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¿Para qué sirve la OEA?

Por Juan López
Por sus ineficaces acciones y tímidas “resoluciones” ante la dramática y gravísima crisis económica, social, humanitaria y política por la que atraviesa la vecina república de Haití, nos preguntamos ¿para qué sirve la Organización de Estados Americanos (OEA)?

Los hechos, más que los hueros discursos de su inefable secretario general y las inútiles resoluciones de la Asamblea General y de su Consejo Permanente, la OEA ha quedado evidenciada, una vez más, como una institución burocrática, inepta, pesada, lenta, muy costosa para los 35 países que la integran y sesgada políticamente.

Juan López
Juan López,

Con parcializado comportamiento, su secretaría general y el Consejo Permanente «han tenido iniciativas» y rápidas reacciones ante las crisis que afectan a Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Frente a Cuba son radicales y agresivos, desde 1962 que la “expulsaron de su estructura”; mientras que, en 1965, apadrinaron y pretendieron legitimar la segunda intervención militar de EE.UU., mancillando la soberanía nacional y conculcando el derecho a la autodeterminación del pueblo dominicano”.

Si bien es cierto que la profundización de la histórica crisis haitiana se expresó a través del cruento magnicidio de su presidente Jovenel Moise, el pasado 7 de julio, también es muy cierto que Haití viene atravesando, desde hace décadas, por una crisis de gobernabilidad que se visibiliza a través de su inestabilidad política, ausencia de institucionalidad, en sus interminables crisis económica, social, inseguridad ciudadana, hambruna, vacío de poder al borde de una guerra civil y, por el derecho a sobrevivir que se refleja en la masiva y constante emigración que puede afectar la paz social de la región.

Ante ese tétrico y muy visible panorama haitiano, la OEA ha tenido una actitud indiferente e indolente, limitándose a insulsas e impracticables resoluciones. Por ejemplo, ante el asesinato del presidente Moise, la secretaría general de la OEA se circunscribió a esta sosa declaración:

“Condenamos en los más fuertes términos el asesinado del presidente… Rechazamos este objetable acto. Nuestras más profundas condolencias y nuestra solidaridad con el pueblo haitiano en este difícil momento.” ¡Sin más nada. Sólo eso!

Ahora, en la pasada semana, como resultado de la presión ejercida por R. Dominicana, Costa Rica y Panamá, se incluyó en la agenda de la 51 Asamblea General (virtual) la dramática crisis haitiana, cuya resolución pasará “sin pena ni gloria”.

Por ese apático, frío comportamiento e inutilidad de la OEA, es que cuando se acude y clama ante la comunidad internacional para que, con urgencia, interceda ante Haití, conscientemente se desestima a la inútil OEA.

Así se justifica y explica nuestra solicitud para que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) asuma la responsabilidad y el liderazgo para implementar un fideicomiso, como el mejor y más viable mecanismo para abordar la crisis haitiana con perspectivas de soluciones.

Por eso, en tres diferentes reflexiones que publicamos en este importante medio de comunicación, pedimos la urgente implementación de un fideicomiso. El pasado 11 de julio (4 días después de la muerte del presidente) con el artículo “Magnicidio en Haití: Vacío de poder e incertidumbre… ¿Qué hacer?”; otro el 15 de agosto, “Haití urge de real y efectiva ayuda humanitaria”.

Y para reflejar más claro el propósito de esas publicaciones, en los últimos párrafos se lee la síntesis de nuestra reflexión del 26 de septiembre titulada “La ONU debe gestionar solución a la crisis haitiana”:

“Que el Consejo de Seguridad de la ONU sea convocado de urgencia para abordar la problemática haitiana y que en esa sesión se apruebe gestionar un consenso con el liderazgo político, empresarial y de organizaciones de la sociedad civil a los fines de implementar un fideicomiso por dos o tres años para que la ONU, a través de un equipo de técnicos pueda administrar el gobierno haitiano, con la colaboración económica del BID, Banco Mundial, FMI, EE.UU. Canadá y la Unión Europea.

“Así, y sólo así, se podría superar la histórica y agravante crisis de Haití y conseguir que los haitianos visualicen un nuevo y mejor horizonte que les garantice la convivencia pacífica, democrática, justicia social y mejor calidad de vida que se merecen. ¡Ojala así ocurra!”
14 de noviembre del 2021.

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