
Por Neufris Pérez Volquez /Miradita
Se ha visto con frecuencia personas caminando por las calles de las fronteras con la tristeza de tener el sol para calentar su piel, el aire para respirar y el Mar para saborear lo salada que ha sido su vida, y de repente lo nombran en un Consulado de la frontera y dan un cambio inesperado.
Estas personas por arte de magia como si se tratara de Aladino el genio de la lampara, se transforman en personas poderosamente ricas, y en seguida exhiben grandes propiedades.
Estos pueblos pobres fronterizos colindan con la extrema pobreza de Haití y sin embargo al parecer son océanos de riquezas para esos funcionarios.
Es mejor ser Consul de una de estas fronteras que ser presidente de la República, debido a que no se le cuestionan esos cambios exhorbitantes de la pobreza a la riqueza.
Este proceder incentiva a buscar esos codiciados puestos para tener el cambio económico que con sacrificio y honestidad es imposible alcanzar.
Estas son lentejas ó las tomas ó las dejas.
La vida es muy corta, vivela sin dañar.
