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Me equivoqué largo a largo.

Por Franc Quezada

Pocos días antes de las recién celebradas elecciones de este 19 de mayo nos aventuramos a apostar que Leonel Fernández y Abel Martínez iban a bailar pegados.

Sostuvimos esa hipótesis basándonos en los resultados de las elecciones municipales de febrero y en la estructura del PLD, que, aunque ha sido golpeada por una deserción indetenible, todavía superaba en organización al partido de Leonel.

En los hechos no resultó así.

Nos equivocamos rampantemente.

Leonel obtuvo más de un 28 por ciento de los votos válidos mientras que el candidato morado ni siquiera alcanzó el 11%.

Una diferencia tremenda.

Los leonelistas casi triplicaron a los danilistas.

Al parecer los intereses y la simpatía política obnubilaron mi raciocinio.

Confundí mis deseos con la realidad política.

Di por hecho que Leonel tenía un techo por debajo del 25 por ciento.

Así lo afirmaban la mayoría de las encuestadoras.

Graso error.

También pensé que, como Abel tenía muy poca taza de rechazo y además es cibaeño, superaría con varios puntos porcentuales a lo que le asignaban las encuestas.

De esa manera se acercaba al tres veces presidente.

Ni por asomo.

Ahora está saliendo a la luz que el PLD fue impactado a último momento por una extraña división interna que se manifestó con el ausentismo electoral de varios de sus altos directivos.

Al parecer existen algunas razones aún ocultas para el descalabro operado a última hora en la candidatura de Abel.

Aunque este escrito no lo hago con ánimo de justificar mi anterior falta de objetividad política, creo que la verdad debe ser dicha.

Y esa verdad nos indica que el candidato Leonel Fernández fue ampliamente favorecido por lo que él mismo denominó “una carta debajo de la manga” que no fue otra cosa que una ofensiva de campaña sucia y negativa contra el presidente Abinader.

En otras palabras, a última hora Abel bajó su puntuación arrastrado por una conspiración interna, en tanto que Leonel subía par de escalones gracias a su maquiavélica campaña sucia y fraudulenta.

Por ciento, en una acción temeraria y sin precedentes, varios reconocidos reverendos cristianos se prestaron a esa burda tergiversación de la verdad.

De todas maneras, Luis Abinader se reeligió sin necesidad de una segunda vuelta electoral, aunque con un porcentaje menor del que marcaron las encuestas, mientras que Leonel Fernández se distanció de Abel y redujo distancia de Abinader.

El genio del mal, el calculador.

El que proclama: “O yo o que entre el mar”, ahora se erige como el jefe de la oposición.

El partido morado se queda fuera del juego y corroído por inminentes trifulcas internas.

Y quien esto escribe tendrá que aceptar la lección y ser más cuidadoso y objetivo en los planteamientos para no volver a equivocarse largo a largo.

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