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59 años después, Víctor Martínez y su lucha contra la indolencia y el olvido

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Por José Bujosa Mieses
Eran los días difíciles del post trujillismo agonizante.
El tirano había caído ajusticiado el 30 de mayo de 1961 en la Avenida George Washington. Un reducido grupo de patriotas decidieron casarse con la gloria librando al pueblo dominicano de la peor satrapía de América Latina. Desde la misma noche del magnicidio, los cuerpos de Seguridad del Estado iniciaron la pesquisa para atrapar y/o asesinar a los participantes en la trama que culminó con la vida del déspota que había gobernado durante 31 años el país para vergüenza de los dominicanos.

El Jefe del Ejército, general Pupo Román, casado con una sobrina del Trujillo, fue señalado como uno de los conjurados. El primero de junio, mientras asistía a los funerales del decapitado tirano, en la Ciudad de San Cristóbal, fue detenido por órdenes de Ranfis Trujillo, Jefe de los ejércitos de agua, tierra y cielo.

Román es sometido a las más crueles torturas en la Base Aérea de San Isidro y con él son asesinados, el 1ro. de junio de 1961, por Ranfis Trujillo, el teniente José Manuel Núñez y Núñez y los sargentos Wenceslao Taveras (Martín) y Jorge Taveras, quienes ofrecían sus servicios a su superior como a su esposa, Mireya Trujillo y sus tres hijos, José René y Álvaro y Sabrina 

Este hecho histórico, en los que perdieron la vida estos soldados, los historiadores y periodistas de investigación, cada 30 de mayo, que se conmemora esta gesta, solo mencionan, en sus trabajos, a Pupo Román, enterrando en el anonimato a quienes fueron asesinados por pertenecer a su escolta.  

Pero los muertos tienen dolientes

Víctor Martínez Díaz, hijo de José Manuel Núñez y hermano de Martín y Taveras viene reclamando por los cuatro vientos a la Presidencia de la República, en la persona de su presidente Danilo Medina, a los pasados jefes de la Armada Dominicana, al Archivo General de la Nación al inepto Museo Memorial de la Resistencia Dominicana que abran una investigación sobre lo ocurrido, ese infausto día, cuando su padre y sus hermanos fueron asesinados.

59 años tiene reclando ese derecho que le asiste de conocer la verdad histórica de lo ocurrido con los restos de sus parientes, pero nadie se interesa por carnal su desesperación y angustia de más de 59 años.

[ngg src=”galleries” ids=”192″ display=”basic_imagebrowser”] El 20 de febrero de 2014, en la revista ´´La Venda Transparente´, producida por Raifi Genao, se publicó una dantesca imagen de tres cadáveres que fueron lanzados a las costas por el tempestuoso mar caribe sin despertar el interés de historiadores y periodistas de investigación. A pesar de que Víctor Martínez asegura que los cadáveres pertenecen a sus parientes. 

Esta triste historia me hace recordar la lucha de las hermanas de Rafael Mieses Peguero (Cocuyo), tras la búsqueda de su hermano, apresado y desaparecido por la tiranía trujillista, el 14 de agosto de 1958 por sus luchas en defensa de la libertad, desde las filas de la Juventud Democrática (JD) y el Partido Socialista Popular. 

Los restos insepulcros de Cocuyo Mieses jamás fueron encontrados, semejante al caso que nos ocupa en este 59 aniversario de ésta horrenda masacre.   

Esperamos que las gestiones realizadas durante 59 años por este  dominicano ejemplar, presidente de la Fundación Mártires Desaparecidos de la Tiranía Trujillista, de la Fundación Educativa Mariana Mata Pérez (Villa Consuelo), ex combatiente constitucionalista y promotor del pensamiento Duartiano, en  la ciudad de  Providencia, EEUU, donde reside, logre despertar el interés  de las autoridades e instituciones dedicadas a  promover y mantener vigente la memoria histórica   se interesen por abrir una investigación  de este horrendo hecho.

Víctor Martínez, ha dicho que sólo la muerte calmará su desesperación por encontrar   los restos de sus parientes.  Ojalá que antes de que esto ocurra pueda ver cristalizados sus sueños de darle cristiana sepultura a los restos de su padre y sus dos hermanos. 

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