viernes, 12 de junio de 2026
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Deportación o extorsion: el drama cruel de los haitianos en Santo Domingo.

Por Manuel Soto Lara.
o tenemos política migratoria contra los haitianos ilegales, sino un infame atracadero para robarle en producto de su sudor. La conducta de nuestras autoridades no es lo transparente que debía ser.

El haitiano que cumple con la tarifa, que son 15 mil pesos , no lo montan. Y si lo montan y alguien lleva el dinero a tiempo, lo bajan del camión. Y digo a tiempo porque, hasta donde tengo entendido, después que salieron de Haina no se negocia.

No es política migratoria de repatriación de haitianos, sino extorsión a la franca. No estamos deportando ilegales, estamos deportando haitianos sin dinero para pagar extorsiones. El haitiano ilegal que tiene su dinero, aunque lo agarren, no se lo llevan.

Los nacionales haitianos saben cuál es la tarifa. Los que andan con ella en efectivo no lo montan en “la camiona”. Son dueños del país, que venden a los haitianos el derecho a poner huellas ilegales en suelo Quisqueyano.

La jefatura de la policía no se entera de esa mafia. Es normal que los jefes de policía no se enteren de esas cosas.

Miembros de la Polícia Nacional, que no trabajan para la Dirección General de Migración, hasta se meten en las destartaladas casuchas en que viven y en las obras de construcción donde pernoctan casi a la intemperie y los extorsionan.

No se trata de hechos aislados, pero ignorados por la jerarquía policial, y por las autoridades de Migración, o de Interior y Polícia. Se trata de una despiadada práctica delictual de acumulación originaria de riquezas.

El Ministerio de Interior y Policía no se entera de nada. Es normal que no se entere.

Los haitianos son pobrísimos, exiliados del hambre y de la inseguridad en su país, y se ganan el dinero haciendo los trabajos más difíciles aquí.

No pueden cumplir su sueño dominicano porque muchos particulares se aprovechan de su estatus ilegal para engañarlos.

Empleadores les roban sus jornales. Lo ponen a trabajar y luego le “chuban” a Migración, haciéndolos deportan, para no pagarle los jornales acumulados.

Solo el pueblo es solidario con ellos. Tal vez porque sabe lo que pasan también nuestros inmigrantes en suelos extranjeros.

Aquí no pueden salir a la calle porque cuando los apresan o le quitan el dinero o los deportan. Y nadie sabe nada. El gobierno central ni sus organismos de inteligencia se enteran.

Eso solo lo sabe todo el pueblo, nacional e internacional; pero las autoridades no lo saben.

Si alguien le hiciera conmover sus duros corazones tal vez el sudor amargo de los haitianos, como Dios manda, fuera a la mesa convertido en pan para sus hijos.

Sabemos que el gobierno, a través de sus agencias oficiales, debe hacer su trabajo en materia migratoria; pero debe supervisar a los supervisores; para no hacer más miserable la existencia de los extranjeros más vulnerables.