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Otra vez, la OFAC lleva alegría a decenas de niños en su cena anual

En ese ambiente de crisis económica para ellos, los miembros de la OFAC  han sabido reaccionar con un espíritu de unidad y entusiasmo extraordinario.

Por Robert Vargas
¿Quiere ver el entusiasmo y la entrega desinteresada hecho personas?

Entonces, mire hacia la Oficina de Asistencia Social y Comunitaria, (OFAC), que preside Domingo Jiménez, pero hágalo ahora cuando este está fuera de las bendiciones del poder y el presidente Danilo Medina parece que no le perdona su eterna fidelidad al líder del PLD, Leonel Fernández.

Observarlos ahora es importante porque para ellos, los de la OFAC, soplan vientos malos económicamente hablando.

Aún así, su entusiasmo y alegría no disminuyen.

Al contrario, suben.

Este año yo creí que no podrían realizar la cena anual que brindan a niños de Santo Domingo Este como parte de su compromiso social.

Esas dudas surgen porque, en general, Danilo Medina parece que está decidido a mantenerlos contra la pared y hasta asfixiarlos económicamente.

Solo hay que recordar que Domingo Jiménez, a quien nadie le ha señalado nunca un solo acto de corrupción, fue expulsado de la Administración pública tan pronto Medina asumió la Presidencia en el año 2012, mientras el gobernante actuaba en sentido contrario con otros que están en en el ojo del huracán de la crítica social por su presunta implicación en «indelicadezas».

En ese ambiente de crisis económica para ellos, los miembros de la OFAC  han sabido reaccionar con un espíritu de unidad y entusiasmo extraordinario.

Esa aptitud los llevó a tocar puertas y a «romper sus alcancías» para reunir lo necesario con lo que hacer que decenas de niños y niñas pobres vivieran una noche de fantasía y alegría, esta vez en el patio de la parroquia Paz y Bien, en el Ensanche Ozama.

Antes lo han hecho en distintos barrios de Los Mina.

Esta vez se fueron a otro lugar.

Con los pequeños de la Casa Hogar San Francisco de Asís y la Casa Hogar Divina Providencia.

Había que verlos entregados por completo para que la muchachada tuviera algunas horas de felicidad con una espectacular presentación artística y una suculenta sena, como ellos saben prepararla cada año.

Había que ver la satisfacción en el rostro del sacerdote Frankelly Rodríguez, párroco de la parroquia Paz y Bien.

Cada uno de los niños y niñas llevaron con ellos un regalo personalizado cuidadosamente envueltos en fundas o cajas especiales para la ocasión.

¿Cómo lograron hacerlo si ellos están en crisis económica?

Ya se  lo dije un poco más arriba: Tocaron puertas y rompieron sus alcancías.

Lograron que cada niño y niña que asistiría a la fiesta fuera apadrinado por una persona amiga de la OFAC.

La mayoría de esos padrinos y madrinas fueron personalmente a las tiendas para escoger los regalos.

Algunos, incluso, se entusiasmaron tanto que buscaron a sus ahijados, tras solicitar autorización de las religiosas que los cuidan, y se fueron con ellos a comprarles sus regalos.

Todos querían que los ahijados se sintiera satisfecho.

Y así ocurrió.

Cuando la fiesta comenzaba, Domingo Jiménez, les habló.

Parecía que tenía el corazón en las manos cuando recordaba a su padre, «que Dios lo tenga en la gloria», como dice él.

Les mencionó sus tiempos de penurias cuando en el hogar no había qué comer y congratuló a su equipo por la entrega que mostraban.

Ese equipo, sin recibir un solo centavo de paga, decoró el lugar y se aseguró de que cada niño se sintiera feliz.

Allí estaban todos.

En cada mesa, uno o una de la OFAC.

En un lado, la suculenta cena lista para ser servida.

La sirvieron y en pocos minutos la devoraron. Incluso Domingo y el padre Frankelly.

Lo hicieron mientras el ambiente se llenaba de una música y canciones de sobremesa con espíritu navideño a cargo de unos jóvenes artistas de la parroquia.

Luego, llegó el plato fuerte: la animación por un extraordinario  y dinámico artista que comenzó interpretando viejos merengues como «Compadre Pedrojuan» y que provocó una verdadera explosión de entusiasmo en la chiquillada cuando el artista cambió de merengue a música urbana.

El artista, tomó el micrófono, gritó algo y le agregó un sonoro:

-«¡¿Que qué?!, ¡¿Que qué?!».

La multitud de chiquillos y chiquillas respondió al unísisono:

-«¡Siete pollos!».

En algún momento se escuchó la música que usa cierto artista urbano y todos los niños y niñas cantaron…

«Oye, olvidate de los problemas
Porque la vida es una sola
….»

Por ahí siguieron.

Asombrado con lo que yo veía y escuchaba, me aproxime al padre Frankelly y le dije:

-«Padre, ellos (los niños y niñas) se saben todos los temas urbanos…».

Frankelly rió de buena gana y me respondió:

-«Y eso, que esos son los muchachos de las monjas».

Llegó una carcajada de parte de ambos y un «razonamiento» de parte del religioso:

-«En las fiestas hay que dejar a los urbanos para el cierre, porque si estos lo hacen primero, la fiesta se cae».

El lo sabe por experiencia y la fiesta de la OFAC a los niños y niñas se  lo demotró: el cierre es para la música urbana.

El final llegó con un tema pregrabado con el que le decían a todos que el próximo año volverán a encontrarse en un nueva fiesta con el espíritu,la alegría y el entusiasmo de la OFAC y sus amigos.

Domingo Jiménez, allá, en el fondo, parecía estar feliz.

Misión cumplida.

¡Firme!

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