Julio César García Cruceta , centro, Adán Boddoem extremo derecho
[author title=»Por Adan Bodden» image=»https://ciudadoriental.com/wp-content/uploads/2022/04/adanbodden2.jpg»]Ex compañero de estudios y de lucha de Julio César García Cruceta[/author] Hoy, después de la manecilla indicar las cinco de la madrugada, dejó de respirar un hijo de Los Mina, que por más de nueve quinquenio nos unió en la lucha social.
Julio César García Cruceta, siempre y muy conocido como CRUCETA, luego de padecer por meses quebrantos de salud, en días recientes no resistió un ligera gripe.
Luchador toda su vida, desde adolescente, a veces no me explicaba cómo la Banda Colorá no lo «sacó de circulación», ya que Cruceta fue tan «cabeza caliente», que era de dos cuadradas en la cintura.
Recuerdo una mañana escolar, saliendo del Liceo Ramón Emilio Jiménez, en una de las frecuentes «movilizaciones», y que la Marina de Guerra nos obligó a volver a las instalaciones del liceo, «a plomo limpio», y con dos mozalbetes como cabecillas (Cruceta y este suscrito) tuvimos que introducir los estudiantes en baños y aulas para poder preservar las vidas, porque las balas y las bombas lagrimógenas no eran de juguetes.
En otras ocasiones recuerdo fresco en la memoria los insistentes ataques de la profesora Altagracia Lockward, por la escritura «dizque de un líder». Pero, se superó.
Mantuvo su espíritu de lucha, viajó todo el territorio nacional por sus convicciones políticas, también por varios continentes en representación y defensa de organizaciones, de los trabajadores y el pueblo en general.
Participó en diversos partidos politicos, siempre con ahínco, no era «uno más del montón»; aguerrido y batallador, como un Máximo Gómez (guardando la distancia).
Graduado de Bachiller Técnico en Enfermería, iniciando a laborar en el Estado a inicios de enero del 1980, con ese espíritu de siempre estar en la lucha, Cruceta, Joel Rivera, Rafael Encarnacion, Danilo Santana y un servidor, reunidos en una oficina del Centro Materno-Infantil «San Lorenzo», decidimos continuar en lucha, ya desde los centros de salud pública, y conformamos el Comité Gestor Pro Afiliación de los Bachilleres Técnicos en Enfermería – CGPABTE.
Desde este nuevo escenario de acción, el CGPABTE, con Cruceta a la cabeza, tuvo una participación «muy caliente» en las luchas reivindicativas del personal de enfermería.
La Catedral fue testigo al ser ocupadas por enfermeras por primera vez.
En otra ocasión, en huelga de todos los miembros del sector salud, la presidente de la entonces Asociación Médica Dominicana, doctora Altagracia Guzmán, se vio en un aprietos, ya que las enfermeras no cedían ante las presiones del gobierno a pactar «acuerdos» que no favorecían al personal de enfermería.
El 7 de diciembre del 1980, el CGPABTE contribuye muy eficientemente en la fundación del Sindicato Nacional de Trabajadores de Enfermería – SINATRAE-, encabezado por la joven auxiliar Aster Cuevas y del que Julio César fue un incansable dirigente.
No importan las difíciles circunstancias, Cruceta siempre nos presentó una sonrisa dentro del liceo, en los hospitales, en la Casa, en el sindicato o en el Partido Fuerza del Pueblo, del que fue fundador, miembro de la Dirección Central y Vice Secretario de Asuntos Laborales.
En estos momentos hacemos llegar a sus amigos, compañeros de lucha y familiares el mensaje de confraternidad que siempre llevó a cuesta, como parte de sus ideales políticos y sociales. Especialmente a sus hijos Stalyn, Jonathan, Jorge Luis, Vladimir (con su primera esposa Rosa Esther Silverio) y José (con su última esposa Rossy Ventura) y también a sus hermanos Jorge, Felix, Margarita y Flor Maria.
Hoy es duro para quienes compartimos con él, luchas y diferencias, pero unidos en la diversidad, las honras fúnebres, que se efectuarán desde las 3:00 p.m., hasta las 6:00 p.m., y mañana desde las 9:00 a.m., hasta las 4:00 p.m., hora de su sepultura, todo en el Jardín Memorial, Avenida Jacobo Majluta.
Por su dedicada vida, y la contribución a los cambios que necesita el pueblo dominicano, estamos seguro y convencidos, que ¡AÚN VIVIRÁS, HERMANO CRUCETA!