Por Frank Hernández
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l Agua es vital para el desarrollo de la tecnología, no solo para los seres humanos, también la ia necesita del apreciado líquido de la vida.
La inteligencia artificial está transformando el mundo a una velocidad extraordinaria. Está presente en la educación, el periodismo, la medicina, las empresas, la seguridad, las comunicaciones y prácticamente en todos los ámbitos de la vida moderna.
Sin embargo, detrás de cada consulta, cada imagen generada y cada modelo de inteligencia artificial existe una infraestructura gigantesca que consume electricidad, produce calor y, en muchos casos, necesita grandes cantidades de agua para mantenerse funcionando.
El fenómeno plantea una pregunta que comienza a adquirir importancia mundial: ¿cuánta agua necesitará la inteligencia artificial si continúa creciendo al ritmo actual?
Los grandes centros de datos albergan miles de servidores y procesadores especializados que trabajan de manera permanente. Los equipos utilizados para inteligencia artificial generan enormes cantidades de calor.
Para evitar que los componentes alcancen temperaturas peligrosas, las instalaciones utilizan diferentes sistemas de refrigeración.
Una de las técnicas utilizadas emplea agua para absorber y disipar el calor. Parte de esa agua puede evaporarse durante el proceso y, por tanto, deja de estar inmediatamente disponible para otros usos.
Pero el consumo de agua de la inteligencia artificial no termina en el sistema de refrigeración.
Existe también un consumo indirecto relacionado con la producción de la electricidad que alimenta los centros de datos. Algunas centrales eléctricas utilizan agua para sus propios sistemas de enfriamiento. A esto se suma el agua empleada durante la fabricación de los semiconductores y otros componentes electrónicos.
Por eso, cuando se habla de la huella hídrica de la inteligencia artificial, no debe considerarse únicamente el agua que entra directamente al centro de datos.
Las cifras comienzan a mostrar la dimensión del problema
Los centros de datos consumieron alrededor de 560.000 millones de litros de agua a nivel mundial en 2023. De esa cantidad, aproximadamente 140.000 millones de litros correspondieron al consumo directo en los centros de datos, mientras una parte mucho mayor estuvo relacionada indirectamente con la generación de electricidad.
Estas cifras muestran que una parte importante de la huella hídrica de nuestra vida digital se encuentra fuera de las paredes de los propios centros de datos.
Pero la expansión de la inteligencia artificial podría cambiar considerablemente esas cifras.
Algunas investigaciones recientes estiman que la huella hídrica mundial asociada exclusivamente a los sistemas de inteligencia artificial podría alcanzar cientos de miles de millones de litros anuales. Las estimaciones varían considerablemente porque dependen del crecimiento de la infraestructura, del tipo de tecnología utilizada, del clima y de la fuente de electricidad.
No toda la inteligencia artificial consume la misma cantidad de agua
Este punto es fundamental.
No existe una cantidad universal de agua que pueda atribuirse a cada pregunta realizada a una inteligencia artificial.
Un centro de datos situado en una región fría puede utilizar sistemas de refrigeración diferentes a los de una instalación ubicada en una zona cálida. También existen tecnologías que utilizan agua reciclada, agua de lluvia o sistemas de refrigeración que reducen considerablemente el consumo de agua dulce.
Las grandes empresas tecnológicas están desarrollando nuevos sistemas de refrigeración que pueden disminuir considerablemente el uso de agua, incluso mediante tecnologías diseñadas para funcionar prácticamente sin consumo de agua durante la refrigeración.
El problema no es solamente la cantidad, sino dónde se utiliza
El mayor riesgo ambiental no necesariamente aparece cuando se observa el consumo mundial de agua como una cifra aislada.
La preocupación aumenta cuando los grandes centros de datos se construyen en lugares donde ya existe escasez de agua.
Un centro de datos puede representar una pequeña proporción del consumo hídrico de un país entero, pero convertirse en un importante consumidor para una comunidad determinada si comparte los mismos recursos con hogares, agricultores, industrias y ecosistemas.
El crecimiento de la inteligencia artificial puede multiplicar la presión
La inteligencia artificial necesita cada vez más capacidad de procesamiento.
Los modelos son más grandes, las empresas incorporan inteligencia artificial a sus plataformas, aumentan los servicios automatizados y millones de personas realizan diariamente consultas, generan imágenes, producen vídeos, traducen documentos y utilizan sistemas capaces de analizar enormes cantidades de información.
Cada una de esas actividades requiere infraestructura.
Más usuarios significan más servidores. Más servidores significan mayor consumo eléctrico. Mayor capacidad de procesamiento significa más calor. Y dependiendo de la tecnología utilizada, ese calor puede traducirse en una mayor demanda de agua para refrigeración.
Aquí aparece una paradoja de la era digital: una actividad que parece completamente intangible puede tener detrás una infraestructura física gigantesca.
La inteligencia artificial no está solamente en la pantalla del teléfono o de la computadora. Está también en enormes edificios llenos de servidores que necesitan electricidad, sistemas de refrigeración, terrenos, redes de transmisión y recursos naturales.
El agua podría convertirse en un factor estratégico
Durante décadas, el debate tecnológico estuvo concentrado principalmente en el consumo de electricidad y las emisiones de carbono.
Ahora comienza a aparecer una tercera preocupación: el agua.
Si la inteligencia artificial continúa expandiéndose, los gobiernos y las comunidades tendrán que preguntarse dónde se construyen los centros de datos, de dónde procede el agua utilizada, qué cantidad se consume, cuánto se devuelve al sistema y qué impacto tiene sobre las fuentes locales.
También será necesario exigir mayor transparencia.
No siempre es posible determinar con precisión qué proporción del consumo de agua de una empresa tecnológica corresponde específicamente a inteligencia artificial y qué parte corresponde a otros servicios digitales. Esta falta de información dificulta conocer con exactitud la verdadera huella hídrica de la inteligencia artificial.
El desafío para los próximos años
La inteligencia artificial no tiene por qué convertirse necesariamente en una amenaza para los recursos hídricos.
Existen alternativas.
Los centros de datos pueden utilizar sistemas de refrigeración cerrados, refrigeración directa de los procesadores, aire exterior cuando las condiciones climáticas lo permiten, agua reciclada, agua de lluvia y otras tecnologías destinadas a reducir el uso de agua dulce.
También puede ser determinante la ubicación de las instalaciones. Construir centros de datos en regiones con abundancia de agua y condiciones climáticas favorables puede reducir considerablemente la presión sobre los recursos.
El desafío consiste en evitar que la revolución tecnológica se convierta en una competencia entre la necesidad de datos y la necesidad de agua.
La inteligencia artificial puede ser una de las herramientas más poderosas creadas por el ser humano. Puede ayudar a combatir enfermedades, mejorar la educación, aumentar la productividad, optimizar el uso de recursos y hasta contribuir a detectar fugas de agua.
Pero la misma tecnología que puede ayudarnos a administrar mejor el agua debe aprender también a consumir menos.
