Por El negro Charlie
Es evidente que el país atraviesa una profunda crisis institucional y de dirección. La falta de un rumbo claro —sin norte ni sur— ha colocado a la nación en una peligrosa pendiente que amenaza con arrastrarnos hacia el abismo social, económico y político.
El actual presidente ha demostrado una alarmante falta de liderazgo y control sobre su propio gabinete. Las contradicciones entre funcionarios, las declaraciones sin fundamento y las constantes rectificaciones públicas reflejan no solo improvisación, sino también una desconexión total con la realidad que vive el pueblo dominicano.
Un caso especialmente preocupante es el manejo comunicacional y político de la central termoeléctrica Punta Catalina. Durante años, la actual administración criticó duramente ese proyecto; sin embargo, una vez en el poder, no solo cambió su discurso, sino que ahora intenta desvalorizar la planta con el aparente propósito de justificar su venta a precios irrisorios a grupos empresariales estrechamente vinculados con el gobierno. Entre ellos se menciona incluso al propio presidente y al señor Marranzini, quien actualmente dirige el sector eléctrico nacional.
Ante la resistencia ciudadana a esta maniobra, el gobierno ha optado por modificar nuevamente su narrativa, elogiando a Punta Catalina como una de las mejores obras del país. Esta incoherencia deja en evidencia un círculo vicioso sin rumbo, sostenido únicamente por intereses particulares y no por el bienestar colectivo.
Resulta profundamente lamentable que una nación con tanto potencial esté siendo conducida de esta manera. Estamos pagando un precio muy alto por haber confiado en un proyecto político que, hasta el momento, ha demostrado ser incapaz de responder a las necesidades reales del pueblo.
Cuando la ciudadanía tome conciencia de las consecuencias de este error, probablemente será demasiado tarde. Sin embargo, el tiempo, como siempre, será el testigo más fiel de lo que hoy muchos denunciamos con responsabilidad y preocupación.
