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“Cuando te toca, te toca”…les comento y les muestro el vídeo de cómo fui perseguido y cercado por desconocidos en la Av. Ecológica

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Actualizado el: 26 noviembre, 2020 - 11:34 PM (-04:00)

Por Robert Vargas
Ayer, a pleno sol y en el carril del centro de la avenida Ecológica, en Santo Domingo Este, viví la experiencia de quien, por unos segundos, siente que será asesinado o desaparecido sin dejar rastros.

Todo lo ocurrido fue captado en vídeo por mi cámara de seguridad y se lo muestro a Ustedes, los lectores de Ciudad Oriental, para que tengan una idea aproximada de cómo actúan las pandillas en esa y otras avenidas.

Dicen por ahí que “cuando te toca, te toca”. Ayer “no me tocó”, pero creí que era el final.

No dejen de ver el vídeo, pero, para quienes no tienen tiempo de verlo les narro lo que sucedió.

Tras cubrir las incidencias del desalojo masivo en Los Farallones, detrás del hipódromo V Centenario, decidí regresar a la redacción de este portal.

Como era poco más de las 11:00 AM, opté por regresar por la Avenida Ecológica, y no por la autopista Las Américas.

Ingresé a la avenida Ecológica desde el lado del hipódromo. Es la segunda vez que ingreso a esa avenida por ese lugar desde que la inauguró el ex presidente Danilo Medina.

Nada perturbaba el viaje de retorno.

La vía estaba despejada. El sol caía “a plomo”. Estaba radiante.

Sin embargo, poco después de ingresar a la avenida Ecológica, en dirección Este-Oeste, observé a un grupo de hombres que se desplazaban en dos vehículos y varios motocicletas, que estaban mirando hacia una ladera y a lo lejos me pareció ver algún forcejeo con uno de ellos.

Al pasar por su lado y evitar chocar al conductor de uno de los vehículos, que se desmontaba, reduje ligeramente la velocidad de mi automóvil, y continué la marcha hacia el Oeste.

Pero, varios cientos de metros más adelante, observo que un vehículo se me aproxima en forma agresiva por el lado derecho, como si pretendiera “empujarme”.

Ante esa situación, y para evitar un choque, miro por el espejo retrovisor a mi izquierda, para cruzar al carril del extremo izquierdo y dejar que el agresivo conductor de la derecha me rebase.

Sin embargo, al observar por el retrovisor, me percato que no puedo girar a la izquierda porque tengo junto a mi puerta otro automóvil y un varios motociclistas.

Todos, al mismo tiempo, me gritaban que me detuviera y que bajara los vidrios en tono amenazante y alguno con las manos debajo de la camisa.

-“Me llegó el momento”, fue lo que pensé.

Aunque tenía por delante la avenida completa para poder intentar “escapar”, calculé que la unidad móvil en la que yo iba apenas tiene tres cilindros, por tanto, no podría escapar a una persecución de todos los motoristas los vehículos, probablemente de seis cilindros y con mayor capacidad de alcanzar una alta velocidad en poco tiempo.

En esas circunstancias, con el motor encendido y el pie en el acelerador, accedí a bajar primero el cristal izquierdo donde estaba uno de los motoristas en postura más agresiva.

Luego, bajé el derecho, donde estaba el vehículo gris, casi pegado a mi puerta. En ese vehículo gris iba quien parecía ser el líder del grupo.

Mientras me detuve, en pocos segundos, al menos tres motocicletas con dos hombres cada uno, se colocaron delante de mi y detrás habían un par más.

-“Me toca”, volví a pensar.

Pero ocurrió lo inesperado: al bajar el cristal derecho, el hombre que parecía ser el líder, me observó y le dijo al resto:

“Dénjelo ir.  Ese no tiene nada que ver”.

No se a qué se refería, pero le escuché a uno de ellos decir que habían tenido “un problema con un tipo” un poco detrás, vale decir donde estaban todos reunidos junto al risco.

Tras recibir la orden, el grupo se marchó y yo pude avanzar. Varios cientos de metros más adelante, llamé al Director Regional de la Policía Nacional, en SDE, general Máximo Aybar, a quien le informé de lo que acababa de suceder.

El oficial envió una nutrida patrulla al lugar donde estaban todos reunidos para ver si habían lanzado “al tipo” que mencionó uno de ellos.

Cuando conversé sobre el incidente con Cinthia, mi esposa y compañera de trabajo en el portal, ella, visiblemente nerviosa, me dijo:

-“¿Qué tu pensaste en ese momento?”.

-“Que me asesinarían o desaparecerían sin saber porqué?”.

Entonces entendí mejor cómo es que en República Dominicana algunas personas “desaparecen” sin dejar rastros o son asaltadas o asesinadas en cualquier lugar.

En definitiva, creo que el grupo “no estaba puesto para mí” y su objetivo, quizás, era otra persona.

Si hubieran querido, allí mismo “me hacen pipián” ante la mirada de todos los conductores que quedaron detrás y no entendían lo que ocurría ante sus propias narices.

Les comento todo esto para animarlos a hacer más extremas las medidas de precaución personal. La criminalidad y la delincuencia toca cualquier día a las puertas de cualquiera, sin distinción de personas.

Hoy es otro día. Vamos a disfrutarlo como si se tratara del último.

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