viernes, 9 de octubre de 2026
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Tirar la piedra y esconder la mano

Por Felipe Castro
a perversidad es una de las miserias humanas con mayor presencia en la actividad social. La cual, casi siempre, quien la aplica, más que tener talento para enfrentar a quien va dirigido ese mal, el precursor está intoxicado de envidia. Siempre se cree sabio frente a quien considera ignorante, y, frente a la práctica intelectual del sabio, se muestra dubitativo y nervioso.

La perversidad es circunstancial al imbécil, cuya acepción psicológica se define como alguien molesto, grosero, irritante y con una profunda falta de consideración hacia los demás. Este personaje siempre confunde los roles, se cree más inteligente que el inteligente mismo y desdeña al techado de virtud. Su torpeza le hace creer que es lo mismo Frank Rainieri, que Frans Rayniery; Robertico Salcedo, que Robertiko Zantana; Guido Gómez Mazara, que Guido Gómez Mazara; José la Luz, que José sin Luz, y, Alofoke que Santiago Matías.

Bueno, resumiendo rápido esas diferencias o similitudes, es de absoluto conocimiento social que Frank Rainieri es el principal promotor de la espina dorsal de la economía dominicana y su aporte ha sido trascendental para el desarrollo de nuestro país y Frans Rayniery es un nombre cualquiera.

Robertico Salcedo es un Joven emprendedor y empresario de la comunicación con un historial de éxito por todos conocido. Ministro de Cultura, y Robertico Zantana es un nombre cualquiera.

Guido Gómez Mazara, es poseedor de un ADN con textura política inmutable, quien desde muy joven descolló con éxito como consultor jurídico del poder ejecutivo, es carismático, idílico, intelectual de excepción, con principio ético y con trasparencia demostrada. Por demás, un institucionalista que conecta con la gente.

Hijo de Maximiliano Gómez y Carmen Mazara, quienes sacrificaron su juventud para que los dominicanos gozáramos hoy de libertad, quienes legaron como huella indeleble fichas de honor en beneficio de nuestra Patria. Por lo que, Guido Gómez Mazara es Guido Gómez Mazara y no otra cosa.

José́ la Luz, por ejemplo, es un comunicador brillante porque existe Google. Conocido en los medios como el maestro del “copy paste”. Conspicuo comunicador, exdiputado gracias al lobby político del extinto Reynaldo Pared Pérez, quien para fortalecer su candidatura a senador por el Distrito Nacional en las elecciones del 2016 le pidió al Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) la reserva de esa candidatura a favor del entonces vicesecretario de comunicaciones del partido de la estrella amarilla.

El personaje en cuestión, cual Quijote moderno, ha cabalgado, sin lealtad ni principios, con su propuesta ilusoria de “Liderazgo Responsable”, la que ha propuesto a Danilo Medina, a Leonel Fernández y a Luis Abinader. Además, este fue el arquitecto de la “estratega política” que llevó a Leonel Fernández a embarcarse en aquella aventura de presentar a la sociedad los famosos dos millones de firmas, afin de impactar electoralmente en aquella época. Ese mismo aventurero político, en días pasados vociferó que Santiago Matías “Alofoke” ganará en primera vuelta las elecciones del 2028.

Alofoke y Santiago Matias, es la misma vaina, hijo de Doña Santa María Salomé y de padre poco conocido, que doña Santa (que habla con acento) con mucha dignidad emigro al vecino Haití, para mantener a Santiago Matías, quien hoy es un exitoso empresario de la comunicación digital, sin preparación intelectual conocida, con una estrategia comunicacional evolutiva hacia Sodoma y Gomorra, a quien José la Luz considera el instrumento perfecto para derribar el statu quo imperante.

No es una casualidad que el señor José la Luz haya definido como estrategia mediática usar al conocido Alofoke como instrumento solo para atacar con torpeza las aspiraciones presidenciales del Dr. Guido Gómez Mazara. Lo que se podría ver como algo puramente personal, no como asunto político. Esfuerzo no faltaran para tratar de denigrarlo, pero cuando a una idea le llega su tiempo no hay fuerza perversa que la detenga. En estas circunstancias, habría que preguntar a José la Luz: ¿Tu, para quien trabajas, quien te pagas por tus bufonadas?
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