
Por Carlos Rodríguez
o que decía don Juan: “El que no sabe gobernar, no sabe nada.” Desde las páginas de la historia y en la voz de uno de los más grandes políticos de América, se nos recuerda que la verdadera dirección de un pueblo no puede estar en manos de quienes solo buscan el poder por el poder mismo, sin planificación. La sabiduría, la experiencia y la verdadera capacidad para transformar una nación no se miden por la cantidad de votos que se obtienen, sino por la calidad del compromiso en producir el bienestar común de un país. La política no es un espectáculo de apariencias; es una responsabilidad sagrada que requiere personas preparadas, honestas, con visión y carácter.
Ahora, haciendo recordar las palabras de Platón, quien cuestionaba quiénes deben gobernar y no cómo, podemos entender que en nuestro país la respuesta sigue siendo la misma: en manos de una élite que ha demostrado, una y otra vez, su incapacidad para resolver los problemas reales del pueblo y que acude a recibir orientaciones de quienes saben gobernar. La vieja política, esa que se refugia en la exclusión, en la perpetuidad de unos pocos en el poder, no se debe mantener ni sostener porque esto solo ha contribuido a profundizar la desigualdad, la no incorporación de nuevos actores y el atraso de personas que se atornillan en sus puestos y no abren la puerta al talento, porque ser joven no es tener talento. La República Dominicana necesita una renovación profunda, un liderazgo que no se limite a los intereses de unos cuantos, sino que represente verdaderamente a todos, sin distinción ni privilegios.
Más allá de los discursos y las promesas vacías, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Quién debe gobernar nuestro país? La respuesta no puede ser otra que los ciudadanos comprometidos con su nación, aquellos que sienten en su corazón la urgencia de un cambio genuino. Es hora de desterrar la idea de que el poder solo pertenece a quienes nacieron con la corona, y abrir paso a quienes tengan la capacidad, la voluntad y la honestidad de construir un futuro diferente. La inclusión, la transparencia y la justicia social deben ser los pilares de nuestra política.
Para que la República Dominicana avance, debe ser gobernada por quienes entienden que su misión es servir al pueblo , no servirse de la política. La verdadera élite no es la que ostenta privilegios, sino aquella que se dedica a elevar a su pueblo, a crear oportunidades y a sembrar las bases de un país más justo y digno. La historia no perdona a los que solo buscan mantenerse en el poder buscándose lo suyo , de lo que estoy seguro que sí recompensa a quienes actúan con valentía , dedicación y compromiso. La pregunta no es quiénes han gobernado, sino quiénes deben volver a gobernar hoy y en el futuro: los que tienen la pasión, la integridad y la visión de un país que merece mucho más, porque antes estábamos mejor.
