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Reforma fiscal: Una entre doce. ¿Será posible?

Por Juan López
Al margen de los deseos y buenas intenciones, la prudencia y experiencias políticas nacionales y en otros países latinoamericanos aconsejan que, en lo que resta de este año, no es posible realizar una reforma fiscal, porque en la R. Dominicana (RD), actualmente,  no existen las condiciones objetivas y subjetivas imprescindibles para tales propósitos.

Una reforma fiscal, cualquiera que sea su calificativo, tiene como objetivo  mejorar los ingresos del Estado, aumentando la presión tributaria a través de la  ampliación o creación de más impuestos directos e indirectos que, obviamente, pagarán los ciudadanos, en especial la clase media y sectores populares, independientemente del eufemismo que se utilice para gestionar su aprobación.

Por eso es muy preocupante que el presidente Abinader, como parte de la “pomposa celebración” de su  primer aniversario como primer mandatario, en un “rendimiento de cuentas de sus ejecutorias atípico”  y,  pletórico de emoción, solicitara, por séptima ocasión, “al liderazgo político, empresarial y de las organizaciones sociales que le acompañen  para realizar 12 importantes reformas”, para lo cual les enviará una comunicación. ¡Sí, solo eso, una comunicación!

Entre esas 12 “prometedoras reformas” se encuentra la muy cacareada reforma fiscal, con el objetivo  de incluir sus posibles recaudaciones en la ley de  presupuesto nacional para el próximo 2022.   Recuérdese, el poder ejecutivo, constitucionalmente, está compelido a depositar ese proyecto de Ley en el Congreso Nacional,  a más tardar el 1ro. de octubre de este año. ¿Qué les parece?

El presidente Abinader, el 23 de julio del 2020, antes de tomar posesión y en su discurso de juramentación (el 16-8-20) prometió  gestionar la unidad nacional a los fines de “…todos juntos como nación” enfrentar la crisis sanitaria, económica y social que estaba generando la pandemia del coronavirus.

La crónica periodística nacional recoge que el presidente Abinader también ha realizado otros cinco llamados, en diferentes fechas,  con esa misma finalidad. Pero, en la realidad,  todo ha sido “un amagar y no dar” porque, hasta al momento,  no ha ejecutado  la primera acción destinada a la concreción de la necesaria unidad nacional.

Esta situación la visualizamos en la reflexión que publicamos con el título “Reforma fiscal Vs. paz social en RD”, en este prestigioso periódico, el pasado 9 de mayo,  con estas advertencias:

“Nos identificamos, plenamente, con los economistas y líderes políticos responsables que consideran como improcedente la realización de  una reforma fiscal antes de que se reactive la economía, porque podría generar un clima de ingobernabilidad y protestas sociales de consecuencias imprevisibles”.

“Si se procede en un momento como el actual, en que …los precios de varios productos básicos de la canasta familiar están aumentando; a realizar una reforma fiscal se provocará una perturbación político-social que superará con creces la poblada del 1984 y los recientes acontecimientos de Colombia.”

La sensatez aconseja que, previamente,  el presidente Abinader debe proceder a crear las condiciones políticas apropiadas para efectuar “negociaciones” con los líderes políticos de la oposición, representantes de  la sociedad civil y empresarial para identificar momento, procedimientos y  aspectos esenciales que permitan la firma de un pacto que facilite la realización adecuada de la reforma fiscal. ¡Hacer lo contrario será una peligrosa decisión que afectará significativamente al pueblo dominicano!

Por todo lo anterior, exhortamos al presidente Abinader a reflexionar un poco más  y trate de ver más objetivamente la realidad y “poner el oído en el corazón del pueblo” para no dar palos a ciegas que marchitarán su gestión gubernamental, porque una reforma fiscal en la RD, en este año, ya es imposible.

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