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Crisis económica nacional Vs. crisis psicológica familiar

Por Adán Bodden
En décadas pasadas era frecuente que cierto Estado poderoso creara «guerras militares» en países pobres, (República Dominicana sufrió dos de esas) con el objetivo de airear las posibilidades de entrar en estos territorios, y así, poder «mover» sus productos de la industria de la guerra y a la vez explotar los recursos naturales de dichas naciones.

Hoy, las crisis ya no son como producto de las invasiones militares. Ahora son «guerras económicas» en sí. Con estas, la economía no afecta a pocos países, sino a todos, libres y soberanos, pobres y ricos, grandes y pequeños.

En estos momentos, esta crisis o guerra económica está llevando a la galopante alza de los precios de productos y servicios.

Por ejemplo, los grandes países exportadores tienen sus muelles repletos de furgones, ya que han elevado exhorbitantemente el precio de salida de dichos contenedores, y como consecuencia, la escasez de todo tipo de mercancías es frecuente en los demás territorios.

Existen muchas otras razones internas y externas en esta «guerra económica», que en esto meses está liderada por las grandes compañías farmacéuticas.

En vista de que estas líneas van más dirigidas a las consecuencias en la gente común, que a una «cátedra de economía», nos permitimos exponer que con frecuencia se divulga por todos los medios masivos de comunicación las cifras de la inflación, del alza de los precios, de la escasez de los productos, de las quejas de productores agropecuarios y de los consumidores, pero, hasta ahí; normalmente, eso «suena hueco» en el oído de la gente común, porque no son especialistas en la ciencia de la economía.

Donde sí la población entiende es cuando esas situaciones económicas se reflejan en su bolsillo.

En el día de hoy, todos los productos de la construcción y de ferretería se han elevado; en los comestibles de todo tipo, ahí es que «la puerca retuerce el rabo»; el costo del pasaje en el transporte público de pasajeros y de mercancías, no se queda atrás; las tiendas de ropas, calzados, materiales de oficina, escolares y electrodomésticos ya no soportan más aumento, del precio de los combustibles, sólo nos queda recordar que el actual ministro de Industria y Comercio, en campaña electoral presentó la fórmula para abaratar dichos precios, pero al parecer, se le olvidó, porque esto están por las nubes.

EL CUERPO ESTÁ AQUÍ Y LA CABEZA EN LA CASA y EL QUE SE CASA, CASA QUIERE, dicen popularmente los dominicanos.

Se sabe que los padres son los responsables de suplir las necesidades de la familia, pero, con esta carestía, los progenitores están que «pegan el grito al cielo».  Si no tienen vivienda propia, deben pagar alquiler o al banco; también, energía eléctrica, teléfono, transporte, comprar agua potable, alimentos, vestimentas, calzados. ¿Y los escolares? Materiales, merienda, equipos, y, si no es escuela pública, mensualidades al colegio y/o universidad.

Con sueldos deprimidos, los padres tienen que hacer malabares para cada mes: pagar a unos y el mes siguiente, pagar a otros. Adán Bodden

Es por estas estrecheces económicas que con frecuencia aparecen disgustos en los hogares, al no poderse satisfacer las necesidades básicas. El padre no admite estas carencias, lo que le produce irritabilidad. Por igual, a la madre. Los hijos exigen y a los padres no les alcanzan las magras entradas económicas, produciendo frecuentes choques entre la pareja o con los vástagos.

Esta tensión psicológica familiar, lleva a situaciones muy difíciles en el ambiente hogareño: los padres se faltan el respeto o le faltan a los hijos o vice versa, convirtiéndose en un círculo vicioso degenerativo.

En muchos hogares estas crisis psicológicas llegan hasta a la tragedia. Tenemos los hogares infuncionales, madres que son jefa del hogar, desavenencias, hasta llevar a muchas adolescentes a cometer el disparate de involucrarse íntimamente con hombres mayores por dádivas monetaria u objetos y a crear pareja cuando su cuerpo no ha terminado los escalones de su frágil desarrollo corporal, mental y de formación integral. Sin estos tres elementos no saben cómo desenvolverse en esa nueva vida forzosa. Otros van al camino de los «callejones sin salidas» de los vicios.

Cuando papá y mamá no tienen la suficiente madurez y la experiencia para lidiar con estas situaciones de bajos salarios, alza del costo para adquirir productos y servicios basicos, cumplir compromisos de estudios de los hijos, luchando en una sociedad que los abruma por el consumismo, estos padres caen en la «trampa psicológica de la tensión o stress». Situaciones que destruyen hogares y relaciones familiares, desviando adolescentes y jóvenes, iniciando el camino del alcoholismo, la drogadicción, la delincuencia, de los abusos sexuales, del homicidio, del suicidio, y, en definitiva, la pérdida de valores morales.

El padre irrespeta a la madre o vice versa, creando una imagen distorsionada en la formación y al futuro de sus hijos; también, esta tensión provoca el irrespeto de los hijos hacia sus progenitores y entre hermanos.

Esto ya es el caos familiar provocado por «situaciones materiales de existencia», por una sociedad de antivalores, del consumismo, de la desesperación y del que «sálvese quien pueda», donde «el que nada tiene, nada vale».  Creando una muchedumbres elementos con «cerebros sin amueblar», que se dejan arrastrar por los más vivos, como «caña pa’l ingenio». Que no piensen, que no razonen, que no cuestionen el estado de deterioro social. Adán Bodden

Estás crisis económicas, generalmente, son creadas con el objetivo de que los «tutumpotes puedan pescar en río revuelto de los incautos hijos de machepa». En donde una mayoría de hogares dislocados, su papel es producir «elementos proclives a todo tipo de fechorías». La distorsión en los planes educativos, la profusa difusión de antivalores, la escandalosa bulla llamada música, con la falta de letras y la abundancia de gestos que rayan en la indecencia, la falta de que las autoridades apliquen las reglamentaciones y un interminable etcétera de faltas, hacen de esta crisis que cada hogar sea un nido de un futuro incierto para nuestros jóvenes y para la Patria en su conjunto.

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