2020 - 8:19 PM (-04:00)

Por Robert Vargas
Ayer, poco después del mediodía se dispararon las alarmas.  La maquinaria de noticias falsas, (fake news), había sido puesta en movimiento y en las redes sociales, sobre todo en WhatsApp se desplazaban a velocidad increíble vídeos cortos que “mostraban” la forma en que los custodios del penal “estaban matando” a los presos en la cárcel de La Victoria, en Santo Domingo Norte.

-“¡Por favor, hagan este vídeo viral, pasenlo a la prensa. Nos están matando”, se escuchó decir a una voz en un vídeo que parecía grabado dentro de la prisión.

En otro corto se mostraba el supuesto “cadáver” de un preso con “un balazo en la cabeza”.

Se trataba de escenas que incitaban al espanto y que pretendían ser creíbles ante una multitud de cibernautas a quienes parece que les encantan las noticias falsas y, todavía más, compartirlas en las redes, sobre todo cuando se trata de perjudicar a un sector político.

Los llamados repetidos de los presos a que hicieran “virales” sus cortos audiovisuales encontraron terreno fértil. Y se hicieron virales.

Los servicios de noticias de la televisión abierta envió hacia La Victoria a sus equipos de reporteros que hicieron turnos hasta casi las 6:00 PM.

El único medio digital que estuvo presente en el lugar fue Ciudadoriental.com, al menos durante las horas que permanecimos allí, y fueron varias.

Lo hicimos ante la abrumadora cantidad de vídeos enviados a nuestros teléfonos  por WhatsApp. Era necesario confirmar antes de publicar.

Una fuente del Ministerio Público confirmó que el motín estaba en progreso. Aún así, mantuvimos la cautela.

-“Vamos para La Victoria”, le comenté a la fuente en el Ministerio Público.

-“No te arriesgues, te recomiendo que no vayas”, me respondió.

Aún así, optamos por ir al lugar de los hechos. 

Llegamos justo después de que se habían escuchado unos disparos y cuando varios supuestos parientes y amigos de presos estaban a las puertas del penal asegurando que:

-“Los están matando”.

Un hombre, que se identificó como “activista de los derechos humanos”, vestía impecable y le llamaban “Dr.” dijo frente a la cámara de Ciudad Oriental que “ya van como ocho muertos”-

-“*¿Tiene los nombres de los muertos? ¿hay alguna evidencia?”, le preguntamos.

-“¿Pero usted no escucha los gritos, ni escuchó los disparos? Mire este video que me lo acaban de enviar de allá dentro. A ese preso la bala le atravesó la cabeza”, reaccionó el individuo algo molesto por nuestra insistencia en tener evidencia de lo que él denunciaba con tanta vehemencia.

Poco después, sentada en un conten, una mujer joven sollozaba porque:

-“Me mataron a mi hermano, Él estaba hablando conmigo cuando le tiraron (dispararon) y lo mataron. Yo quiero que me lo dejen ver”, dijo entre sollozos.

“¿Cuál es el nombre de su hermano, por favor?”, le preguntamos.

-“A él le dicen Cholo”, respondió.

-“Pero, dígame el nombre de su hermano, por favor”, insistimos.

-“No me acuerdo, pero le dicen Cholo”

Me resultó extraño que ella no supiera el nombre de su hermano.

Poco después, otra mujer adulta llegó caminando con paso lento y se dirigía en calma absoluta hacia un transporte de tropas de la Policía.

Ella miró hacia la izquierda, donde estaba una multitud y, en primera línea, los periodistas con sus cámaras. Tan pronto ella vio las cámaras, lanzó un grito que parecía taladrar el espacio y dio la impresión de que se desmayaría, pero le alcanzó el tiempo para agarrarse de la verja de la prisión y no caer al suelo.

Todos fuimos hacia donde la mujer.

-“¿Qué le sucede, doña?”, le preguntó una  mujer jóven que parecía periodista, tenía una buena cámara, y hablaba con con acento extranjero.

-“Mi hijo está ahí y yo creo que me lo mataron”, dijo entre sollozos.

-“¿Quien dijo que lo mataron, cómo usted lo supo?”.

-“Yo escuché en que había un motin y vi un video en el que decían que hay muchos muertos”.

-“¿Mencionaron el nombre de su hijo?

-“No, pero yo quiero que me lo dejen ver para saber si está bien, porque él es inocente”.

-“Doña, deme su nombre”, le solicitó el hombre de los derechos humanos impecablemente vestido.

-“Ese es otro caso que hay que denunciar”, dijo el individuo y de inmediato envió un mensaje de voz a los dirigentes de su organización como “prueba” de lo que allí sucedía.

Cada grito, cada sollozo, era transmitido en directo por las redes o grabado y luego compartido por WhatsApp.

Todo eran rumores. Pequeñas verdades condimentadas con gritos y amenazas y videos “verdaderos” “que me lo acaban de enviar como este con ese preso que la bala le atravesó la cabeza”.

Mientras tanto, delante de las cámaras de los periodistas profesionales y de los teléfonos de los amigos de los presos, varios “familiares” de los reclusos gritaban:

-“¡De aquí no nos vamos! ¡Tendrán que matarnos a todos!

Cuando el reloj marcó las 4:00 PM  comenzaron a hacer preparativos y a las 4:15 PM todos se habían marchado “antes de que comience el toque de queda”.

Hasta la mujer que llegó gritando y diciendo que habían matado a su hijo, se fue del lugar sin hacer ruido.

-“Ya estoy más tranquila”, dijo la mujer, sin ni siquiera saber si su hijo estaba bien o mal.

Allí solo quedaron los presos dentro de la cárcel, los custodios y refuerzos y los periodistas en el solar que está frente a la prisión.

Próximo a las 5:30 PM, una ambulancia salió rauda del establecimiento carcelario. Nadie sabe lo que llevaba dentro.

En las calles las noticias falsas hacían las delicias de aquellos a quienes les encanta creerlas.

Hoy, Viernes Santo, más de 24 horas después del motin, no se conoce que una sola persona fuera asesinada por los custodios y, según la Procuraduría General de la República,  cuatro internos resultaron heridos con perdigones,  y fueron curados en el dispensario médico del penal; un agente policial resultó herido con arma blanca que se la ocasionó un interno. No hubo fugas ni muertos.

¿Cuál es la enseñanza?

Lo voy a escribir, pero estoy convencido de que a cierta gente, que les encanta difundir noticias falsas, esto no le servirá de nada. Es su naturaleza, como el escorpión.

La enseñanza es que, ante cualquier situación, los periodistas debemos cuidarnos de no difundir noticias falsas porque esto puede crear histerias colectivas que dañarán a la población en conjunto.

A nosotros nos entregan toneladas de megas de videos “verdaderos” y de “documentos totalmente ciertos”, que luego resultan ser falsos.

-“Robert, y porqué Ciudad Oriental no ha dicho ni una sola palabra de …. tú no viste el video? ¿Quiere que te lo envíe?”, nos recriminan.

-“Ya lo vimos, pero desconocemos la fuente y qué tan verídico es”, respondemos.

Días más tarde nos dicen:

-“Tú tenías razón, ese video es falso”.

Nosotros, simplemente, sonreímos.

Existen algunos “medios digitales” que incurren en la ligereza de publicarlos. Que les vaya bien.

Por lo menos, a los lectores de Ciudad Oriental les recomendamos cuidarse de las redes. Son excelentes instrumentos, pero también pueden hacer daño brutal.

Hay que aprender a buscar la verdad entre ese inmenso mar de mentiras.

Quien no lo haga, se intoxicará de mentiras y, eventualmente, se llenará de odio, y hará lo mismo con otros.

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