El coronel Bello frente a la mujer con las piernas abiertas

Reacción del coronel Bello ante la mujer que abrió sus piernas; el agente del DNI y un tiro en la recámara + Vídeo

Por Robert Vargas
Durante la madrugada de ayer domingo 16 de diciembre, aquella mujer jóven abrió sus piernas de par en par y observó sonriente “su naturaleza” que ella misma percibía como algo “grande”. Su amiga, la observó asombrada.

Pero la mujer estaba atenta al coronel Franklin Bello, quien es el comandante de la Policía Nacional en el Departamento E-2, con asiento en el cuartel Felicidad, de Los Mina.

A ella no le importó que ese colmadón estuviera repleto de policías, militares y hasta un fiscal que requisaban a todo el mundo en busca de armas de fuego, armas blancas y drogas. Su atención estaba enfocada en el coronel Bello.

La joven vestía un ajustado pantalón color rosa y una blusa con tela de franela.

A pocos pasos de ella y su amiga estaba el general Ludwin Suardí Correa, un oficial superior de la Fuerza Aérea Dominicana, un fiscal, varias mujeres y otros hombres que disfrutaban de la madrugada ingiriendo alcohol.

El General Suardí sostiene una pistola incautada en un colmadón del Ensanche Ozama

Suardí Correa tenía en sus manos un revólver que le acababan de ocupar a un hombre que llevaba en su cartera un carnet del Departamento Nacional de Investigaciones, (DNI), la policía política del gobierno.

Era la primera arma de fuego, de cuatro que se incautaron entre Los Mina y el Ensanche Ozama en la segunda “visita sorpresa” durante las madrugadas de las tropas comandadas por Suardí Correa en drinks, discotecas y colmadones de esta parte de Santo Domingo Este.

A la jóven mujer no le importaban las armas de fuego ni  blanca, ni que buscaran drogas, ni la masiva presencia de tropas en aquel colmadón y en su entorno en Vietnam, en el norte de Los Mina.

Su mirada delataba su aparente fascinación por el coronel Bello, mientras mantenía las piernas abiertas en forma sugerente.

Es más, tampoco le importaba que las cámaras estuvieran captando la escena.

Todo fue muy rápido, pero la cámara de Ciudad Oriental captó la escena. Ella quería decirle algo al oficial.

Mientras tanto, el general Suardí Correa sacó del tambor del revólver las seis balas que contenía y su propietario se mantenía sonriente y colaborador. El revólver parece que lo tiene en posesión amparado en un “formulario 25”, de esos que usan los cuerpos armados de República Dominicana para dotar de armas a sus colaboradores y “calieses”.

El presunto agente del DNI (camiseta roja) a quien le ocuparon el revólver en Vietnam de Los Mina

Aunque el negocio y su entorno estaban repletos de personas, este presunto agente del DNI era el único que llevaba encima un arma. Quizás ni le importa lo que digan las autoridades de aquello de que policías y militares deben abstenerse de ir con armas de fuego a esos centros de diversión.

Pero, esa es la realidad, ayer en la madrugada se comprobó que quienes más van con armas a los drinks, discotecas y colmadones de Santo Domingo Este no son civiles, sino policías, militares y los relacionados con estos.

(En un momento les digo lo que hizo el coronel Bello cuando la mujer le tocó ligeramente por un brazo y le solicitó de manera sugerente que “revisame aquí”, señalando su órgano sexual).

Antes debo explicarles que las apariencias sugieren que las “visitas sorpresas” de Suardí Correa con sus tropas y fiscales ya van dando sus frutos.

Su intención es prevenir incidentes sangrientos y mortales en estos escenarios de elevada concentración de personas que beben alcohol y, en algunos casos, consumen “sustancias controladas”, tal como se comprobó al ingresar a un estrechísimo “drink” de Katanga, donde solo se respiraba el humo de marihuana.

Armas ocupadas a dos oficiales de la PN en Katanga

La estrategia de Suardí Correa

Esta ha consistido en llegar a los lugares que van a inspeccionar con una masiva presencia de tropas. Van en la comitiva policías de la Preventiva, un oficial superior de las Fuerzas Armadas (por si acaso se encuentran con algún militar violento que no quiera ser sometido por los policías), un fiscal, y en las motos y en un camión, un impresionante número de “topos”.

Estos últimos, vestidos de negro, chalecos antibalas también negros, armas de asalto ligeras y los rostros cubiertos con pasamontañas, también negros, tienen un efecto sicológico paralizante.

Unos van delante, y otros, en buen número, cubriendo la retaguardia, puesto que saben que al salir de esos barrios pueden ser atacados con piedras o botellas.

Hasta ahora no ha sido necesario que los “topos” actúen como ellos lo hacen.

El general Suardí, izquierda, y el capitán de la PN, con gorra, a quien le ocuparon una pistola en Katanga

Las tropas llegan a los locales que serán inspeccionados en los vehículos y las centellas encendidas.

Una vez asegurado todo el perímetro, el fiscal y varios oficiales, con el coronel Bello a la vanguardia, entran al establecimiento y solicitan que el sonido sea apagado.

Mientras esto ocurre, las tropas se deslizan por todos los rincones dentro del establecimiento y la puerta de acceso, que generalmente es también la de salida es, literalmente, sellada. Nadie entra ni sale. La sorpresa es de quien la da.

Ya con todo bajo control y sin posibilidad que nadie se atreva a hacer nada fuera de lugar, Bello o el General Suardí Correa toman el micrófono yle informan a todos que allí están la Policía, las Fuerzas Armadas y el Ministerio Público; que harán una requisa para garantizar que nadie tenga armas de fuego, armas blanca ni sustancias controladas (drogas).

Entonces inician las requisas a todas las personas, una a una. Los policías varones requisan a los hombres y las mujeres policías a las mujeres.

Es curioso, pero a los policías hombres no les gusta revisar a los gays, puesto que estos “siempre se propasan”, y quieren que les revisen todo y por todas partes.

Hasta se les ponen “de reversar” e intentan rozarle sus nalgas con los penes de los policías, pero estos se ponen bastante serios e imponen su autoridad.

Después que todos han sido quisados y luego que han buscado por todos los rincones, entonces los oficiales superiores le agradecen el comportamiento, los animan a seguir como hasta ese momento y, finalmente, les desean que pasen feliz navidad. Tras este último deseo, generalmente, llegan los aplaudos y felicitaciones a los policías, quienes se marchan hacia otro lugar.

Suardí conversa con la propietaria de un drink frecuentemente denunciado por ruidoso en el Ensanche Ozama; ella alega que le quieren “hacer daño” y qye su música “no le molesta a nadie”

¿Resultados?

Ya se ha corrido la voz de que en cualquier momento Suardí Correa hará una “visita sorpresa” y los civiles no llevan armas, o las esconden bastante bien fuera del establecimiento.

A quienes parece no importarle lo que suceda es a algunos policías y militares que se consideran a sí mismo por encima del bien y del mal y que, por tanto, pueden ir con sus armas de fuego a cualquier drink, colmadón o discoteca.

Ya les expliqué lo que sucedió en aquel colmadón de Vietnam donde la mujer aquella “se comía” al coronel Bello con la vista mientras abría sus piernas en forma sugerente.

Quién tenía un revólver en ese lugar era un hombre con un carnet del DNI.

En Katanga ocurrió que, a las puertas de un colmadón, estaba sentado aquel hombre con barbas, una gorra y con apariencia de que “tiene dinero”.

La comitiva policial se detuvo exactamente frente a él. Cuando este vió a tantos policías armados y esos ramos en las gorras de los oficiales, entendió que “algo ocurría”.

Rápidamente se montó en su vehículo, un Honda Civic negro sin placa y con un potentísimo equipo de sonido que ocupaba por completo el asiento trasero y el baúl. Quería “escapar”.

El mismo Suardí le tocó rápidamente el baúl para que el individuo no se marchara. Era evidente que su perfil era sospechoso.

“Detengan ese auto”, ordenó.

El hombre no pudo avanzar más y se desmontó.

Y, ¡Oh sorpresa!

Era nada más y nada menos que un capitán de la policía, que para nada parecía tal.

Algunos de los que iban en la comitiva le decían a Suardi Correa:

-“El es un capitán de la Policía”.

Su intención era que no fuera requisado y le permitieran marcharse.

Sin embargo, en pocos segundos el individuo y un amigo suyo, policía también, fueron desarmados. Era la tercera arma de fuego de la noche.

La pistola del “capitán” tenía una bala en la recámara, lista para ser disparada.

Las autoridades se incautaron de las dos armas.

El recorrido continuó y, en el Ensanche Ozama, en un colmadón, fue localizada otra pistola.

Finalmente, la comitiva llegó hasta las grandes discotecas de la avenida Venezuela, en ninguna fueron encontradas armas de fuego, ni machetes ni cuchillos.

Las visitas a esos lugares concluyeron en aplausos para la policía.

¿Qué revelan estas visitas sorpresas a los drinks, colmadones y discotecas durante las madrugadas?

Una observación ligera, muestra que en materia de diversión, “el sexo débil”, le lleva la delantera a los hombres. Las mujeres superan por mucho a los hombres en esos centros de diversión y en horas de la madrugada.

También se ha observado que en muchas ocasiones,  muchas de esas mujeres tienden a ser más violentas y agresivas que los hombres.

Así como en las universidades hay más mujeres que hombres, parece que durante las madrugadas ocurre lo mismo en las discotecas.

Durante esas incursiones policiales es muy raro escuchar a los hombres con expresiones descompuestas, no así en el caso de muchas mujeres que pronuncian expresiones impublicables.

Ningún policía se atreve, ni de relajo, a insinuarsele a una mujer, pero estas “acosan” sin rubor a los policías, sobre todo, a los que llevan ramos en las gorras.

Algo así fue lo que sucedió con el coronel Franklin Bello, cuando la mujer le pidió que “registramelo” y luego, le rogaba a otro que “yo quiero que me lo metan preso”.

Bello, inteligente, se abstuvo de mirar el “objeto” que la mujer quería que él le revisara, y asignó a una mujer policía para que la requisara.

El otro detalle es que quienes más armas llevan a esos centros de diversión son los militares y policías.

Definitivamente, ese mundo de los drinks, colmadones y discoteca, es, sencillamente, “otro mundo” donde las mujeres parece que compiten y le ganan a los hombres en muchos aspectos, incluída la osadía.

 

 

 

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