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“Un regalo de la vida”: La madre del empresario Joaquín Hilario celebra su natalicio número 100

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Por Robert Vargas
Ha sido esta la fiesta de cumpleaños más simple y emotiva que he visto en mi vida.  Al principio, el plan era otro: hacer la celebración por todo lo alto con los hijos, nietos, biznietos, primos, sobrinos…en  fin, con la familia y amigos llegados desde distintas partes del mundo.

Joaquín Hilario ya tenía lista para la ocasión su centro vacacional fuera de la ciudad. Allí el campo es verde, con una hierba delicadamente cuidada, piscinas y caballos preciosos para cabalgar.

La fiesta sería a lo grande, como nunca antes lo habían hecho Joaquín, el empresario de aspecto bonachón, a quien le encanta conversar con sus viejos amigos de la esquina, como lo hacía antes de ser el próspero empresario que es hoy.

Todos querían que llegara el gran día para la singular celebración.

Después de todo, no todos los días el tronco familiar cumple 100 años de vida disfrutando de buena salud y teniendo completa lucidez mental.

Era María Hilario Dolville la centenaria madre de Joaquín y otros ocho hermanos que, justo ahora, en el mes de las Madres, celebra sus aniversario número 100.

Ella nació en el año 1920, cuando todavía las tropas de Estados Unidos invadía a República Dominicana (1916-1924); y diez años antes de que iniciara la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo (1930-1961).

Los planes de la celebración en grande fueron hechos trizas por la pandemia de la Covid-19 y tuvieron que ser reducidos a un pequeño grupo, la mayoría de los cuales ni siquiera se aproximaron a la matrona para abrazarla y desearle el clásico feliz cumpleaño.

La quieren con tanto amor y dedicación, que se mantuvieron a distancia de ella. No quería ser eventuales fuente de contagio del nuevo coronavirus.

Aún así, el ambiente estuvo a reventar de alegría.

Joaquín Hilario, jugaba con ella tal como lo hace cada día. No existe un día en el que él no visite a su madre y se siente a conversar con ella.

Él  parece “derretirse” ante su madre, la que le ayudó a forjar un temple de hierro con amor al trabajo.

El hijo mayor estaba a un lado, con el rostro bastante serio. A este lo conocí en un viaje a Estados Unidos donde compartimos durante varias horas. Nunca lo he visto sonreir, ni siquiera cuando los demás ríen a carcajadas.

En esta ocasión no fue diferente. Pero en la mirada se le percibía que estaba feliz por ver a su madre cumplir 100 años.

Katy Báez, la esposa de Joaquín, se unió más tarde a la fiesta familiar. 

Llegó como siempre, bella y elegante, esta vez con un tapabocas.

Llegó con su regalo en una mano y le deseó felicidades a la suegra, que es su madre.

-“Esto es un regalo de la vida”, me comentó, tras decir que se siente bendecida por Dios al darle una suegra amorosa y poder decir que no conoce a ninguna otra mujer que tenga una suegra con cien años de edad.

María, allí sentada en su mecedora, observaba a todos y escuchaba a todos. 

Joaquín y yo conversamos un poco con la festejada. Pretendimos meternos en sus recuerdos, y lo logramos.

Hablamos de su juventud, en la Era de Trujillo, cuando su padre no aceptaba que la visitara ningún hombre que no fuera de trabajo. 

Conversamos unos segundos sobre el gobierno sietemesino de Juan Bosch, el de Antonio Guzmán y el de Leonel Fernández.

También de la inseguridad actual; ella mencionó la corrupción y la droga; también la falta de respeto en los hogares donde los hijos le faltan el respeto a “los papaces” (los padres), y donde no se sabe quién es el padre o la madre.

E su voz se percibe desaliento por la degradación moral de la sociedad.

Sin embargo, todo eso desaparece de su mente cuando sus hijos y nietos la abrazan y la besan.

Tal como ocurrió en esta ocasión cuando entre todos le cantaron el clásico “Que lo cumplas feliz…” que al final estuvo condimentado con la risa franca y abierta de Katy, y sus aplausos y gritos de alegría al terminar la canción con el sonoro aplauso de los chiquillos que antecede al corte del pastel.

Joaquín Hilario, mientras tanto, con mirada dulce, observaba a su madre y dijo que lo único que quiere para ella es “salud” porque lo demás se puede buscar.

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