
Comité Patriótico Francisco Alberto Caamaño Deñó
l 30 de mayo de 1961 es una fecha memorable para el pueblo dominicano, pues la noche de ese día el tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina fue ajusticiado por un grupo de complotados con el propósito deponer fin a uno de los regímenes más criminal, sanguinario y represivo de la historia de nuestra amada Patria y de América Latina.
Surgido al amparo de la primera intervención militar de Estados Unidos a la Patria de Duarte, este personaje pasó de un vulgar delincuente a jefe de la guardia creada por los invasores, a la cual ingresó en 1918, logrando en poco tiempo y de manera rápida ascender al rango de capitán de ese cuerpo. Posteriormente, durante el gobierno de Horacio Vásquez, quien fue presidente de 1924 a 1930, logra ser nombrado jefe de Estado Mayor de la Guardia Nacional, iniciando así su meteórica carrera político-militar, propiciando un golpe de Estado contra éste, que lo catapultó luego a la presidencia de la República mediante una farsa electoral, algo similar a lo ocurrido en junio de 1966 con su pupilo Joaquín Balaguer.
Durante los más de treinta años de la llamada Era de Trujillo, el país fue manejado como una finca particular del sátrapa Trujillo, instaurando un régimen de terror y represión que anuló todas las libertades públicas, enajenando las propiedades públicas y privadas en beneficio de él y su clan familiar, periodo en el cual se cometieron todo tipo de crímenes contra los opositores al trujillato, desde las desapariciones forzosas, las violaciones, el asesinato selectivo, pasando por la creación de centros de torturas como el de la 40 y el del kilómetro 9 de la carretera Mella, que funcionaban con métodos parecidos a la Gestapo de la Alemania nazi de los tiempos de Hitler, llegando a secuestrar y desaparecer a ciudadanos dominicanos y extranjeros desde otros países, como ocurrió con el intelectual español Jesús de Galíndez en Estados Unidos y el líder sindical Mauricio Báez en Cuba.
Miles de valiosos dominicanos sucumbieron en ese tenebroso y oscuro periodo de la historia nacional, pues la resistencia de los sectores más conscientes de nuestro pueblo enfrentaron de diversas formas al dictador, tanto a nivel interno, como externo, destacándose los diferentes esfuerzos de un gran número de exiliados para organizar expediciones armadas para combatir directamente en el suelo patrio al régimen, como las de Cayo Confite, Luperón, Constanza, Maimón y Estero Hondo, esta ultima la más significativa y numerosa.
En el 64 aniversario del ajusticiamiento del tirano Trujillo, debemos reflexionar sobre ese pesaroso pasado de nuestra historia, que llenó de luto y dolor a miles de familias dominicanas, pues todavía muchas de las prácticas autoritarias y corruptas de ese régimen gravitan en el accionar de algunos sectores de la sociedad dominicana, principalmente en aquellos que tienen cierto poder político, social, económico y militar, las cuales es necesario superar en base a la educación cívica y patriótica de la ciudadanía, especialmente los más jóvenes.
En este aniversario, los dominicanos y dominicanas de verdaderos sentimientos patrióticos y democráticos debemos levantar en alto la bandera de lucha de todos aquellos héroes y heroínas que ofrendaron sus vidas enfrentando la oprobiosa dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, emulando su ejemplo de lucha por la libertad, trabajando por el establecimiento de una verdadera democracia y con justicia social para todos los hombres y mujeres de la Patria de Duarte.
