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Las infamantes tropelías del gobierno nicaragüense

Por Juan López
El noble pueblo nicaragüense padeció, durante 42 largos años, la tenebrosa dictadura de los Somoza (Tacho y Tachito, padre e hijo) que, gracias a las titánicas luchas que lideró el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) fue derrocada en 1979, bajo los fundamentos y promesas de crear un sistema democrático donde reinen las libertades, respeto a los derechos humanos, progreso y bienestar social en la Nicaragua del eximio poeta Rubén Darío y del general de hombres libres Augusto César Sandino.

Desgraciada y lamentablemente todas esas promesas fueron absolutamente incumplidas, se volvieron “sal y agua” y durante más de 27 años (1981-1985, 1985-1990, 2007 actualmente en ejercicio, con 17 en gobiernos consecutivos) el tristemente “célebre comandante” Daniel Ortega ha sometido a Nicaragua en igual o peor situación económica, social y política que en la dinastía de los Somoza; en especial, a partir de la fantoche mancuerna gubernamental que formaron los septuagenarios Daniel Ortega (con 79 años de edad) y su perturbada esposa Rosario Murillo de 74 años.

Después de las protestas sociales que se escenificaron en Nicaragua, en abril de 2018, contra el trivial proyecto de reforma de la seguridad social, el superego de los Ortega-Murillo se transformó en una insufrible dictadura que se mantiene en el poder por vía de horripilantes y evidentes fraudes electorales, para lo cual ha llenando las cárceles con los líderes de los partidos de oposición, sacerdotes, periodistas, dirigentes de organizaciones de la sociedad civil y estudiantes.

Esas infamantes tropelías contra todas las libertades, los derechos humanos y sinecuras que, en formas despiadadas, con las que están aprovechándose de los recursos económicos, políticos y militares del poder del Estado nicaragüense, a los fines de materializar para la presidencia y vicepresidencia de los esposos Ortega-Murillo, en los comicios de 2021.

La mutual Ortega-Murillo impuso esa segunda reelección consecutivas con malas artes, puesto que los 7 principales candidatos de la oposición fueron apresados al inicio de la campaña e ilegalizaron sus respectivos partidos, principal razón por la que esa falsa electoral fue desconocida por la comunidad internacional ya que carecía de legitimidad.

La apesadumbrada realidad socio-política que, actualmente, padecen los nicaragüenses como consecuencia de las infamantes tropelías de la dictadura de los Ortega-Murillo se evidencia en este vergonzoso rosario de gravosas situaciones:

a) Persecución y represalia contra la libertad de cultos que se manifiesta a través de cinco obispos y 35 sacerdotes católicos apresados y posteriormente deportados mediante juicios sumarios por la baladí acusación de “traidores a la patria”.

b) La dictadura impide la realización de las procesiones de los feligreses y sacerdotes católicos de la Semana Santa, argumentando a priori que serían utilizadas para conspirar contra el gobierno.

c) Decenas de periodistas, estudiantes, líderes políticos y sindicales están presos sin juicios, otros han sido deportados y varios se mantienen en la clandestinidad por las persecuciones gubernamentales.

d) El gobierno ha clausurado 22 diferentes universidades e institutos de educación superior. También a la Cruz Roja. A todas esas instituciones les han incautados sus propiedades.

e) Más de 250 diferentes organizaciones de la sociedad civil han sido privadas de sus personerías jurídicas e inhabilitadas.

f) A los cientos de nicaragüenses deportados les incautaron sus pasaportes y también les despojaron de sus bienes y de la ciudadanía.

g) La libertad de expresión ha sido brutalmente aniquilada mediante el abusivo e ilegal cierre de emisoras de radio, canales de televisión y clausuras de periódicos.

A esos tenebrosos e injustificados episodios de tropelías políticas, en pleno siglo XXI, se le agrega el incremento de la pobreza, del analfabetismo, el desempleo y la exclusión social que están padeciendo diferentes razas indígenas.

Esta reflexión es una sincera manifestación de indignación y reiterada exhortación a la comunidad internacional (OEA, ONU, SIP, Unión Europea, organizaciones de los derechos humanos) para que, definitivamente, asuman una actitud con mayor determinación en solidaridad con el pueblo nicaragüense que tanto dolor, muerte y sangre le han infligido la dinastía de los Somoza y la actual dictadura de la mancuerna Ortega-Murillo, para aplicarles un fuerte torniquete a las infamantes tropelías contra el noble y muy sufrido pueblo nicaragüense con un enérgico y categórico ¡Basta ya!

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