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Acoso sexual callejero: ¡Nos enseñaron aceptarlo!

Por Milossis Liriano Rodríguez
A las mujeres y niñas dominicanas nos acostumbraron a ver los “piropos” que dicen los hombres como una práctica culturalmente aceptada, y, si no nos gusta el piropo, ignorarlo porque no es algo grave. Crecí y entendí que “piropear “, es acoso sexual callejero, y debemos enfrentarlo.

Autores señalan que el acoso sexual callejero consiste en comentarios no deseados, gestos y acciones impuestas principalmente por varones en contra de mujeres y niñas en un lugar público o privado, sin consentimiento y dirigidas hacia la víctima. En República Dominicana, tanto en sus manifestaciones gestuales, verbales como físicas, es una situación que comúnmente enfrentan las mujeres, no importa la edad, estrato social o status civil.

Es importante destacar, que no todos los piropos son iguales. Un halago en el marco del respecto y la admiración, para algunas mujeres puede ser bien recibido, pero, si el contenido es vulgar u ofensivo no será agradable ni aceptado.

La colombiana Sofía Carvajal autora del libro “El piropo callejero: acción política y ciudadana”, explica el límite entre un cumplido y el acoso sexual callejero, y cataloga éste último como violencia de género, sin embargo, folclóricamente las y los dominicanos, en su gran mayoría, lo ven como una acción inofensiva.

Personas atribuyen el comportamiento soez de un hombre a la vestimenta de las féminas. Entonces, la mujer conservadora que no usa minifalda, ni un escote sensual y no pinta sus labios color rojo para “provocar” ¿por qué la abordan los hombres? ¿cuál es la excusa de estos “señores”? simple, cosificar a las mujeres y sus cuerpos un territorio de su dominio.

En síntesis, el acoso sexual callejero es una situación por la que prácticamente todas las mujeres hemos atravesado, y pocas enfrentan porque “Nos enseñaron aceptarlo”, por tanto, el acosador continuará haciendo lo mismo.

Entonces, ¿qué podemos hacer las mujeres para ir mitigando ésta práctica o enfrentarla? plantear una postura de desacuerdo frente al acosador con firmeza, calma y seguridad, y pedir ayuda en caso de necesitarlo. Sin embargo, si representa un peligro a la integridad física, ignorarlo.

Es urgente hacer conciencia en la sociedad sobre el acoso sexual callejero. Es hora de afrontarlo. Transformemos la realidad, educando a la población y a los niños en base al respeto hacia las mujeres, haciéndoles entender que las chicas no se visten, hacen deporte, o caminan por las calles para provocar. Lo hacen porque son libres de vestir, distraerse y andar por donde quiera como lo hacen los hombres, en paz.

¡No permitamos que miles de mujeres vivan con miedo a ser libres!

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