lunes, 15 de junio de 2026
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Los Reyes Magos y dioses: las creencias que no resisten el embate del razonamiento

Por William Perdomo
El ser humano necesita creer, soñar, fantasear. Depositar su fe en algo que lo trascienda, ya sean Reyes Magos, hadas o dioses con poderes divinos.

En la niñez, estas ilusiones reconfortan y dan sentido a nuestra existencia. Pero la imparable llegada de la adultez trae consigo un arma demoledora: la lógica racional.

Y toda creencia basada solo en nuestros anhelos infantiles, se evapora cuando el embate de la razón la enfrenta. Como un hermoso oasis que el sediento viajero descubre desencantado que es un espejismo.

Así se desmoronan los Reyes Magos ante el intelecto del adulto.

La noche del 5 de enero, los niños de muchos países alrededor del mundo se duermen expectantes, con la esperanza de que Los Reyes Magos traigan los regalos tan ansiados.

Para los pequeños, Melchor, Gaspar y Baltasar son tan reales como Papá Noel. Sin embargo, tarde o temprano, la cruda realidad les enseña que se trata solo de un mito.

Tal es el caso del autor de la reflexión que nos ocupa, quien después de 50 años de fútiles súplicas a sus majestades, se lamenta con frustración: «Definitivamente, los Reyes Magos son un penoso fracaso». Y no le falta razón.

Desde muy niño, les entregó interminables listas de juguetes y sueños imposibles. Pero la respuesta siempre fue la misma: una pelota cada año, nada más.

El desengaño es grande al crecer y percatarse de que los Reyes no existen. Que son solo producto de la imaginación colectiva y el espíritu navideño.

Por más que se empeñe en pedir el premio de la Loto o «un enredo con Jennifer Lopez», la realidad es tozuda y las ilusiones de la niñez se desvanecen.

Algo similar ocurre con otras creencias populares sobre seres o fuerzas supernaturales. La fe en ellos suele nacer en la infancia, cuando aún no se tiene un pensamiento crítico desarrollado.

Pero al madurar, la lógica y la razón llevan a conclusiones escépticas sobre su existencia real.

Son sólo ideas que habitan en la mente del creyente, sin una base objetiva. De ahí la importancia de fomentar el pensamiento analítico y racional desde temprana edad, para evitar decepciones innecesarias.

¿O acaso alguien sensato sigue esperando a los 35 años que le traigan regalos seres imaginarios?

En conclusión, los Reyes Magos y otras entidades sobrenaturales son parte del acervo cultural y la idiosincrasia de los pueblos. Tienen un gran valor simbólico, pero no pasan de ser eso: símbolos, arquetipos, manifestaciones del inconsciente colectivo.

Cuando la lógica los enfrenta, se desmoronan como castillos de naipes. Queda entonces el poso amargo del desengaño, que muchos preferirían evitar.