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Vásquez García: “Llévenme a la clínica que me estoy muriendo”

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Por Robert Vargas
Ayer conversé vía telefónica con el doctor Rafael Vásquez García. Su voz tenía esa energía y tono metálico y firme que le caracteriza.

Por WhatsApp recibí un “Hola”, y le contesté con una llamada. Tengo pendiente muchas llamadas por responder.

La de Vásquez García era una llamada muy especial, puesto que se trata de un profesional de la medicina que es considerado por muchos en Santo Domingo Este como el “Padre de los pobres”. Luego les diré los motivos.

Esta vez quiero concentrarme en explicarles lo que él me dijo sobre su gravedad debido a la Covid-19.

-“En tres ocasiones estuve a punto de rendirme ante la muerte. Creí que ya todo había acabado para mí”, me comentó y agregó que:

-“Esa es una enfermedad diabólica. No se la deseo a nadie”.

Fue en ese instante me dijo que:

-“Yo quería conversar con Usted para pedirle que se cuiden Usted y su esposa. Usted sabe cuanto los aprecio. Ustedes que andan buscando noticias, cuídense, esta es una enfermedad diabólica”.

Entonces hablamos largo y tendido de cómo fue que la Covid-19 estuvo a punto de matarlo, sin importarle que él sea el médico que usa su Hospital Universitario Dr. Vásquez García para tratar de gratis a una inmensa cantidad de pobres que no pueden pagar servicios sanitarios (de ahí lo de Padre de los Pobres, por eso no es rico de dinero).

Tampoco le importó al coronavirus que él sea el Secretario General municipal del Partido Revolucionario Moderno, en Santo Domingo Este.

-“Mire hermano Robert, ese coronavirus me agarró y sentí que me rompía todos los huesos, y parecía que la cabeza me estallaría con un dolor insoportable, mientras la fiebre subía y bajaba”, me comentó.

Agregó que la situación para él empeoró cuando comenzó a tener una diarrea intensa y todo siguió para peor tras padecer de vómitos intensos.

-“Todo lo que consumía, lo vomitaba de inmediato”, me dijo Vásquez García.

Pero las cosas no quedaban ahí. No señores. Empeoraron.

Ocurre que, aunque él tiene su propio hospital, allí no tienen abundantes máquinas para respirar, por lo que fue necesario recurrir a buscar un hospital público o privado que tuviera una cama y un respirador disponible.

Tras varias horas de intentos fallidos y cuando su cuadro de salud empeoraba por minutos, ¡Por fin! apareció una clínica privada en la que estaba disponible para él una cama con un respirar artificial.

De inmediato comenzaron los preparativos para trasladarlo a esa clínica. Vásquez García no tenía fuerzas ni para mover un brazo, menos para levantarse de su lecho de enfermo.

El problema siguiente surgió porque no había una ambulancia disponible para trasladarlo y, cuando esta apareció, tardó dos horas en llegar a su clínica, donde estaba ingresado, en la avenida San Vicente de Paúl.

Y..¡Oh sorpresa!

Cuando ya estaba listo para ser llevado en la ambulancia al centro médico en el que se asumía lo esperaban con la cama y el ventilador recibieron la dolorosa noticia de que: “No lo traigan, ya la cama y el ventilador están ocupados. No tenemos disponibilidad”.

Ese fue uno de los momentos en que cayó en depresión y se entregó sumiso, sin pelear, en brazos de la muerte, que “no le perdía ni pié ni pisá”.

Vásquez García me habló la depresión que lo afectó en momentos en que padecía de fiebres altas, dolores intensos de cabeza y de todos los huesos y los músculos, diarrea y vómito y dificultades para respirar.

En esos instantes pasaron por su mente episodios de toda su vida. Sus padres, su entorno familiar, sus amigos… todo.

Se presumía un hombre ya muerto y rumbo al cementerio.

-“Esto es muy grave y la gente no lo quiere entender, Hay mucha inconsciencia e indisciplina”, dijo el galeno.

Una luz al final del túnel

El lunes de la pasada semana, Vásquez García vio por primera vez una luz al final del túnel que lo tenía a pocos pasos de la muerte.

Se trató de que, por primera vez, desde el día cinco de Julio, pudo tomar “una sopa boba” sin vomitarla. Eso fue un logro inmenso.

En ese momento, su gravedad comenzó a decrecer y a sentirse mejor, pero no bien del todo, pero, como médico al fin, lo interpretó como una buena señal.

Se conectaba y se desconectaba

Mientras estuvo grave y depresivo, él se dio cuenta que su mente “se conectaba” y “se desconectaba” del mundo de los vivos.

Era como se padeciera de “apagones” de vida.

No quería conversar con nadie, ni siquiera con sus mejores amigos. La depresión lo había tomado por completo.

-“Eso es terrible”, insistió.

¿Cómo fue posible que él llegara a ese nivel?

Ocurre que, como médico al fin, continuamente realiza pruebas a sospechosos de padecer coronavirus y, en su hospital, ha atendido a muchos pacientes, entre estos a un regidor perremeísta.

Además, al ser dirigente del PRM de primer orden y con grandes responsabilidades políticas, mantiene contactos con una gran cantidad de personas. Todos sabes que el coronavirus “no se ve en la cara” en los enfermos asintomáticos.

Por tanto, pudo haber contraído el coronavirus en cualquier lugar.

Eso sí, antes de caer en cama, Vásquez García sintió malestares que atribuyó al cansancio y a una “gripe”, puesto que se hizo un par de pruebas y resultaronnegativas.

El día cinco de julio fue devastador para él

Ese día era el de las elecciones congresuales y presidenciales. Él estaba comprometido con lograr la victoria de su PRM, incluido ganar la Presidencia de la República para que su amigo Luis Abinader fuera presidente del país.

Por tanto con su “gripe” a cuesta, se levantó antes de las 5:00 AM y comenzó su intensa jornada en el Colegio San Vicente de Paúl, donde fue el responsable de todos los colegios electorales que allí funcionaron.

No se despegó de allí hasta que solo le faltó una sola acta, próximo a las 3:00 AM del día seis de Julio.

Se pasó todo el día sintiendo “malestares” que no eran más que avisos de que por dentro el coronavirus avanzaba sin piedad.

¿Con cuantas personas tuvo contacto? ¿Cuántos fueron contagiados por él? Eso no lo sabe él ni nadie.

Lo que sí conoce Vásquez García es que cuando llegó a su casa se desplomó totalmente.

Solo pudo decirle a su familia:

-“Llévenme a la clínica que me estoy muriendo”.

Dicha esa expresión por un médico de su talla, es una cosa para no jugar.

Y entre todos, lo metieron en el vehículo y lo llevaron a su propia clínica.

Vásquez García se dio cuenta de que estaba a punto de morir cuando no tuvo fuerzas para subir ni un solo escalón y todos los procedimientos tuvieron que practicárselos en la sala de emergencia.

Hoy, es diferente

A pesar de todo, ya la crisis logró superarla. Está fuera de peligro y solo espera que le entreguen este martes la confirmación de que está libre del coronavirus.

Se siente fuerte y alegre y listo para continuar su trabajo como médico de los pobres y para disfrutar el triunfo de su partido en las elecciones del cinco de Julio.

-“Hermano Robert, cuídense mucho, No quiero ver a nadie padeciendo esta diabólica enfermedad”, me dijo.

Y, de verdad, tras escuchar su relato, siento que debo cuidarme aún más puesto que si ese “bicho” nos atrapa… es casi seguro que nos iremos directo al cementerio.

¡Feliz día de los padres Vásquez García! ¡Sigue adelante hermano!.

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