
Por Misael Lachapel
l metro fue concebido por el expresidente Leonel Fernández como una respuesta a uno de los mayores problemas del Gran Santo Domingo y el Distrito Nacional por el caos del tránsito, el alto costo del transporte y la pérdida constante de tiempo en los tapones interminables.
Durante años, los parqueos del metro han sido un gran aliado para nuestra gente. Las personas dejaban su vehículo y continuaban su trayecto en el metro, lo que ayudaba considerablemente a reducir gastos de combustible y a ahorrar tiempo. Pero de un día para otro nos llevamos la sorpresa de que les quitaron el acceso a los parqueos de la parada Ercilia Pepín. En este momento en que más urge ahorrar combustible, los residentes de esa zona se ven obligados a movilizarse en sus vehículos, lo que aumenta el consumo de gasolina, les roba más tiempo en el trayecto y le cuesta más divisas al país.
Al parecer, todo en este gobierno resulta ser una contradicción. No logro entender cómo, mientras desde el gobierno central se promueve el uso del metro y el transporte público como alternativa para mejorar la movilidad, se eliminan las condiciones que hacen posible que muchos ciudadanos puedan usarlo de manera práctica, segura y reducir el impacto de los precios del petróleo agravados por el conflicto en Irán
Esos parqueos son el puente entre la realidad económica de nuestra gente y la solución que representa el metro. Cerrar ese espacio no es solo una medida administrativa, también es romper una dinámica que ayudaba a la gente a economizar, a organizarse y a enfrentar el alto costo de la vida.
El cierre al público se pretende justificar con que esos parqueos fueron destinados al uso exclusivo de los empleados, argumento que no tiene ningún sentido. Lo razonable sería reservar algunos espacios para el personal y permitir que el resto esté disponible para los usuarios. Se trata de entender que la ciudad no puede organizarse olvidando a quienes la sostienen día a día.
El metro fue concebido como una solución colectiva. Pero decisiones como esta convierten una obra tan importante en parte del problema: y nuestra gente tiene ahora que dejar sus vehículos desprotegidos en la calle, esos carros que han comprado con tanto esfuerzo o salir en hora pico a consumir el combustible que el propio gobierno pide ahorrar. No es justo pedirles sacrificio a los ciudadanos y al mismo tiempo quitarles las herramientas para cumplir con ese ahorro.
La buena noticia es que aún estamos a tiempo de corregir. Por eso, de manera respetuosa y constructiva, le pido a la OPRET que reconsidere esta decisión y tome las medidas correctivas necesarias: aquellas que puedan beneficiar a nuestra gente y, al mismo tiempo, apoyar al gobierno en este momento de crisis global.
