viernes, 12 de junio de 2026
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Periodismo parapolicial, ejecuciones extrajudiciales y crímenes de Estado:

Por Manuel Soto Lara

Es preocupante la forma en que el populismo periodístico se ha degenerado hasta ponerse al servicio de actividades criminales a cargo de agencias ejecutivas de gobierno en nuestro país.

Nada más nauseabundo que el ejercicio de la comunicación social para crear condiciones subjetivas en la población y estimular a los órganos represivos de gobierno a ejecutar ciudadanos, alegadamente delincuentes.

Desde programas en canales de YouTube, algunos de relativo prestigio, hasta comunicadores populacheros; con más audiencia que ética y compromiso social, alentaron la ejecución física de los asaltantes de un banco privado.

(Si mal no recuerdo, ese banco, por cierto muy popular, habría sido fundado al devolver el Yate Angelita, con un dinero del pueblo, tras la muerte de Trujillo. Pero ese no es el tema).

Un periodismo que desacredita personas para que la policía los maté y no haya consecuencias, es un periodismo infame. Es un periodismo al servicio de otra forma de crimen.

Comunicadores que, sin tener certeza sobre la autoría del atraco al banco, comenzaron a definir perfiles y, como clarividentes, por ganar protagonismo, dieron nombres, poniendo en peligro a personas que, si bien podrían ser delincuentes, nada tenían que ver con eso hechos; o al menos eso parece, a juzgar por las investigaciones.

En ese atraco al banco es probable que hayan ejecutado a personas inocentes; pero como el periodismo parapolicial ya había hecho su trabajo, y otros fueron indiferentes, ni siquiera se investigan esos hechos.

Tengo que reconocer que periodistas con conciencia de su rol, como Edith Febles, entre otros, han alzado su voz en contra de esa manida práctica de ejecuciones extrajudiciales.

La pena de muerte fue suprimida en en nuestro país en la reforma constitucional del 1966; por lo que aquí nadie, por ningún hecho, y bajo ninguna circunstancia, debe eliminar físicamente a una persona.

No es una justificación que se trate de un delincuente para que lo maten. Para los delincuentes, una vez encontrado culpables en un juicio oral, público y contradictorio debe imponérsele una de las penas establecidas en el Código Penal.

Ese periodismo parapolicial, que cambia vidas humanas por light, monetizando crímenes de Estados que ellos mismos determinan mediante la instigación, es un periodismo homicida. Es un periodismo al servicio de la muerte. Es un periodismo infame.

Esos comunicadores parapoliciales le están poniendo en la mesa comida a sus hijos manchada con sangre de gente pobre.

Digo de gente pobre, porque lo mismo no ocurre, por ejemplo, con los poderosos que desde el gobierno y desde fuera del gobierno se roban medio país.

Ese periodismo para policial es el mismo que reclama debido proceso y derechos humanos para los delincuentes ricos. Mientras instiga a la Policía para que asesine a presuntos delincuentes pobres. Para los pobres no hay derechos humanos ni debido proceso.

No es que el periodismo deba estar al servicio de los delincuentes pobres. Es que debemos exigir el cumplimiento de la ley para todos.

El periodismo ético debe estar al servicio de la causa de la justicia. Un periodista de prestigio nunca, en ningún caso, se convierte en “Santero”, monetizando la vida humana.