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“¡Yo no seré regidor, pero tú no vivirás para gozar lo que no te ganaste!”

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Por Robert Vargas
Antes de explicar lo que realmente me interesa, permitanme decirle a los candidatos a puestos electivos en las elecciones del próximo 15 de marzo que, desde mi punto de vista, una gran parte de los delegados de los partidos políticos en la Junta Electoral son deshonestos, y el resto son cómplices.

Por tanto, les sugiero mantener los ojos bien abiertos para que no les suceda lo mismo que a algunos amigos que, en los comicios pasados se creían triunfadores y hubo uno que, por no aportar 500 mil pesos extras durante los escrutinios, simplemente quedó  fuera y fue otro quien se juramentó regidor y uno más como diputado.

¿Ya tengo un poco de su atención? ¿Si? 

Pues vamos a decirle lo que me han explicado algunos de los delegados y otras cosas que no me las explicaron. Yo  las he visto.

Recuerdo que cierta noche, en la planta baja de la sede de la Junta Electoral de Santo Domingo Este, vi y escuché a un hombre fornido, calvo, de bigotes negros y copiosos decirle a un compañero suyo de partido:

-“¡Yo no seré regidor, pero tú no vivirás para gozar lo que no te ganaste!”.

En los ojos de este hombre dolido brillaba la sed de venganza y asomaba la muerte.

Él se enteró de lo que habían hecho en la segunda planta, donde estaban los delegados “validando” las actas de votación y lo que había hecho su compañero de partido con él.

Cuando observé que la muerte le bailaba en los ojos y en el rostro, lo llamé a un lado. Con mi experiencia de tantos años en las aulas, logré calmarlo y le dije:

-“La vida no termina hoy. Si haces o intentas hacer lo que estás pensando, es posible que seas tú a quien lleven al cementerio y, si logras tu propósito, entonces irás a prisión por 15, 20 o 30 años. Tus hijos, tu esposa, tu madre y todos los tuyos sufrirán y la vida continuará. Deja que eso pase. Por ahí vienen más procesos”.

Él entendió perfectamente mi mensaje. Hoy está vivo, suelto, sano, junto a su familia y los suyos y construye su vida de la mejor manera posible. Sigue en el activismo político.

Mientras tanto, aquel a quién pensó arrancarle la vida, sigue en su mundo político y recientemente lo he visto pasar a respaldar a cierto líder. Los dos están vivos, pero lo que sucedió aquella noche en la “mesa de validación” estuvo a punto de terminar en una tragedia.

Más reciente, en las elecciones del 2016, me encontré en la escalera que lleva al segundo nivel del edificio que aloja a la Junta Electoral de SDE a un viejo amigo militante de un partido político de oposición. 

Le colgaba del cuello un “ID” que lo identificaba como “delegado” de un partido que no era el suyo. Había logrado, quizás por unos cuantos pesos  o por otro motivo, que el delegado verdadero, se lo cediera.

Aquel amigo fue colocado allí por su líder para que “defendiera” su voto. Ya ustedes se imaginarán como es que son “defendidos” ciertos votos.

Es bastante posible que, debido a esa “defensa”, un candidato quedara fuera de los electos y a otro lo declararan “ganador” sin haber ganado.

Hoy en la mañana, me encontré con otro delegado de un partido político.

Él se esforzaba en explicarle a uno que fue candidato en las elecciones del 2016 lo que sucede en esa “mesa de validación”, pero el candidato no entendió lo que le estaban explicando de manera llana.

No lo entendió porque, quizás, él se negaba a creer que en esa “mesa de validación” exista tanta perversidad.

¿Qué es lo que sucede allí?

Después que los votantes van a las urnas y en los colegios se producen los escrutinios, las actas son enviadas vía scaner a las juntas electorales. Allí, los digitadores deben escribir en el sistema los números los resultados de las votaciones, solo luego de que esas actas fueran “validadas” en la mesa de validación donde participan todos esos “delegados”.

Entre todos, generalmente, se ponen de acuerdo para asignar “unos voticos” a determinado partido o candidato, en presencia de los funcionarios electorales quienes, “no se dan cuenta” de lo que sucede.

Así, fácilmente, una persona cualquiera que ganó en los colegios electorales, fácilmente es traicionado por los delegados de su propio partido.

Muchas veces, los “voticos” de los partidos pequeños van a parar a favor de ciertos candidatos de oposición o del oficialismo, lo que constituye un insulto para los electores.

Todo esto lo manejan en secreto.

Observen que nunca, ningún delegado, ha denunciado esto que le decimos. Y no lo hacen, porque la mayoría de las veces son cómplices, todos, de lo que allí se hace.

Recuerdo que una noche un delegado hizo una denuncia grave sobre lo que ocurría en esa “mesa de validación”, luego la esposa lo increpó por atreverse a tanto y, finalmente, vi a un político adverso a él llevando el ID suyo colgando de su cuello.

Yo presumo que, como ahora existirán más controles, los resultados podrán ser más confiables.

Todo esto sin contar con las socorridas historias de los “palitos” y ceros agregados a ciertas actas.

Pero, la realidad es que, históricamente, en estas acciones contra la voluntad popular han actuado oficialistas y, con más entusiasmo aún, los delegados de los partidos de oposición a quienes se les prende la “pámpara” “repartiendo voticos” que no les corresponden.

A veces las trampas no la hacen los de afuera, sino los de adentro para favorecer a alguien en particular, quién sabe por cuales motivos, aunque en ello se vaya por la cloaca el objetivo mayor.

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