Por Ramón Peralta
La Fuerza del Pueblo parece tener definido su candidato a alcalde para las elecciones municipales de 2028: Rafael Castillo, quien avanza con el camino interno despejado al ser, hasta ahora, la única opción que se ha presentado con una visión coherente y abrazando causas de lucha como la transparencia municipal, la digitalización de la alcaldía y la mejoría de los servicios públicos.
En la acera de enfrente, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) vive un escenario bastante más confuso, con un alcalde muy mediático, pero con resultados que sus críticos consideran insuficientes; una gestión cuya transparencia es cuestionada por sectores de la ciudadanía y una palabra empeñada que, según sus adversarios, ha perdido valor político.
De su lado, dirigentes medios y sectores de la militancia perremeísta aseguran no sentirse parte de esta alcaldía, mientras que sectores evangélicos que contribuyeron a llevar a Dío Astacio al poder comienzan a expresar su desencanto.
Pero, a pesar de ese malestar, el inquilino del cuarto piso del Palacio Municipal sabe moverse con habilidad en el terreno político y utilizar los recursos que le proporciona el ejercicio del poder, por lo que desplazarlo de la candidatura a lo interno del PRM no parece una tarea sencilla.
Sin embargo, hay dos figuras que podrían aguarle la fiesta: El Boli y Manuel Jiménez.
“El Boli”, el diputado más conocido del municipio, se perfila como una seria amenaza para arrebatarle la candidatura interna a Dío Astacio, particularmente si decide convertir su nivel de conocimiento y su presencia territorial en una plataforma para disputar el control del PRM en Santo Domingo Este.
Astacio tiene el Palacio. El Boli tiene la calle. Y en política, no siempre quien ocupa el despacho tiene el cargo.
Por su parte, Manuel Jiménez, después de más de dos años en pausa política, podría reaparecer en el ruedo a partir del primero de octubre con el lanzamiento de su libro LO QUE NO SE DIJO, justamente en una fecha que coincide con el tercer aniversario de aquellas primarias cuyos resultados todavía generan suspicacias en determinados sectores políticos.
Jiménez es un gladiador curtido en el combate desde abajo. Conoce el municipio, conoce sus barrios y conoce también las dificultades de una batalla electoral cuando no se tiene el poder de Estado.
Si los sectores que impulsan su retorno logran convencerlo de volver al ruedo, dará mucha agua a beber. Y bastante.
A este tablero se suma el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en franco proceso de reducción de su espacio político.
Para una figura como Luis Alberto, políticamente no parece sencillo concurrir otra vez bajo las siglas de una organización que ha venido perdiendo terreno electoral. Pero en política las puertas nunca se cierran completamente, mucho menos cuando hay intereses comunes de por medio.
No se descarta, entonces, un pacto bajo la mesa entre sectores del PRM y del PLD que pudieran articular una jugada para que el partido oficialista le ceda la candidatura a Luis Alberto, evitando así que la alcaldía caiga en manos de la Fuerza del Pueblo y ofreciendo al actual alcalde una candidatura al Senado como salida política.
¿Una locura? No necesariamente. La política dominicana ha demostrado demasiadas veces que lo que hoy parece imposible mañana puede aparecer convertido en acuerdo.
Esta última hipótesis no es, por tanto, descabellada. Algunas voces cercanas al Palacio Municipal ya agitan las redes con una supuesta encuesta que sitúa a Dío Astacio holgadamente como favorito para la senaduría, con un 49.4 %.
Esta semana, una comunicadora que pasó de ser una fallida aspirante a regidora por el PLD a autoproclamarse hoy más perremeísta que el propio presidente Abinader salió a pregonar esos números.
Y ahí comienza otra historia. Ante semejantes declaraciones, muchos en los predios políticos se preguntan si el alcalde teme quedarse sin pito y sin flauta e intenta asegurar desde ahora un salvavidas senatorial ante lo que sus adversarios consideran un deterioro de su imagen como gestor municipal.
O si, por el contrario, simplemente está lanzando una cortina de humo para ganar tiempo, recomponer sus tropas y enfrentar la presión interna que comienza a sentirse dentro del PRM.
Nadie sabe todavía cuál de las dos hipótesis terminará imponiéndose. Lo cierto es que el escenario está abierto.
Y cuando un alcalde en ejercicio comienza a ser mencionado para una posición distinta de aquella para la que fue elegido, conviene mirar el movimiento de las piezas con más atención que las declaraciones públicas.
Porque muchas veces la política verdadera no se anuncia. Se negocia. A ciencia cierta, el nombre del contrincante definitivo del PRM todavía es una incógnita. Puede ser Dío Astacio. Puede ser El Boli. Puede ser Manuel Jiménez.
Y hasta podría aparecer una fórmula que hoy nadie está contemplando.
Lo único que parece indiscutible es que Rafael Castillo pisa firme. El diputado de la Fuerza del Pueblo ha comenzado a construir su proyecto con una narrativa clara y con causas concretas, mientras espera que el PRM termine de resolver su propia ecuación.
Si el rival termina siendo Dío Astacio, Castillo tendría enfrente a un alcalde que carga con el desgaste natural del ejercicio del poder y con las críticas acumuladas durante estos dos años de gestión.
Si el adversario es otro, la historia será diferente. Hoy Castillo podría estar prendiéndole velas a la Virgen de las Mercedes para que el candidato del PRM sea Dío y no otro
Pero la pregunta seguirá siendo la misma: ¿Quién será el rival de Rafael Castillo por el PRM?
Por ahora, nadie tiene la respuesta. Y precisamente por eso, en Santo Domingo Este, la carrera por la alcaldía de 2028 ya comenzó
