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Explica los motivos por los cuales el 2020 no fue peor

Por Roberto Rodríguez Marchena
Dominicanos y dominicanas recibimos el año 2021 con incertidumbre y malestar, pero también con muchas ganas y muy conscientes de nuestro derecho a prosperar, gozar de salud y vivir en bienestar.

2020 fue un año complicado, agotador, doloroso y difícil. Mortificados por el confinamiento, contagio, desempleo, quiebra de negocios y el cambio brusco en la manera de relacionarnos, de trabajar y comunicarnos.

Por fortuna, tuvimos Internet, la ciencia y ánimo de vivir.

Pero, pudo haber sido peor.

No lo fue por la economía diversa que es la dominicana; los buenos últimos años que nos aportaron resiliencia; los programas Quédate en Casa, FASE 1 y 2 y Pa’ Ti; el crecimiento de las remesas (bondad de los dominicanos en el exterior).

Igualmente, la fortaleza de la producción agropecuaria (seguridad alimentaria de 85 %); la pronta y eficaz respuesta epidemiológica desde el Ministerio de Salud y la coordinación interinstitucional desde Presidencia y la heroica labor de médicos y enfermeras.

Lo vivido enseña muchas cosas. Entre ellas, que se hace necesario ponernos a cultivar -cuanto antes mejor, una relación más cariñosa con la naturaleza y solidaria con nosotros mismos. ¡El planeta es uno solo y una, también, la humanidad!

Hemos ido aprendiendo en estos meses a ser más higiénicos, la importancia de alimentarnos mejor y ejercitarnos para evitar sobrepeso e hipertensión; a serenar el consumismo y la necesidad urgente de un servicio nacional de salud aún más fuerte, competente y resolutivo.

Confirmamos, por si alguna duda había, que Internet no es lujo, sino necesidad; que la big data y la ciencia son aliados certeros y la protección del contagio, responsabilidad colectiva, no individual.

En medio del dolor por la quiebra de empresas, de la destrucción de empleos y de ansiedad por facilidades crediticias y fiscales para las empresas y de ayudas a las familias en necesidad, lamentamos no tener un Estado más fuerte, mejor organizado y con mayor capacidad resolutiva.

La desobediencia temeraria de ricos y pobres a las medidas sanitarias en el prolongado confinamiento, plantea un desafío cultural y político al Estado de construir más comunidad y disciplina desde la autoridad que emana de decir siempre la verdad y de un plan bien comunicado.

Descubrimos las bondades del teletrabajo protegidos en el hogar; a Instagram para salvar o iniciar microempresas desde casa; a Zoom para clases y reuniones puntuales y precisas y que las redes sociales y otras herramientas digitales es el medio de comunicación de estos tiempos.

“Ya no será igual”, nos apresuramos en decir, para tranquilizarnos de que aquella normalidad individualista, caótica y depredadora no será restaurada, sin tener muy claro estrategias y acciones como asegurarlo.

¿Nos creeremos que la COVID-19 ha sido un susto pasajero nada más?

Aunque hay un estimado de daños, de ganadores y perdedores con la pandemia, un hecho cierto es que el presente podría llegar a ser aún peor si no actuamos responsablemente.
Los tiempos de dificultad exigen siempre serenidad y creatividad, unidad, voluntad y humanidad.

Abro la reflexión.

Tú, ¿qué dices, qué propones?

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